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Cielo encapotado en Javalmbre, se podía haber visto bastante más

José Luis Sorolla

Observatorio de Javalambre (Teruel), 28 ago (EFE).- Los observatorios astrofísicos como el de Javalambre siempre buscan para instalarse espacios con cielos limpios de contaminación lumínica para tener la mejor visión astronómica posible de las estrellas y el universo.

Uno de los enemigos más habituales son los cielos encapotados, y deportivamente en la quinta etapa de la 74ª Vuelta a España sobre el observatorio turolense es lo que hubo. Demasiadas nubes para poder hacer un análisis, que pudo haber servido para obtener unos resultados casi concluyentes porque muchos perdieron tiempo, pero finalmente no llegó a alcanzar toda la fiabilidad que cabía esperar, tal y como terminaron desarrollándose los acontecimientos.

La observación científico-deportiva de los ciclistas en esta ocasión pasó hoja en su calendario laboral para cartografiar una clasificación general todavía más real y disponer de una investigación lo más aproximada posible sobre el desenlace de la carrera.

A la ocasión se le pudo haber sacado todavía más provecho por parte de quienes quieren ganar la Vuelta. Tal vez porque llegó demasiado pronto en el recorrido propuesto por la organización, o porque el golpe de mano de la segunda etapa en Calpe con la subida al alto de Puig Llorença pasó una inesperada factura que permitirá ajustar todavía más el calibre de los esfuerzos para las próximas citas.

Ahora quedan por disputar dieciséis etapas, con mucha dureza, mucho desnivel acumulado y también alguna que otra emboscada inesperada. Probablemente demasiado para lanzar un órdago con demasiado por delante.

El futuro dirá si la oportunidad pasó y no volverá, o al menos no se la exprimió tanto como se podría haber hecho visto lo visto. Posiblemente alguno termine arrepintiéndose de no haberle sacado un poco más de jugo a esta sobresaliente cita.

El análisis fue demasiado sencillo. Los mejores subieron mirándose las caras unos a otros hasta solo cuatro kilómetros del final. Allí la arrancada de Supermán López, respondiendo a la previa del español Alejandro Valverde (Movistar) dejó en evidencia que había bastantes menos fuerzas de las que muchos aparentaban tener.

Lo que habría podido pasar de haber buscado una selección desde el punto de partida del puerto final, a once kilómetros de la llegada, o con una aproximación más agresiva, nunca se sabrá. Tampoco nadie podrá echarle la culpa a que en esta inédita, intensa y exigente subida los intentos llegaron, tal vez, demasiado tarde.

Las espectativas puestas sobre lo que podía acontecer en esta nueva cima, que en un futuro es más que probable que vuelva a ser incluida en un recorrido de la Vuelta, eran muchas. Esta vez la fuga de los Burgos-BH Ángel Madrazo y Jetse Bol, y del Cofidis José Herrada, terminó convirtiéndose en un auténtico regalo para los fugados y un lastre para los hombres del gran grupo del que nadie quiso hacerse responsable.

Tímidamente desde el pelotón lo intentaron los componentes del UAE Emirates en favor de su jefe de filas, el italiano Fabio Aru, y su tapado el jovencísimo esloveno Tadej Pogacar, cuando la escapada todavía podía echarse abajo, pero ninguno de los otros equipos de los favoritos estuvo por la labor.

Así que la etapa se convirtió en una jornada bipolar. Por un lado un trío que iba a disputarse el premio del triunfo de etapa, y por el otro el resto, con el irlandés Nicolas Roche (Sunweb) defendiendo el maillot rojo.

Los tres fugados sabían que habían comprado un décimo de lotería que tenía asegurado el premio, pero solo uno de ellos podría disfrutar de la alegría de disfrutarlo. Cada cual procuró sacar lo mejor de si mismo para hacerse con ese inesperado premio: un triunfo de etapa en una gran vuelta por etapas, algo que ninguno de ellos tenía en su palmarés.

Una victoria de etapa en una gran vuelta cotiza muy alto, por mucho que en esta ocasión los dieciocho equipos del World Tour se mostraron con una disposición inesperada para ofrecer un regalo muy bien envuelto a esos tres escapados que ya sabían lo que escondía el paquete antes de abrirlo.

A la cima turolense le seguirán consecutivamente la no muy dura subida a la castellonense Ares de Maestrat y el viernes afrontarán el complicado Mas de la Costa, con rampas siempre por encima del 10 por ciento hasta llegar incluso al 25 por ciento de desnivel.

La Vuelta no da respiro. Cualquier esfuerzo se puede pagar muy caro y los ciclistas y sus equipos no están por hacer dispendios gratuitos, al menos hasta que no se supere el ecuador de la carrera con todos mejor asentados en la clasificación general. EFE