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A 20 años del ascenso

El sábado 5 de junio de 1999 Alacranes de Durango venció a Potros Marte y obtuvo el boleto a la Primera División “A”

Por Ociel Saucedo

Este miércoles 5 de junio se cumplen 20 años de aquella hazaña histórica en el estadio Francisco Zarco Mateos, cuando el conjunto de Alacranes de Durango consiguió vencer en una vibrante final al Potros Marte con marcador global de 4 goles a 3, siendo el tanto de Bogar Lizárraga en los minutos finales el que terminó por inclinar la balanza en favor de los venenosos.

De esta forma Durango se coronó por segunda ocasión consecutiva en la Segunda División Profesional y consiguió el ascenso a la antesala del máximo circuito del futbol mexicano, entonces conocida como Primera División “A”.

Aquel equipo mantuvo un intenso romance con la afición duranguense durante los 2 años que militó en la Segunda División, siendo la victoria ante el Marte el recuerdo más emblemático de este vínculo.

El Club Alacranes de Durango se componía de jugadores duranguenses y elementos foráneos de mucha calidad, muy bien dirigidos por un ícono del americanismo y el futbol mexicano como Mario Pérez, quien supo formar un grupo ganador.

Sin embargo, aquella calurosa noche de junio ningún aficionado se imaginaba que tras conseguir el ascenso, el equipo se desintegraría en todas sus líneas, incluso en la dirigencia, y solo unos cuantos jugadores permanecerían en la plantilla que en los meses siguientes compitió en la Primera División “A”.

El Periódico Contacto Hoy se dio a la tarea de contactar a los protagonistas de aquella final para que den su versión de los hechos, no solo de lo sucedido durante aquel frenético partido ante el Marte, sino también de los capítulos previos y posteriores de esta hermosa leyenda del deporte duranguense.

Orígenes

Para entender lo que eran aquellos Alacranes de Durango y el impacto que tuvieron en la afición, es necesario remontarse a su origen.

Fue un 7 de Mayo de 1997 cuando el Ing. Héctor Ricalday Quiroga (QEPD) Presidente Fundador del equipo, quien figuraba como Secretario de Obras Publicas en el Estado durante la gestión de Maximiliano Silerio Esparza, partió a las oficinas de la Federación Mexicana de Futbol en la Ciudad de México, esto con el fin de ultimar detalles sobre la mudanza del equipo Pioneros de Cancún a la ciudad de Durango, hecho que se concretó mediante un arreglo entre los gobiernos de Quintana Roo y Durango.

El viaje lo realizó acompañado de su hijo Lic. Héctor Ricalday Siqueiros, quien a la postre se convertiría en el Gerente General del equipo y Director de Fuerzas Básicas, y en esta publicación él mismo cuenta lo sucedido en aquella visita.

“Llegamos temprano a un edificio ubicado en la calle Abraham González de la Ciudad de México. Era un lugar rústico con muebles de madera, nada que ver con las nuevas instalaciones de la federación. Nos dirigimos con los señores Jesús Galindo Zárate, Jesús Gallegos y José Vázquez, máximos dirigentes de la Segunda División Profesional en aquellos años.

Ese día se hizo el trato, se pactó el nombre del equipo y la sede, incluso se eligieron los colores verde y blanco tan característicos de Durango. La federación nos dio una lista de entrenadores disponibles, entre ellos figuraban grandes leyendas del Club América, equipo al que mi padre y yo seguimos desde siempre, por esta razón nos fijamos en Mario Pérez, a quien yo recordaba como auxiliar de entrenadores como Carlos Reynoso, Jorge Vieira y el “Zurdo” López, en los años gloriosos del americanismo.

Arreglamos una entrevista con él en el Hotel Casa Blanca de la Ciudad de México. Al llegar al recinto no lo pude reconocer, ya que aun tenía en la mente aquel recuerdo del “Pichojos” con su cabellera larga y una barba en abundancia. En cambio vi a un señor grande de edad con cabello corto, con bigote pero sin barba. Afortunadamente mi padre sí lo reconoció a la primera.

