Hay días en los que las preocupaciones pesan, el cansancio nos alcanza y sentimos que las fuerzas ya no bastan. Pero incluso entonces, el amor de Dios permanece.
Él no nos pide encajar en las expectativas de los demás para amarnos. Nos ama porque somos sus hijos, con nuestra historia, nuestras diferencias y nuestras necesidades.
Una persona con autismo merece respeto, oportunidades y amor, sin condiciones. Su dignidad no depende de cuánto habla, de cómo aprende o de cómo expresa lo que siente. Cada vida tiene un valor inmenso.
Y a las madres, padres, hermanos, maestros y cuidadores que acompañan: su cansancio también merece comprensión. Ustedes necesitan apoyo, descanso y alguien que les pregunte cómo están. Dejarse ayudar también es una forma de cuidar.
Jesús nos dejó esta promesa:
«Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo».
— Mateo 28,20
🙏 Señor, enséñanos a comprender antes de juzgar, a escuchar con paciencia y a hacer espacio para todos. Que nuestra fe se convierta en acciones de respeto, inclusión y amor. Cuando las fuerzas falten, ayúdanos a encontrar apoyo y recuérdanos que no caminamos solos. Amén.
Que nadie tenga que cambiar quien es para sentirse digno de amor. 🤍
