Álvaro Sanjuán
Sin duda, Carlos Herrera puede ser considerado el último de los políticos del PRI en Durango, como él mismo lo decía refiriéndose a su partido: “yo soy de los priistas que no me volteo ni en la cama”. Pero no solo eso, fue también, un cacique al más puro estilo de Gonzalo N. Santos en San Luis Potosí, pero como dijo el poeta: ¡qué cosas tiene la vida Mariana! Hoy, el imperio político caciquil y económico de esa familia, parece que ha llegado a su fin, y este pudo haber comenzado, cuando Ismael Hernández Deras le ganó la candidatura al gobierno del Estado.
Pedro Páramo el personaje de la novela del escritor Juan Rulfo, dijo: “Comala se morirá sin mí” y Carlos Herrera fue el Pedro Páramo de la Laguna. Maximiliano Silerio Esparza, fue el autor intelectual de la derrota de Carlos Herrera, ese fue el principio del fin del cacique de la Laguna. Por un tiempo, su hija Leticia Herrera pudo con el legado de su padre, intentó ser gobernadora pero cuando culpó de la muerte de Don Carlos quienes en ese momento gobernaban, en ese instante escribió su epitafio. Y así, aunque tuvo poder político Leticia Herrera sin el de su padre, el declive vino de manera natural, y ahora ese poder de la familia Herrera, hace unos días, Ernesto Herrera también conocido como el “el Güino” se encargó de ponerle el último clavo al ataúd de la otrora poderosa familia Herrera. Durante algún tiempo, los del PRI y los del PAN, lo protegían por ser sobrino de Leticia Herrera. Para muestra basta un botón, los demás a la camisa: todavía, no hace mucho, se tomaban fotografías en las redes sociales con el Güino la crema y nata del priismo local, empezando por el gobernador Esteban Villegas. Pero claro, en este momento el Güino ha caído en desgracia aquellas y aquellos que fueron sus amigas o amigos y hasta sus cómplices, hoy como San Pedro que negó a Cristo, ellos lo niegan también. Ernesto N., hoy vinculado a proceso está viviendo en carne propia el olvido y la indiferencia de aquellas y aquellos como diría Martín Urieta en su canción: “a los que ahí me pusieron en un pedestal, a los que me quisieron allá cuando tuve familia y hogar, a los que me olvidaron apenas mi estrella dejó de brillar…”.
Con el caso del Güino se demuestra una vez, que las políticas y los políticos no tienen amigos, solo intereses y negocios. ¿Estarán pagando la defensa del Güino las amigas y amigos de Lety Herrera? Seguramente la señora ya se dio cuenta, que solo existen las amigas y los amigos cuando se tiene y se ejerce el poder. Pero también, las y los priistas deben de verse en el espejo del Güino, algunas y algunos ya están en la mira y que mejor que recordarles: ¡los carniceros de hoy serán las reses del mañana!