Nos arreglamos en media hora, el “Pichojos” solo pidió como condición que le pusiéramos una casa, auto y sueldo de entrenador. Se le preguntó acerca de su forma de jugar, esto lo hicimos solamente en plan de aficionados, porque éramos novatos en el futbol y no sabíamos mucho del negocio. Él pidió un tiempo de 15 días para afinar los detalles de su traslado a la ciudad de Durango y para el 14 de mayo ya estaba cumpliendo su primer entrenamiento al frente del equipo.

En esa visita también conseguimos que José Vázquez decidiera apoyarnos con el proyecto, de modo que a la par de sus funciones en la federación tomó la Vicepresidencia del equipo. Él fue parte vital para años después conseguir el ascenso. En la actualidad “Pepe” es el Presidente de la Segunda División Profesional”.

Para integrar la plantilla nos asesoramos con gente de experiencia en el futbol duranguense como Jesús Velázquez, David Calderón (QEPD) y el “Camacán” Simental, para que nos ayudaran a convocar y entrenar jugadores, en base a esto llegaron jóvenes como Bogar Lizárraga y el “Huevo” Sosa, entre otros, con ellos se comenzó a trabajar.

Sabíamos que era arriesgado poner a un equipo de jugadores sin experiencia a competir en el futbol profesional, es por eso que se contempló traer elementos de fuera. José Vázquez y Mario “Pichojos” Pérez fueron claves para contactarlos y convencerlos de jugar con nosotros.

Ya teníamos el equipo en plena formación, pero faltaba por definir el horario en que se jugaría como local y el nombre. Lo primero no fue difícil, ya que en los partidos de preparación las mejores entradas se dieron en horario nocturno, para ser más precisos a las 20:30 horas y en día viernes. Lo segundo sí lo fue, ya que en base a un sondeo la afición pedía que el equipo se nombrara Alacranes de Durango, pero no era posible hacerlo de manera oficial, debido a que este mote ya tenía un propietario. Al final decidimos nombrar de manera oficial al equipo como “Club Camineros de Durango”, lo de camineros se debe al medio en que se desempeñaba mi padre en el Gobierno del Estado, además fue un término muy ligado al sexenio de Maximiliano Silerio Esparza. No obstante, para la afición el equipo sería conocido como Alacranes de Durango, haciendo caso a su sentir.

Desde que comenzó la temporada regular del Invierno 1997 el equipo encontró el cobijo de la afición. Cada viernes por la noche acudían más de 10 mil aficionados para ver ganar a su equipo. Hasta cierto punto se trataba de un fenómeno positivo para la sociedad, ya que la Dirección Municipal de Seguridad Pública nos indicaba que el índice de criminalidad bajaba las noches de los juegos.

Al proyecto se unieron varios patrocinadores, quienes aportaron sumas importantes para financiar al equipo, aunado al apoyo del gobierno estatal y lo recaudado por concepto de venta de artículos deportivos y el boletaje”.

El camino al ascenso

Cabe señalar que apenas en su primera campaña el conjunto de Alacranes logró abrirse paso hasta la gran final, cayendo en aquella ocasión con el Zitácuaro de Michoacán, quien se coronó tras ganar el duelo decisivo en casa con un marcador de 3-1.

Sin embargo, el ánimo nunca decayó en el equipo y justo un año después, ya con una plantilla reforzada, se dio la oportunidad del desquite ante el Zitácuaro. Era la gran final del Torneo de Invierno 1998. Tras haber igualado en la ida, los venenosos ganaron en la vuelta por la mínima diferencia gracias al tanto solitario de Rivelino Robles, ante una afición duranguense eufórica que vio a los suyos dar la vuelta olímpica en el Zarco.

“Nunca se me olvida ese momento, teníamos el triunfo en las manos, afortunadamente me tocó meter el gol de la victoria”, indica Rivelino Robles, evocando aquella noche de pasión y gloria.

Este campeonato abrió las puertas para un eventual ascenso a la Primera División “A”, ya que aseguraba jugar la serie final ante el campeón del torneo siguiente, denominado Torneo de Verano 1999.

