Hay días en que necesitas fuerza, otros una respuesta… y otros, simplemente, saber que no caminas solo

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Este 29 de septiembre, la Iglesia católica celebra a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Sus nombres nos recuerdan tres formas en que Dios acompaña la vida: nos fortalece, nos habla y camina con nosotros.

A veces uno quisiera que la ayuda de Dios llegara con una señal imposible de confundir. Pero, en medio de una preocupación, puede llegar como la fuerza para levantarse de la cama. O como las palabras que alguien nos dice justo cuando más las necesitábamos. O como esa compañía que vuelve un poco menos pesado el camino.

La fe nos invita a reconocer a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael como mensajeros de Dios. Cada uno aparece en la Escritura con una misión distinta, y quizá por eso su fiesta también nos permite mirar lo que estamos viviendo y ponerle nombre a nuestra oración.

San Miguel es recordado como defensor frente al mal. Podemos acudir a él cuando el miedo nos roba la paz, cuando una decisión exige valentía o cuando sentimos que las dificultades nos superan. Su presencia, para quien vive la fe, puede sentirse en ese ánimo inesperado que nos ayuda a resistir, a proteger a los nuestros y a seguir haciendo lo correcto aun en días difíciles. Dios nos recuerda a través de Miguel que podemos pedir fortaleza para dar la batalla de cada día.

San Gabriel es el mensajero del anuncio. Fue él quien llevó a María una noticia que cambiaría su vida. Por eso podemos pensar en Gabriel cuando esperamos una respuesta, cuando no sabemos cómo recibir un cambio o cuando necesitamos escuchar con más claridad lo que Dios nos pide. A veces su mensaje parece llegar a través de una conversación, de una palabra que toca el corazón o de la serenidad necesaria para decir: “Aquí estoy”, incluso sin conocer todo lo que vendrá.

San Rafael acompaña el camino de Tobías en el relato bíblico y está unido a la sanación. Su nombre puede estar presente en la oración de quien enfrenta una enfermedad, cuida a un ser querido, emprende un viaje o intenta sanar una herida que nadie ve. Rafael nos recuerda que Dios también se ocupa del trayecto: de los pasos inciertos, del cansancio y de la esperanza que necesita tiempo para volver.

No todos vivimos la fe de la misma manera. Hay quien hoy dará gracias; hay quien pedirá ayuda con urgencia; y hay quien apenas podrá decir unas palabras entre lágrimas. Para todos puede haber una oración sencilla: San Miguel, ayúdame a ser fuerte. San Gabriel, ayúdame a escuchar. San Rafael, acompáñame a sanar.

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