Alejandro Cotí, el líder estudiantil maya que borró el régimen guatemalteco

Emiliano Castro Sáenz

Guatemala, 12 oct (EFE).- Esperando el cambio de luz en el semáforo de la 18 calle, en el centro de Ciudad de Guatemala y en medio de un ligero embotellamiento de 1980, René Alejandro Cotí López vio de reojo por el retrovisor que un vehículo se había pegado al suyo más de lo habitual. Era el presagio de su muerte.

Iba de camino a la Universidad de San Carlos (pública) junto a su esposa e hijos cuando un frío le recorrió el cuerpo. Al voltear la mirada hacia el frente, otro automóvil típico de los “judiciales”, el Departamento Judicial de la extinta Policía Nacional que solía vigilar a personas, le había cercado el paso.

Un tercer vehículo lo flanqueó por un costado y, en una operación relámpago, doce hombres vestidos de civil y fuertemente armados bajaron a la mujer con los niños y se llevaron a Cotí dentro del carro en una caravana que desapareció en las calles del Centro Histórico.

El secuestro y posterior ejecución de Cotí, que a sus 26 años había presidido la Asociación de Estudiantes de Ingeniería y había sido candidato a la Asociación Estudiantil Universitaria, estremeció nuevamente a la comunidad estudiantil y a los movimientos sociales que protestaban contra una Policía y un Ejército opresor en pleno auge del conflicto armado.

El 6 de marzo de 1980, un día después de haber desaparecido a plena luz del día, su cadáver fue encontrado dentro de su automóvil, orillado en la antigua carretera del lago de Amatitlán. Tenía signos de tortura y un golpe contundente en la zona posterior de la cabeza.

Dos años antes, habían asesinado al presidente de la Asociación Estudiantil Universitaria Oliverio Castañeda de León, luego de haber dado un discurso en un acto conmemorativo de la revolución de 1944, un 20 de octubre, a plena luz, en el Centro Histórico.

Nacido el 7 de octubre de 1953, Alejandro Cotí era un tipo “sensible”, “susceptible a la realidad latinoamericana”, “orgulloso de sus raíces indígenas y de su natal Quetzaltenango”, “brillante” y “estudioso”.

Así lo recuerda uno de sus amigos en la época universitaria, Roberto Aceituno, quien le contó a Efe de los múltiples viajes que hicieron juntos en vacaciones.

Uno de estos los marcó a ambos. Tomaron rumbo a Colombia haciendo dedo para conocer la experiencia suramericana. Allí se dividieron y mientras Aceituno fue a Chile “a ser testigo de la Administración de Salvador Allende”, Cotí regresó y pasó por Nicaragua justo después del terremoto de 1972.

“Eso lo tocó y fortaleció su compromiso social”, cuenta su amigo, quien recuerda que al volver a Guatemala y reencontrarse con su compañero de viajes se encontró con un líder nato, que ya aspiraba a presidir la Asociación de Ingeniería.

Cotí se adhirió al Frente Estudiantil Robin García (FERG), que era uno de los brazos políticos del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP).

Según un testimonio de otro compañero de clase, Miguel Morales, publicado en un corto documental de la Secretaría de Comunicación Social del Gobierno de Guatemala en 2009, “fue su vínculo al FERG el que lo sentenció”, pues Donaldo Álvarez, el “sanguinario” exdirector de la Policía, buscaba vengar una bomba que había reivindicado el EGP días atrás.

“Unos días antes de morir, Alejandro nos dijo que había visto frente a su casa unos vehículos ‘clásicos’ de los judiciales, los mismos que posteriormente se lo llevaron”, narró.

Pero otra fuente cercana cuenta, bajo la condición del anonimato, que Cotí había traído a Guatemala al Partido de Trabajadores Centroamericano, parte del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, “lo que pudo derivar en su asesinato”.

En su epitafio, la familia sostuvo que el amor de Cotí por Guatemala no terminaba con su muerte “porque sigue vivo tu ideal”: “Dios juzgará la injusticia e irreflexión de quienes provocaron tu muerte”.

Otro compañero suyo de la Facultad de Ingeniería y participante del movimiento estudiantil, José Cruz, estuvo en Quetzaltenango durante su multitudinario funeral.

“Fue una especie de validación de su pensamiento o de una muestra de empatía a la familia, de la burguesía indígena de Quetzaltenango, lo que no era común en esos días”, relató, y admitió que Cotí pudo haber sido parte de esa elite académica maya, con una base política fundamental. Pero se lo llevó la atrocidad de la época. EFE

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