Banderas de Palestina y música siria para despedir al Womad en Chile

Agencia EFE

Alberto Valdés Gómez

Santiago de Chile, 18 feb (EFE).- El festival internacional de música Womad cerró hoy su cuarta edición en Santiago de Chile con un espectáculo armónico tan ecléctico como el lugar de origen de sus invitados, entre los que destacó el cantante sirio Omar Souleyman, al que los asistentes recibieron con banderas de Palestina.

Artistas llegados de todos los lugares del mundo dieron vida al festival celebrado en la comuna de Recoleta, en la capital chilena, un espectáculo que atrajo a más de 50.000 personas este fin de semana, según los organizadores.

La sesión del domingo, ultima de esta cuarta versión, volvió a congregar a un público diverso con talleres y conciertos tan variados como los ropajes e idiomas de los invitados, provenientes de Siria, Finlandia, Cuba, Madagascar, Suiza e Italia, entre otros.

Ajenos al calor que azota estos días a Santiago, muchas familias disfrutaron bailando con el mestizaje musical que persigue “permitir que muy diversos públicos comprendan mejor aquellas culturas distintas a la propia” a través de la música, como indica el creador del festival, Peter Gabriel.

Los chilenos Banda Conmoción fueron los encargados de poner a rodar el escenario principal del festival al comienzo de la tarde, donde su imponente presencia, con cerca de 20 integrantes, atrajo la atención de todos los presentes.

Con ellos los asistentes disfrutaron del sentir latinoamericano de la cumbia y los ritmos regionales, además de uno de los espectáculos más llamativos de la jornada.

Y es que, además de la música, el directo del grupo mezcla el baile con la intervención artística, una explosión cultural posible gracias al talento de un grupo humano comprometido con la promoción de las tradiciones de su pueblo.

La fiesta continuó con la actuación de los coreanos Black String, seguidos por Kilema, banda original de Madasgacar, hasta llegar a los cubanos Vocal Sampling, nominados tres veces a los premios Grammy.

Los isleños, capaces de recrear con sus seis gargantas el sonido completo de una orquesta, repasaron algunos de los clásicos musicales de su tierra, interpretando tanto canciones tradicionales como piezas de Silvio Rodríguez, lo que desató los pies del público, que empezó a bailar al son cubano.

Sin embargo, el verdadero protagonista de la jornada fue el sirio Omar Souleyman.

Con una historia tan rocambolesca como su mezcla musical, el cantante, que comenzó su carrera actuando en bodas en su país natal, congregó frente al escenario principal del festival a miles de personas, a las que indujo a un trance espiritual en el que todos comenzaron a dar palmas sobre melodías que fusionan la electrónica con el pop.

Detrás de su siempre eternas gafas de sol negras, que coronan unas facciones marcadas con un robusto bigote y un turbante rojo y blanco, Souleyman puso voz a la comunidad árabe en Chile, que aglutina al mayor número de palestinos fuera de la “tierra santa”.

Este núcleo poblacional en crecimiento comprende a cientos de miles de palestinos, como es el caso del alcalde de Recoleta, Daniel Jaude, y el de las 14 familias de refugiados sirios a las que el gobierno de la presidenta Michelle Bachellet acogió el pasado mes de diciembre.

Para recibirlo, el público portaba banderas de Palestina y carteles con proclamas en las que pedían la libertad de Ahed Tamimi, la joven que se ha convertido en símbolo de la lucha del pueblo árabe en Oriente Próximo, encarcelada recientemente por Israel y a la espera de juicio por abofetear a un soldado de ese país.

A tal punto llegó el fanatismo por el cantante sirio que uno de sus seguidores logró burlar el amplio control de seguridad y saltar hasta el escenario, donde le entregó al artista un turbante y le hizo una reverencia.

Souleyman, consciente del poder que ejerce sobre la comunidad árabe en el todo mundo, dio voz a todos sus semejantes interpretando algunos de sus hits más conocidos, como “Warni Warni” o “Ya Bnayya”, que hicieron a los presentes desear que la preciosa noche austral de un veraniego domingo no acabara nunca. EFE