“Caras y Caretas”, por S. de la Rosa S.

Y al pobre… ¿Quién lo defiende?

No cabe duda de que vivimos en un mundo de problemas, algunos más graves que otros, pero al fin son problemas, de eso no cabe la menor duda.

Pero se ha dado cuenta que los problemas se le agudizan más a los que menos tienen, o a lo mejor porque nada tienen se les notan más, existe un dicho muy popular que dice que: “al perro más flaco se le cargan las pulgas”, como quiera que sea, la verdad es que todos los males que hay en este mundo, por lo regular van a parar con el ciudadano común y corriente, con el hombre de la calle, el que no tiene quien le defienda ni vea por él.

Por lo pronto existe un problema que ya se ha vuelto un dolor de cabeza no solo para las autoridades, también para el pueblo mismo, que lo sufre en carne propia, me refiero a la circulación de billetes falsos.

Como todos sabemos, a través de la historia el ser humano siempre ha tratado de ganar dinero sin que le cueste trabajo, y una de las formas más comunes ha sido el fabricar sus propios billetes, o dicho de otra manera, falsificar lo mejor posible a los ya existentes.

Como también todos sabemos este es un delito que se castiga con penas severas bajo la jurisdicción federal, pero no por ello se ha logrado hacer desistir a los falsificadores que cejen en su intento.

Aquí lo más curioso de todo esto, como acontece en otros casos, el único castigado o cuando menos perjudicado es el ciudadano común y corriente, que nada tiene que ver con la consumación del delito, vamos, que ni tan siquiera tiene conocimiento que se este cometiendo tal ilícito.

Cuántas veces nos hemos enterado de que a determinada persona por equis circunstancia caen en sus manos dos o tres billetes falsos, que en la mayoría de los casos les pagan con ellos en su trabajo, o los reciben como cambio en determinada operación de comercio, lo que menos entiende el ciudadano es si los billetes que recibió son falsos o verdaderos, para esto tenía que ser experto en la materia y no creo que un humilde obrero pueda tener los más elementales conocimientos para distinguir un billete falso de uno bueno, puesto que ninguno de nosotros se pone a revisar los billetes, en primer lugar porque nada ganaríamos, no sabemos cómo distinguirlos y, en segundo, porque las autoridades correspondientes no se han molestado en alertar a la población sobre cómo distinguir un billete de otro.

El caso es que cuando un ciudadano es sorprendido con un billete falso, lo más correcto es que acuda al primer banco que esté a su paso para que le hagan efectivo el billete que involuntariamente recibió, pero es aquí en donde empieza su calvario, para empezar es sometido a un riguroso interrogatorio en donde le preguntan de todo, lo pasan ante la presencia de varios funcionarios del banco y al final le recogen el billete falso y sale sin nada. Eso sería en el mejor de los casos, pero existen versiones que muchas de estas personas son detenidas y privadas de su libertad todo porque les pagaron con un billete falso que en ningún memento se enteró que lo era.

Pero esto no termina aquí, hay casos que resultan aún más difíciles de creer, como el que a continuación les comentamos: nos enteramos que una persona en esta ciudad, al acudir al cajero automático de conocido banco le salió un billete que resultó falso, si esto resulta cierto entonces es el mismo banco quien está circulando esta clase de billetes, pero cuando esta persona acudió a la sucursal bancaria le dijeron que eso era imposible, por lo que fue sometida a un extenso interrogatorio que la mantuvo frente a funcionarios de la institución por horas.

Total, para no hacerla más cansada, le recogieron su billete que era de 500 pesos con lo que pensaba pagar un adeudo y la mandaron a su casa sin nada. Por eso decimos que los que menos tienen son a los que se les cargan más los problemas y lo más triste de todo esto es que no existe ninguna ley o reglamento al que pueda acudir para defenderse.