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“Chicotito”, por Jorge Blanco Carvajal

  •   Murió el pensador Enrique Arriega Silva
  •   Una gran pérdida para Durango y México
  •   También gran afectación a Contacto hoy
  •   Simpatizó con nuestro proyecto desde 1980
  •   La lectura es la grandeza de los hombres, dijo

Prefiero morir antes que prestarme a pisotear la autonomía de la UJED…”

Enrique Arrieta Silva

Durango ha perdido a uno de sus hijos más inteligentes, el Dr. Enrique Arrieta Silva, y en su muerte, Contacto hoy ha extraviado a uno de sus colaboradores más generosos que por años dio luz y brillantez a la opinión de este diario…..DOLOR.- Hemos perdido a un gran escritor, a un insuperable columnista diario, a un músico, a un poeta, a un orador, a un historiador, a un entrañable y generoso catedrático universitario que se esmeró porque sus alumnos aprendieran leyes para que evitaran egresar y acabaran de taxistas…..REVERSA.- Enrique Arrieta Silva quizá fue el más universitario de cuantos se dicen universitarios.  Nunca aceptó el pisoteo que le regaló el gobierno a la UJED y, antes que doblar las manos, prefirió irse que vivir en la infamia que le arrebató durante más de diez años la autonomía a la casa de estudios.  “Me han obligado a pensionarme, cuando no pensé retirarme nunca de la academia y seguir aportando a la formación de más generaciones de profesionales del derecho…”, dijo alguna vez….. MEMORIAS.- Arrieta Silva fue colaborador nuestro desde el primer número de la revista semanal Contacto alla por los ochentas.  Nos acompañó siempre en esta aventura que no termina, por eso la pérdida para nosotros es doble, seguros estamos que no hallaremos cómo llenar su hueco.  Extrañaremos y mucho su estilo silencioso pero mordaz de pitorrearse de las metidas de choclo del gobierno, de las equivocaciones de la autoridad.  Y echaremos de menos su risueña manera de burlarse de la muerte. Apenas hace unos días escribió que en la última feria, cuando escuchó los anuncios mortuorios de Funerales Hernández y Raúl Flores, le metió el turbo a su silla de ruedas para que no lo alcanzaran los agentes funerarios.  Ahora, por desgracia, debemos subrayar que algo pasó en el turbo mencionado, pues la pelona lo alcanzó y se lo llevó no sabemos a dónde.  La última saeta de Arrieta, publicada el 10 de enero pasado, dijo:  “Todo lo que nace, muere. Me dijo un día mi padre, y se dispuso a morir tranquilamente…”…..CULTURA.- Sobre los aforismos y sutilezas, o sobre las ideas cortas plasmadas en unas cuantas palabras, muchas veces reveló el secreto:  “Es cuestión de concebir la idea, analizarla y escribirla. Tan fácil como eso…”. Sí, con esa facilidad lo explicaba Arrieta Silva, pero en los hechos, en la realidad, se requieren muchos años, un mínimo de 50, de vivencias personales para poder captar la idea, concebirla y reducirla a tres o cuatro palabras con sentido, jocosidad y mucha seriedad.  El doctor Arrieta Silva lo logró en su vida, pero…como decimos arriba, él dedicó mucho de su existencia a la biblioteca.  Los que le vimos podemos asegurar que parecía meritorio en busca del estrellato, pues cada documento que llegaba a sus manos lo “microfilmaba” (se lo grababa en la cabeza) y se lo llevaba para, algún día traerlo al burlesque diario de su vida.  Era así, siempre le encontraba el lado jocoso a la seriedad y de un par de líneas que encontraba en los periódicos del siglo antepasado, lograba desarrollar verdaderas joyas literarias que, nada más él sabía cómo hacerlas.  Así, en su sección “Dagerrotipos”, cuantas veces lo vimos hallarle el lado curioso al pasado, pero sobre todo, no nada más hallarle el lado agradable, sino darle el punto para que gustara el recuerdo a más de cuatro.  Arrieta Silva logró conjuntar miles de “aforismos y sutilezas” que plasmó en un libro especial, en las que podemos encontrar ahora la filosofía, pero sobre todo, la sabiduría con que plasmó esos sentimientos propios y de los suyos…..HISTORIA.- La historia, repetimos, considera a Enrique Arrieta Silva como un verdadero filosofo, un hombre pensante, inteligente hasta la acera de enfrente que no como quiera se le engañaba.  Sabía de todo, dominaba primordialmente el derecho, pero también estaba al tanto de los movimientos políticos, y cuando se le pasaba algún tema que no registraba, de inmediato hacía un recorrido telefónico por los distintos columnistas o redactores para consultarlos directamente sobre tal o cual incidente y se olvidaba del tema hasta que conocía el asunto con lujo de detalles.  Era no un historiador, sino un dueño de las historias un propietario de las anécdotas que a veces no conocía nadie más.  Sabía Arrieta que nada más la lectura reditúa los conocimientos que no se adquieren, y mucho menos pueden comprarse en alguna tienda. Por eso, quizá desde la primera vez que entró a una biblioteca, llegó para quedarse.  Los libros, los periódicos, los panfletos, los pasquines y cualquier papel que llevara algo impreso, los devoraba con singular entusiasmo.  Los exprimía hasta sacarle el contenido de la última palabra.  Hizo hasta maromas para alcanzar a entender lo que quiso decir el periodista o el escritor de aquel texto que el tiempo había casi borrado del papel.  Parecía un gusto hasta enfermizo por leer todo lo que cayera en sus manos, pero ahora entendemos la razón, pues es nada más en la lectura donde se puede hallar lo que no se encuentra en ninguna parte.  Sirvan estas líneas para agradecer al catedrático que mucho nos enseñó en la Facultad de Derecho, y sobre todo para reconocer de manera infinita el haberse sumado a nuestro proyecto periodístico desde hace más de 40 años.  Nunca le pagaremos con nada la esplendida entrega que hizo a nuestras páginas durante todo ese tiempo.  ¡Descanse en paz el doctor Enrique Arrieta Silva…¡

Twitter: @jorgeblancoc

Facebook:  jorgeblancocarvajal

Muchas gracias

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