Los Alacranes llegaron a ese certamen con el compromiso de repetir como monarcas y ascender de forma directa. Es por eso que desde las primeras jornadas el equipo se aplicó a fondo y con buenos resultados logró llegar a la liguilla y de ahí a la gran final, donde su rival sería en esta ocasión el Potros Marte, quien contaba con una platilla plagada de jugadores de mucha experiencia, algunos incluso con roce en el máximo circuito.

Potros Marte, un hueso duro de roer

El partido de ida se realizó un miércoles 2 de junio en la ciudad de Cuernavaca, Morelos. Los Alacranes llegaron con la idea de sacar un buen resultado para afrontar la vuelta con tranquilidad. Sin embargo, los Potros sacaron provecho de la localía y ganaron con marcador de 2 goles a 0, dejando herido de muerte al conjunto duranguense.

“Siempre planteamos los partidos de forma ofensiva donde quiera que nos paramos y en la final de ida no fue la excepción, pero un par de descuidos le dio la oportunidad al equipo contrario de ponerse en ventaja”, señala Mario “Pichojos” Pérez, al recordar ese encuentro.

“Fue algo terrible presenciar aquella derrota en Cuernavaca. El equipo local traía dos o tres jugadores de Primera División, incluso en las gradas estaba presente Miguel Mejía Barón. A la distancia yo recuerdo que sí creía en la remontada para la vuelta, ya que ese equipo de Alacranes que vi en el Estadio Centenario de Cuernavaca no era ni la sombra del Alacranes que jugaba en el Zarco”, comenta José Luis Reyes, periodista deportivo que en esos tiempos viajaba con el equipo para transmitir los encuentros mediante una radiodifusora local.

De regreso a la ciudad de Durango, el equipo no rompió filas y se concentró en un conocido hotel de la ciudad, ahí permaneció hasta el duelo de vuelta. La remontada en casa parecía complicada, pero en el nido venenoso nunca se perdió el optimismo.

“Desde que nos subimos al camión para regresar de Cuernavaca el entrenador Mario Pérez nos dijo que íbamos a ganar, que íbamos a ascender, que todo estaba en nosotros y que el estadio pesaría en la vuelta”, con estas palabras el defensa Bogar Lizárraga memoriza aquella experiencia.

La hora cero

Para ese año el horario de verano ya se había implantado en la República Mexicana, es por eso que en aquel sábado 5 de junio de 1999 al momento del silbatazo inicial los rayos del sol iluminaban parte del campo y la tribuna de General del Zarco, a pesar de ser casi las 20:30 horas.

Previo al silbatazo, la adrenalina y el nerviosismo recorrían la mente y cuerpo de cada uno de los protagonistas.

“Estaba nervioso porque ya quería que iniciara el partido, pero después el nervio se convirtió en motivación. El equipo estaba concentrado, no podíamos dejar pasar esa oportunidad”, señala uno de los consentidos de la afición duranguense en aquellos años, se trata de Víctor Hugo Bermúdez, quien desde su tierra natal Córdova, Veracruz, comparte lo que sintió momentos antes de iniciar el cotejo.

A él se le recuerda con mucho cariño por su carisma, por su cabellera rubia tan singular y sobre todo por ser un lateral con un ida y vuelta constante, “desde que llegué tuve muchas amistades, se sentía el cariño de la afición, Durango era mi segunda casa”, comenta Víctor Hugo, y agrega que la cabellera rubia era una forma de emular lo hecho por los jugadores del Toros Neza en aquella época.

El estadio estaba a su máxima capacidad y el ruido era ensordecedor. Esto sin duda pesó en la oncena visitante, ya que al minuto 26 de la primera mitad Durango ya ganaba el partido con marcador de 2-0 gracias a los tantos de Rivelino Robles y Mauricio Cereceros, ambos vacunaron para la vía de los once pasos. Con este marcador se fueron al descanso.

