Argentina abre 10 noches de culto al chamamé, género que quiere ser universal

Rodrigo García

Corrientes (Argentina), 12 ene (EFE).- La ciudad de Corrientes, al noreste de Argentina, celebró hoy por todo lo alto la primera de las diez noches de la Fiesta Nacional del Chamamé, en la que cada año suena y se baila con pasión un género folclórico que se busca sea declarado por la Unesco patrimonio intangible de la Humanidad.

Este evento, uno de los más largos del calendario de festivales del verano del país austral, es considerado el encuentro más importante del género, que tiene en la capital correntina su epicentro y que también se cultiva en otras provincias del litoral argentino, así como en zonas de Paraguay, Brasil, Bolivia y Uruguay.

A pesar de que la lluvia obligó a demorar su comienzo, en la noche de este viernes, el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola -célebre figura del chamamé, ya fallecido, de cuyo natalicio se cumplen 100 años- se convirtió, como lo hará tras cada puesta de sol hasta el 21 de enero, en un continuo ir y venir de veteranos artistas ‘chamameceros’ de todos los territorios.

“Esta música y baile es la cultura común compartida por un colectivo de aproximadamente 30 millones de personas. La cultura común es lo que identifica las naciones. Empezamos a hablar de la nación chamamecera”, explicó a Efe Eduardo Sívori, director artístico del festival.

Al plan se suman también las nuevas generaciones de músicos y bailarines y figuras de otros géneros con la única consigna de hacer del chamamé el protagonista de su repertorio.

Julián Zini y Neike Chamigo, Juancito Güenaga y su Conjunto, Lito Nebia, Ricardo Scófano, Chango Spasiuk, Los Alonsitos, Las Hermanas Vera y Mateo Villalba son algunos de los nombres que harán las delicias del público de la 28 edición de la fiesta, declarada patrimonio cultural del Mercado Común del Sur.

Uno de los momentos que se esperan con más ganas es el regreso al festival de Ramona Galarza, conocida como “novia del Paraná” -río que pasa por Corrientes- y considerada una de las más queridas por el público.

Definido como un “baile que se improvisa” y que “nace desde adentro”, el chamamé, de antiquísimas raíces guaraníes con reminiscencias europeas o africanas, tiene diversas variedades según sus influencias: en el “orillero” se perciben pinceladas del tango, mientras que el “cangüí o triste” se caracteriza por su tónica lenta y sentimental y el “maceta” es de pulso y ritmo vivos.

Las letras, musicalizadas con guitarra, acordeón, piano o bandoneón, hablan de creencias, costumbres, amor, desarraigo, de cuestiones sociales y de temas como la discriminación, en una zona del país, Corrientes, que nunca ha sido una de las más favorecidas del país.

“El chamamé es una música y baile indisolublemente unidos. Algo similar a lo que acontece con el tango”, remarcó Sívori, que destacó que se espera la asistencia de un total de 150.000 personas en los 10 días que dura la fiesta.

Además de las actuaciones oficiales, no son pocas las actividades paralelas, relacionadas con el chamamé, que Corrientes, con alrededor de 350.000 habitantes y a unos 900 kilómetros de Buenos Aires, acoge a lo largo de todo el mes en plazas, escuelas, prisiones, geriátricos u hospitales.

Actualmente, Argentina impulsa la iniciativa para que la Unesco declare este género como patrimonio intangible de la Humanidad, como ya ocurrió en el país con el tango y el arte plástico del fileteado. EFE