Christina Rosenvinge busca la intimidad en uno de sus discos más emotivos

José Miguel Pascual

Austin (EE.UU.), 18 mar (EFE).- La cantante madrileña Christina Rosenvinge volvió esta semana al South by Southwest (SXSW) de Austin (Texas), casi dos décadas después de su primera vez en el festival, con un proyecto íntimo, estrenado hace un mes en España, en el que descubre nuevas “canciones más sencillas y potentes”.

La reconocida cantautora explicó, en una entrevista con Efe, que este álbum nació “en directo” cuando sintió la necesidad de fortalecer la emoción instrumental, dejando en un segundo plano la complejidad de las letras.

Además, reconoció que el disco “Un hombre rubio” posee un enfoque masculino, en una paradójica reivindicación del papel femenino, que en palabras de la artista, busca que la sociedad comprenda que no se trata de “una confrontación de sexos”, sino de “empoderar” a las mujeres en busca de la igualdad.

“La música que uno hace se entreteje con las cosas que le ocurren en la vida, entonces es la suma de tus debilidades y posibilidades, y también de las distintas habilidades que vas adquiriendo”, opinó Rosenvinge.

Con relación al carácter emocional del proyecto, la cantante reveló que todo surge a partir de la canción “Hombre de la plata”, una elegía a su padre, que falleció hace 27 años, y que supuso para ella un conmovedor viaje al pasado, “como una catarsis”.

La compositora considera que “el mejor material que tiene un artista es su propia identidad”, y explica con naturalidad que no es tanto una cuestión de “narcisismo”, sino que uno mismo se puede explorar interiormente con mayor profundidad.

Aunque también, en este trabajo encontró la inspiración en historias ajenas como ocurre, por ejemplo, en la pieza “Pesa la palabra”, donde manifiesta la relación de un padre que es incapaz de expresar sus sentimientos con su hijo.

En este caso, su fuente fueron unas palabras del torero español “El Cordobés”, quien a la salida de un juzgado declaró: “Yo tuve un padre de piedra, quiero que mis hijos tengan un abuelo de verdad”.

“A veces la gente hace poesía sin darse cuenta y, en esos casos, también estoy muy atenta porque me ayuda a componer (…); lo bonito es cuando consigues poner en palabras esos sentimientos, inmediatamente encuentras un reflejo en los oyentes”, añadió Rosenvinge.

Sobre su segunda participación el SXSW de la capital texana, reconoce que el festival ha cambiado de “forma espectacular” desde su visita en el año 2001.

En aquella ocasión, formaba parte de un grupo estadounidense con el que presentaba un trabajo con canciones en inglés, en el que contó como anécdota que, tras el concierto, la gente le preguntaba por su “acento diferente”.

Ahora, 17 años más tarde, la cantante ofreció dos actuaciones con temas en castellano en el marco de “Sonidos de España”, una plataforma del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), encargada de promocionar el talento nacional en eventos como el SXSW.

Este festival es una de las citas más destacadas del panorama musical, ya que durante nueve días más de 400.000 personas acuden a Austin para disfrutar de las novedades de la cultura independiente.

Un espíritu fundamental para Rosenvinge, que considera este circuito un “laboratorio de ideas imprescindible”, ya que en el arte también deben tener valor la experimentación y las vanguardias.

A pesar de que este mercado no es “tan rentable económicamente”, la artista cree que la música debe estar protegida por “gente que lo haga por amor, situación que en Estados Unidos ocurre con más frecuencia”.

Tras esta aventura americana, continuará la presentación del nuevo disco en una gira por algunos de los festivales españoles más reconocidos, como el Primavera Sound; antes de comenzar su recorrido por varios países de América Latina.

“La música es una línea continua, siempre te alimentas de lo que vas haciendo; por eso, la vida de un músico nunca se acaba”, concluyó. EFE