Para este duelo el estratega venenoso Mario Pérez hizo algunos cambios en su formación, pues advirtió que su equipo había sido estudiado por el rival, motivo por el cual tomó el riesgo de realizar algunas modificaciones, lo cual dio éxito, pues al medio tiempo el marcador global ya estaba empatado.

El optimismo estaba al máximo en las tribunas. Los aficionados estremecían el inmueble con los gritos de apoyo y ondeaban las banderas verdes con blanco, en lo que era un retrato futbolero típico de los años 90`s. Algunos aficionados portaban el jersey conmemorativo de la final con la leyenda “Durango Campeón”, anticipándose al hecho que se suscitaría minutos más tarde.

Sin embargo, hubo quienes se la quitaron al iniciar el segundo tiempo, en un arrebato de frustración cuando el Marte logró descontar, esto por conducto de Antonio Capetillo, quien con un disparo fuerte y colocado hizo inútil la estirada de Rogelio “Rorro” Rodríguez para poner el 2-1. Este gol le daba el título a los oriundos de Cuernavaca.

“Después del gol del Marte el profe “Pichojos” me regañó por haberle dado espacio de disparar a Capetillo”, señala Bogar Lizárraga, quien minutos más tarde tendría la oportunidad de sacarse la espina.

Lo cierto es que el tanto de Capetillo fue un golazo y a raíz de esto el dramatismo se hizo presente en el estadio. Sin embargo, la afición nunca perdió la esperanza y animada por el popular animador deportivo Francisco Quiñones “Pancholín”, apareció el mítico grito de “Sí se puede”, que aumentó de tono cuando por conducto de José Luis Gaytán (QEPD) se logró el 3-1, producto de un tiro centro que se metió al fondo de la red, ante el desacierto del guardameta Miguel Rodríguez, quien en su afán de anticiparse a la jugada y dar por hecho que venía un centro descuidó su portería.

Gol del ascenso

Con el marcador global empatado a 3 goles, el escenario estaba listo para la aparición de un héroe, de alguien que se atreviera a forjar su propia leyenda. Ese fue Bogar Lizárraga, quien encontró la gloria por el juego aéreo y marcó el gol de la diferencia.

“Tuve la dicha de meter el 4-3, rematé un centro que mandó Luis Gaitán, pero este le pegó en el pecho al defensa Maturino y de ahí se fue al fondo de la portería. Después de la jugada no me pude levantar, me quedé hincado justo al poste, cuando me levanté llegaron mis compañeros a felicitarme”, dijo Bogar.

Cuando esto sucedió solo quedaban algunos minutos en el cronómetro del silbante José de Jesús Robles. Los Potros Marte quemaron sus naves en busca del empate, pero se toparon con una muralla verde encabezada por Jaime “Huevo” Sosa que no dejó pasar nada.

“Estábamos muy concentrados, queríamos que el árbitro pitara en cualquier momento para festejar”, manifiesta Rivelino Robles.

El tiempo se cumplió y al central no le quedó de otra más que dar por terminado el encuentro. El llanto, el júbilo y la alegría detonaron en todos los rincones del Zarco.

“Me sentí como cuando jugué el mundial de México 70. Nos sabíamos campeones. Es muy difícil de explicar, solamente los que lo vivimos podemos sentirlo, después de todo lo que nos costó llegar ahí”, palabras de Mario “Pichojos” Pérez.

Al terminar el cotejo los máximos dirigentes de la Segunda División reconocieron el esfuerzo de los protagonistas entregando sus respectivos laureles.

La locura se apoderó del inmueble y se trasladó a la avenida 20 de Noviembre, donde miles de duranguenses se dieron cita para “veintear” y festejar el título, lo hicieron hasta altas horas de la madrugada. Mientras tanto, los jugadores y directiva realizaron un festejo propio.

“Nos fuimos a una cena con la directiva. Después los jugadores nos trasladamos a un antro y de ahí la seguimos en la casa club. También vimos el festejo de la afición por la avenida 20 de Noviembre, nos impactó verla llena de tantos automóviles sonando la bocina”, declara Bogar Lizárraga.

