Berehulak: “La gente blanca en Filipinas ve a drogadictos como subhumanos”

Paula Ericsson


México, 13 feb (EFE).- El fotoperiodista Daniel Berehulak, quien hoy fue premiado por World Press Photo por su trabajo sobre la brutal campaña antidrogas en Filipinas de su presidente Rodrigo Duterte, afirmó hoy que en el país asiático “la gente blanca ve a los drogadictos como subhumanos”.

Berehulak, quien fue galardonado con el Pulitzer en 2015 por su cobertura fotográfica de la crisis del ébola, fue premiado hoy en el certamen World Press Photo 2017 en la Primera Categoría de Historias Generales por su reportaje sobre la campaña de Duterte, la cual ha dejado hasta ahora 7.600 muertes, según expertos de Naciones Unidas.

“Es un gran honor que el trabajo sea reconocido, que vaya a tener otra vida con las exposiciones. La red que tiene World Press Photo hará posible que lo vea más gente y que esté informada sobre lo que ocurre en Filipinas”, afirmó en una entrevista con Efe.

El fotógrafo australiano, residente en Ciudad de México y usual colaborador de The New York Times, iba a trabajar a Siria cuando su jefe cambió el rumbo de su viaje porque no le concedieron el visado y le pidió que fuera a Filipinas.

“Es un testamento de lo que pasa en Filipinas, es un documento histórico, un punto de vista alternativo a lo que el Gobierno ha dicho de que todas las operaciones policiales fueron legítimas. Con este trabajo, toda la gente que no tenía voz ahora la tiene”, dijo.

Después de la publicación de su reportaje en diciembre pasado en The New York Times, el expresidente colombiano César Gaviria (1990-1994) escribió una carta al diario dirigida a Duterte en la que le pedía que dejara de aplicar esta política sangrienta y que no cometiera sus mismos errores, a lo que el dirigente filipino dijo que “es un idiota”.

Berehulak, quien estuvo 35 días en Filipinas y vio 57 muertes vinculadas a la campaña, afirmó que “Duterte es un showman como (el presidente estadounidense Donald) Trump”, y recordó que el líder filipino llegó a compararse con Adolf Hitler, aunque se equivocó con la comparación al decir que el dictador alemán mató a tres millones de personas en seis meses y que él desearía hacer lo mismo.

Duterte, quien accedió al poder el 30 de junio de 2016, dijo haber tenido una conversación telefónica con Trump, quien le dijo que “lo estaba haciendo de la forma correcta”, recordó el fotógrafo.

“El problema de las drogas es real en Filipinas, pero la solución no es matar a tu propia gente. Las drogas vienen de China, y si él es serio con este asunto, ¿por qué no habla con el autoridades chinas para solucionarlo?”, planteó.

En respuesta a la publicación del reportaje, Duterte dijo en una rueda de prensa que “odiaba matar a su propia gente”, pero en la misma conferencia afirmó que “si tuviera las suficientes balas y tiempo, lo haría por sí mismo”, refirió.

Además, añadió, en una reunión con líderes empresariales se congratuló de haber matado en Mindanao a tres personas “para enseñar a sus chicos que si él podía hacerlo ellos también”.

El fotoperiodista, quien recorrió la noche filipina en motocicleta fotografiando las secuelas de las muertes de Duterte, afirmó que el presidente tiene un apoyo social muy grande, por lo que los detractores “tenían mucho miedo de hablar”.

“La gente tiene miedo de hablar contra el Gobierno, sobre todo la gente pobre, que no puede ni siquiera enterrar a sus seres queridos”, dijo. Asimismo, aseguró que la policía manipula las escenas del crimen para inculpar a los drogadictos asesinados.

En los barrios de clase alta, los vecinos reciben folletos informativos de la situación de forma amable y discreta, mientras que a los de clases más bajas los asesinan sin miramientos, por lo que las personas más ricas “se sienten aisladas de este problema”.

“La gente blanca en Filipinas ve a los drogadictos como subhumanos, como si tuvieran una enfermedad. Es una guerra de clases contra los pobres e indefensos”, apuntó.

Una de las promesas de Duterte es perdonar a aquellos que se entreguen y confiesen su relación con las drogas, ya sea de adicción o de narcotráfico, pero Berehulak aseguró que pese a este compromiso, los que se entregan también son asesinados.

De acuerdo con el fotógrafo, “cualquier persona puede matar en nombre de la droga”, ya que todos los asesinatos de drogadictos son identificados con mensajes como “No sean un drogadicto como yo”. En consecuencia, cualquier persona puede cometer un asesinato y dejar un letrero con un mensaje similar, sabiendo que la policía no va a investigarlo.

“Es la descomposición de la sociedad”, lamentó Berehulak.

Aunque mucha población le teme, Duterte cuenta con gran popularidad entre los filipinos “porque prefieren que los traficantes y consumidores de drogas mueran a que estos mismos violen a un miembro de mi familia”, puntualizó. EFE