¿La alerta llegó demasiado tarde? Guanaceví ya lloraba tres muertos

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Guanaceví, Dgo.- La lluvia estaba pronosticada. El riesgo existía. El río creció en cuestión de minutos. Tres personas murieron.

Y ahora, después de la tragedia ocurrida el sábado 26 de septiembre en Guanaceví, queda una pregunta que las autoridades tendrán que responder: ¿la población fue advertida con suficiente anticipación del peligro que representaban los ríos y arroyos de la región?

La creciente repentina del afluente que atraviesa la cabecera municipal terminó arrastrando varios vehículos. En una camioneta Jeep Grand Cherokee blanca viajaban personas que quedaron atrapadas ante la fuerza del agua.

Este domingo fueron localizados los cuerpos de tres víctimas. Entre ellas fueron identificados Arnulfo Vega Amado, de 36 años, y Katia Alejandra Cervantes, de 24 años; la identidad de la tercera persona no había sido difundida inicialmente.

Las imágenes de la camioneta siendo arrastrada por la corriente circularon rápidamente y mostraron la dimensión de una emergencia que, en cuestión de minutos, pasó de una lluvia intensa a una tragedia.

La lluvia sí estaba prevista

Y aquí comienza la parte que merece revisión.

Desde la mañana del sábado, la Coordinación Nacional de Protección Civil había realizado un llamado a tomar precauciones por lluvias fuertes en distintas entidades del país, entre ellas Durango.

Es decir, existía información meteorológica que advertía condiciones adversas.

Sin embargo, una cosa es informar que “va a llover” y otra muy distinta advertirle directamente a una comunidad serrana que un arroyo puede crecer repentinamente, que determinados cruces representan peligro y que no deben ser utilizados.

La creciente en Guanaceví fue reportada poco después de las 18:00 horas del sábado, después de las precipitaciones registradas en municipios de la sierra y las quebradas.

Fue después de la emergencia cuando Protección Civil pidió expresamente a la ciudadanía mantenerse alejada del río y evitar cruzar ríos y arroyos ante crecientes y lluvias intensas.

Ahí está precisamente el cuestionamiento.

¿La prevención llegó antes o después de la emergencia?

No se trata de afirmar que una alerta hubiera garantizado que la tragedia no ocurriera. Tampoco sería responsable asegurar, sin una investigación, que las muertes fueron consecuencia directa de una omisión oficial.

Pero sí corresponde preguntar qué mecanismos preventivos se activaron antes de que el agua arrastrara vehículos.

¿Hubo advertencias específicas para los habitantes de Guanaceví?

¿Se cerraron oportunamente los cruces considerados peligrosos?

¿Había personal impidiendo el paso?

¿Existía señalización?

¿Se difundieron avisos mediante Protección Civil Municipal, Seguridad Pública, perifoneo, redes sociales u otros medios locales antes de la creciente?

¿A qué hora se detectó que las lluvias en las partes altas podían provocar escurrimientos peligrosos hacia la cabecera municipal?

Esas preguntas importan porque Protección Civil no solamente entra en acción cuando ocurre una emergencia. Una de sus funciones fundamentales es precisamente la prevención.

Tres personas ya no regresaron a casa

El sábado por la tarde, la fuerza de la corriente arrastró vehículos ante la mirada de habitantes que incluso lograron grabar algunos momentos.

Corporaciones municipales y estatales desplegaron posteriormente un operativo de búsqueda, al que se sumaron elementos del Ejército Mexicano, voluntarios, habitantes y trabajadores de una empresa minera.

La mañana del domingo llegó la noticia que nadie quería escuchar: las tres personas buscadas fueron localizadas sin vida.

Las autoridades reiteraron entonces el llamado a no introducirse ni intentar cruzar corrientes de agua durante una creciente.

La recomendación es correcta y debe difundirse.

Pero después de tres muertes también resulta válido hacer otra pregunta:

¿por qué una advertencia de ese nivel no llegó con la misma fuerza antes de que ocurriera la tragedia?

Pronosticar lluvia no es lo mismo que advertir peligro

Guanaceví está en una región donde la geografía puede provocar que precipitaciones registradas kilómetros arriba terminen convertidas rápidamente en escurrimientos y crecientes.

Por eso una alerta verdaderamente preventiva no debería limitarse a decir que habrá lluvias.

Debe traducirse en acciones concretas cuando el riesgo lo amerite: identificar puntos peligrosos, restringir cruces, informar directamente a comunidades y advertir claramente que una corriente aparentemente transitable puede convertirse en cuestión de minutos en una trampa.

Lo ocurrido este fin de semana deberá servir también para revisar los protocolos de prevención.

Porque las alertas tienen mayor utilidad antes de la emergencia, no cuando los videos de la tragedia ya circulan en redes sociales.

Hoy Guanaceví despide a tres personas.

Además del duelo y de las labores realizadas para recuperar sus cuerpos, queda pendiente conocer la cronología completa de la actuación oficial: qué sabían las autoridades, a qué hora lo supieron, qué avisos emitieron y qué acciones preventivas realizaron antes de la creciente.

Esa información permitirá determinar si se hizo todo lo que estaba al alcance para reducir el riesgo.

Porque después de una tragedia, advertir es necesario.

Pero prevenir siempre será más importante.

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