Esta algarabía no era para menos, pues se había conseguido un hecho sin precedente en la historia del balompié duranguense.

“Fue un hecho memorable, venir de un marcador adverso y ser campeones. Para mí en lo futbolístico es el logro más importante a nivel profesional en cuanto a equipos se refiere, separando la historia que han hecho de manera individual jugadores y ahora árbitros”, indica José Luis Reyes.

Ascenso y despedida

La noche de aquel 5 de junio todo era alegría para jugadores y directiva venenosa. Sin embargo, en los días siguientes todo se vino abajo, ya que el equipo se desintegró en todos sus niveles, pues una nueva administración tomó posesión y decidió darle otra cara.

A consecuencia de estos movimientos quedaron fuera del equipo el entrenador Mario “Pichojos” Pérez, así como los directivos Héctor Ricalday Quiroga, José Vázquez y Héctor Ricalday Siqueiros.

Mientras tanto, de los jugadores que lograron el ascenso solo unos cuantos entraron en planes para la siguiente campaña, los demás siguieron su epopeya por el balompié mexicano.

En los meses siguientes los Alacranes de Durango debutaron en la Primera División “A” en lo que fue el Torneo de Invierno 1999. El equipo que se presentó en el Zarco ya no era el mismo de antes, el escudo había cambiado y hasta los colores tenían una tonalidad distinta. La afición percibió esto de forma inmediata.

El resultado fue la culminación del romance entre equipo y afición, pues a partir de ahí en contadas ocasiones se observó un lleno y la misma euforia de antes.

Tras más de una década de militar en la Primera División “A” el equipo desapareció y la franquicia pasaría a manos de la Federación Mexicana de Futbol, la que se encargaría de definir su destino.

Actualmente existe un equipo denominado Alacranes de Durango que compite en la Liga Premier de Futbol Serie “A”, este conjunto también ha vivido grandes momentos como el ascenso a este circuito tras coronarse en la Tercera División Profesional. Pero eso no ha sido suficiente para que la afición asista en gran número al estadio.

Surge la leyenda

A inicios de este año falleció el artífice de este proyecto, el Ingeniero Héctor Ricalday Quiroga, hecho que causó una profunda tristeza en el balompié duranguense, pero la huella que dejó sigue presente en la afición que atestiguó los triunfos de los Camineros de Durango y los lleva por siempre en la memoria

“El equipo cumplió con algo muy importante que mencionaba José Vázquez, deben embonar 5 elementos: Directiva, Cuerpo Técnico, jugadores, afición y medios de comunicación, algo que ninguna directiva de Alacranes ha vuelto a conseguir”, señala José Luis Reyes.

“Aún recuerdo las 18 horas de viaje que hice desde Acapulco para llegar a Durango, una ciudad tranquila”, dice Rogelio Rodríguez, mejor conocido como el “Rorro”, uno de los sobrevivientes de la ruptura, y que al paso del tiempo se convirtió en arquero de Primera División.

“Recibir una medalla de campeón es lo mejor que puede pasar como ser humano, es lo máximo”, con estas palabras finaliza su remembranza Héctor Ricalday Siqueiros, sobre el club de sus amores, el Club de Futbol Camineros de Durango, los originales Alacranes de Durango.

Los jugadores que integraron aquel equipos son Rogelio “Rorro” Rodríguez, Esteban Mejía, Bogar Lizárraga, Víctor Hugo Bermúdez, Mauricio Cereceros, Rivelino Robles, José Juan Nucamendi, Jaime “Huevo” Sosa, Luis Gaytán, André Basilio, Francisco De la Cruz, Jair Santillán, Eliseo Domínguez, Gabriel Romero, Mario Espinoza, Manuel Gil Segovia, Sebastián Murillo, Carlos Arellano, Adrián Granados, César Aguiñaga, Jaime Correa y otros más. Contando en la dirección técnica de Mario “Pichojos” Pérez y una directiva comandada por Héctor Ricalday Quiroga (QEPD) Héctor Ricalday Siqueiros y José Vázquez.

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