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Buscando un amigo para el fin del mundo

La realidad de ser madre; devoción especial, estima y afecto incondicional

 

Todos los padres que sueñan con una familia desean que sus hijos crezcan felices y sanos; fuertes y sabios; que tengan un buen ejemplo a seguir. La peculiaridad del deseo de crianza tanto en los hombres como en las mujeres, puede ser tan intensa que invade con ilusión a quienes esperan con ansia recibir la noticia de un embarazo; pero también, no todos sueñan con una familia cuando ya viene en camino.

Enfocándonos en las mujeres. Nuestras madres, abuelas, hermanas y amigas, son (reconozcan o no) quienes juegan el papel más importante; sin embargo, nadie te prepara para ser madre, ni los consejos de la vecina, ni los de tus hermanas, amigas, abuelas, o los de tu propia madre.

Goce, felicidad y plenitud a quienes tienen el valor de escoger bien a su pareja; pues, por su esencia misma, el amor matrimonial es fecundo y está abierto a la vida. En los hijos de las parejas en las que realmente hay reciprocidad y confianza, la crianza trae infinidad de beneficios y virtudes. Una razón más para esforzarse y ser mejores. No obstante, cuando la responsabilidad y obligaciones recaen en los hombros de una sola persona, comienzan los problemas.

Tener el valor de decidir es lo que marca la diferencia entre el antes y el después. Nadie nos preparó para esto, nadie jamás previó tanto. Pero hay que decidir. El dolor, el estrés, el cansancio, la fatiga mental y física; ¡Dios!, los tropiezos en el proceso son muchos y es inevitable de vez en cuando sentirse abrumada.

La seguridad de la que tanto te hablaban, las recomendaciones que tanto te dieron, las frases “¡Es lo correcto!, ¡Tú puedes!, ¡Vas bien!” retumbando en tu cabeza mientras frente a tus ojos se cae el mundo a pedazos; ¡NO SOLUCIONAN!, ¡NO APORTAN! y ¡NO REDUCIRÁN EL PROBLEMA CON NADA!, y el “se supone que debes” mucho menos.

En muchas ocasiones, la comparación se convierte en un agujero sinfín inundado de inseguridades y temor; pese a esto, es increíble cómo el pasar de los años nos da la sabiduría y el valor de cambiar los esquemas, mejorar los patrones y otorgar el amor de una forma más adecuada. A final de cuentas estamos hablando del futuro de un ser humano. Algo trascendental.

¿QUE SE NECESITA VALOR PARA SER MADRE?

¡CLARO QUE SE NECESITA! ¡SI ESTO NO ES PARA TODAS!

Y aunque muchos no lo entiendan, eso TAMBIÉN ESTÁ BIEN. Porque no, no lo expongo en voz de la discriminación y el prejuicio; esto sí es decisión personal. Curioso es que existen infinidad de presiones en torno a la maternidad, todas pésimamente enfocadas en las mujeres por el simple hecho de ser mujeres; juzgadas desde antes de ser madres, siendo madres, después de una pérdida, o hasta para negar el privilegio.

El amor incondicional que nace de la crianza de un niño es la esencia pura del amor propio y eso muchos y muchas no lo conciben. Sin dar rodeos en el “sacrificio” por el que se conmemora a la mujer que con esfuerzo y amor nos ha otorgado la vida; la crianza es una responsabilidad.

La maternidad en el esplendor y enaltecimiento del oficio va encaminada a ser en vida pilar y refuerzo; sustento y guía. Porque efectivamente, como lo comentamos al principio, aquí, el papel más importante lo juegan las mujeres. Pero, ¿quién te convence de ser madre cuando aún no estás preparada? ¿Una vida?

Sí, muchas veces es una vida la suficiente razón de peso para tomar la iniciativa de serlo; de aventarse el “paquete”; llena de inseguridades y miedo, con carencias y en soledad, esperando un amor incondicional que inunde los vacíos del corazón con muestras sinceras de cariño y afecto; “La búsqueda de un amigo para el fin del mundo…” pero, ¿y cuándo es no? Porque en ocasiones es no. En ocasiones es un NO QUIERO.

Niños abandonados, madres abusadas, adolescentes embarazadas. Una decisión ya tomada siempre es lo de menos, al final, habrá mil consecuencias y pocas opciones; miradas, reproches y juicios. Porque al parecer si eres madre y a tus hijos les falta algo estás mal, pero si decides no serlo también.

¿DÓNDE QUEDA EL JUICIO AL PADRE “DESOBLIGADO Y CARENTE”? Aquí el problema es de dos, pero cuando se tiene en la frente la decepción y el coraje de encaminarse en soledad y a ciegas en el proceso de crianza ¿qué queda?

Saquemos de nuestra lista de prioridades hostigar a las mujeres a ser una “buena madre” en el contexto de la obligación forzada deslindada del autorrespeto. Todas las cosas se viven primero en el interior; un corazón herido, hiere. Un corazón amado, ama.

Cuando se está bien internamente será entonces cuando se podrá transmitir ese bienestar a los hijos, antes de eso, solo serán mascaras… Las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida, conforman nuestras heridas emocionales; el “proceso” y el “ser” en el trayecto de sanar son base indispensable de la buena crianza. Un niño se merece un amor incondicional, , pero lleno de respeto y bienestar, sin carencias ni miedos.

¿Qué es lo que sería entonces ser una “buena madre”?

No sé, somos humanos, creo que jamás nadie sabrá. Lo que sí es una realidad es que tropiezos y errores nos acompañan en el proceso. En la crianza el aprendizaje de nuestros fracasos no es una opción. Pero quizá, para aligerar la presión pueda darte un consejo de expertos:

Tómate un tiempo libre. Conviértete en la mujer completa y capaz de cuidar de sí misma que sabes que realmente eres. Otórgate incondicionalmente todo el amor que deseas recibir; sin carencias, ni miedos. Fuerte, bella e independiente. Porque cuidar de ti misma, también es cuidar de los demás.

No todos son buenas personas y es esencial reconocer en sí mismo carencias de afecto y valor personal pues las consecuencias de dejarse llevar o permitir que te hieran no solo tendrán repercusiones en ti sino en ellos. El reto es alto y el precio también, pero la decisión es tuya. “Ser o no ser madre”, con un hombre a tu lado o sin él.

Pese a esto, no tiene por qué ser un martirio. Aprender a vivir con la frente en alto y orgullosa con tus decisiones te permitirá seguir adelante. Sencillamente; si no sabes cuidar de ti misma ¿cómo podrías cuidar de alguien más?, si no comes bien ¿cómo pretender enseñar a un pequeño?, si tú solita no puedes solventar tus gastos ¿cómo podrías solventar los de una persona más? Si no eres capaz de poner límites de autorrespeto y valor personal ¿qué crees que ese pequeño aprenderá? ¿Qué tropiezos en su vida crees que tendrá?

La crianza es de dos, sí, pero aun cuando no, esas “masitas de amor” que se engendran en el vientre de una mujer lo son todo y vale la pena tomarlo con responsabilidad. La decisión es tuya y solo tuya. El simple hecho de saber que dependerá de ti una pequeña vida lo es todo y lo merece todo, sin carencias, ni miedo.

No pretendamos cuidar con el corazón roto…

Por Celina González