En Durango, la problemática de la basura va más allá de la falta de cultura para separar residuos orgánicos e inorgánicos. A esta carencia se suma el deplorable estado de los botes públicos, muchos de los cuales se encuentran inservibles, oxidados y peligrosos, como el que se observa en la imagen.
El cesto metálico, ubicado al exterior de un jardín de niños y muy cerca de la zona de hospitales, presenta lámina corroída, bordes filosos y perforaciones, lo que no solo impide su función básica de contención de residuos, sino que representa un riesgo directo para transeúntes, especialmente niñas y niños que transitan diariamente por el lugar.
Además de ser un foco de insalubridad, este tipo de infraestructura urbana deteriorada evidencia una falta de mantenimiento y supervisión por parte de las autoridades responsables. En una zona sensible, donde convergen familias, personal médico y pacientes, la seguridad debería ser prioritaria.
Vecinos y ciudadanos hacen un llamado a las instancias correspondientes para retirar o reemplazar de inmediato estos botes, instalar contenedores seguros y funcionales, y reforzar campañas de educación ambiental. De poco sirve pedir a la población que cuide la ciudad si los propios espacios públicos no cumplen condiciones mínimas de seguridad y utilidad.
La limpieza urbana no solo es un tema de imagen: es salud pública, prevención de accidentes y responsabilidad compartida.
