Asados, bailes y “terremotos” para celebrar el 207 cumpleaños de Chile

Alberto Valdés

Santiago de Chile, 15 sep (EFE).- El 18 de septiembre de 1810 se formó en Chile la primera junta nacional del país, primer paso hacia el autogobierno de la antigua colonia española, una fecha que ahora se ha convertido en una celebración de cinco días en la que la carne asada, los bailes tradicionales y el alcohol son protagonistas.

El presidente del país austral, Sebastián Piñera, dio el pistoletazo de salida el pasado jueves a las fiestas de la Independencia del país en las fondas del Parque O’Higgins, en Santiago, donde el mandatario se arrancó a bailar pie de cueca (el baile nacional) como ya es tradición en estas fechas.

Y es que la historia y la celebración se entremezclan en unos días en los que la capital chilena cambia por completo para abandonar sus quehaceres diarios y disfrutar de un paréntesis, tras el frío invierno, que haría las delicias del dios griego Dionisio.

Disfrutar es la palabra clave estos días a lo largo del país, una “obligación” a la que todos los habitantes de Chile se encomiendan junto a amigos y familiares a través de la carne asada, las empanadas, el vino y el pisco.

Para ello muchos organizan eventos privados en sus casas, siempre en torno a los quinchos (barbacoas), o en fondas, lugares de reunión privados o públicos que aglutinan una gran cantidad de locales con diferentes ofertas gastronómicas y musicales.

El origen de esta tradición se remonta a los tiempos en los que el país empezó a andar, y servía para que el bajo pueblo pudiera divertirse con música en vivo, buñuelos fritos y chicha (bebida preparada a base de maíz) en espacios abiertos.

Una herencia festiva que se ha extendido hasta la actualidad con eventos masivos en los que los comerciantes decoran sus puestos con enormes banderas de Chile, trajes de huaso y carteles con ofertas en todo tipo de bebidas, especialmente los clásicos terremotos (una de las bebidas nacionales que mezcla vino blanco, helado de piña y granadina).

De este modo, los negocios que recorren el país desde las áridas tierras del desierto de Atacama en el norte hasta las frías estepas magallánicas del sur, compiten unos con otros en estas reuniones populares por atraer a un público deseoso de saciar sus deseos más dionisíacos.

Marcela Farfán es una de las cocineras con más “dieciochos” a sus espaldas, lleva entre 15 y 20 años participando en la fonda del Parque O’Higgins, un evento en el que, según afirmó a Efe, lo más importante es “ver disfrutar a la gente”.

“Es el cumpleaños de la patria y hay que celebrarlo como corresponde, con un pequeño recreo para todos los chilenos”, continuó Farfán, quien además añadió que en su “picada” sirven todo el abanico de platos y tragos chilenos, pasando por “las empanadas de pino, costillar o anticucho” para comer, hasta “pipeño y chicha” para saciar la sed.

Una carta que su marido, Iván Ruiz, expone con orgullo ante los visitantes del parque, quienes se detienen para conversar y desearse unas felices fiestas mientras intercambian bromas acerca de los más aventajados en la tarde, quienes ya danzan en la pista central al ritmo de cumbia y cueca.

Esta última, el baile folclórico por antonomasia en la zona central del país, sirve de himno a dondequiera que el visitante más despistado se adentre durante estos días en Santiago, o para los nuevos habitantes de una ciudad que no ha parado de crecer en los últimos años debido a la llegada de inmigrantes.

“Esta es una fiesta de todos y para todos. Para los que han crecido a este lado de la cordillera de los Andes y para los que acaban de hacer de Chile su hogar. Ahora toca celebrar y compartir, disfrutar de lo que nos une y recargar energías para el resto del año”, sentenció Farfán.EFE