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Congreso conmemora los 100 años de un símbolo de derechos humanos en Brasil

Río de Janeiro, 13 sep (EFE).- El Congreso brasileño conmemoró este lunes el centenario del nacimiento del fallecido cardenal Paulo Evaristo Arns, que por casi tres décadas fue arzobispo de Sao Paulo, la mayor ciudad del país y se convirtió en uno de los símbolos de la defensa de los derechos humanos y de la democracia en Brasil.

En sesiones públicas separadas, tanto el Senado como la Cámara de Diputados recordaron los 100 años del nacimiento del religioso, que se cumplen el martes, y destacaron su importante papel en la lucha contra la dictadura que gobernó Brasil entre 1964 y 1985.

En la sesión especial en el Senado, convocada por el senador Flavio Arnas, sobrino del religioso, fue destacada la “incansable lucha” del arzobispo de Sao Paulo por la redemocratización de Brasil y su dedicación a los más vulnerables.

El homenaje en la Cámara de Diputados fue convocado por la diputada izquierdista Luiza Erundina, exalcaldesa de Sao Paulo, quien destacó el “compromiso que el cardenal demostró a lo largo de su vida con los más pobres”.

Erundina, legisladora del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), recordó que “don Paulo” llegó a vender el palacio episcopal para usar el dinero para crear centros comunitarios en la periferia de Sao Paulo.

La legisladora recordó igualmente que el arzobispo fue uno de los creadores de la Conferencia Episcopal Brasileña y de las pastorales del episcopado que se dedican al cuidado de niños, ancianos y personas con sida.

“Trabajar por los más vulnerables en medio de la dictadura exigía también oposición activa a la tiranía. No le faltó coraje para denunciar las muertes y las torturas perpetradas por las autoridades ni para enviarle a Jimmy Carter (entonces presidente de Estados Unidos) una lista de desaparecidos políticos en Brasil”, afirmó Erundina.

Arns, religioso de la Orden Franciscana, fue uno de los símbolos más representativos de la lucha contra la dictadura en Brasil pues, en su condición de arzobispo de Sao Paulo, cargo que ejerció entre 1970 y 1998, criticó con dureza las torturas, desapariciones y prisiones arbitrarias que se registraron en la época.

El religioso, que murió en diciembre de 2016 a sus 95 años, se destacó a lo largo de su extensa trayectoria de 71 años de sacerdocio y 50 de episcopado por la defensa de los derechos humanos y de los más pobres.

“Fue un icono en la defensa de los desamparados y los perseguidos y luchó contra la tortura y por el restablecimiento de la democracia. Ni en los momentos más difíciles se negaba a dialogar y trató a todos con respeto, principalmente a los que pensaban diferente”, afirmó el secretario general de la Conferencia Episcopal, Joel Portella Amado, en la sesión en la Cámara Baja.

Sus demandas contra los abusos no se limitaron al ámbito brasileño, puesto que también denunció las violaciones de derechos ocurridas durante la dictadura que sufrió Argentina entre 1976 y 1983, y actuó en defensa de exiliados de varios países latinoamericanos que buscaron refugio en Sao Paulo.

Su intensa actividad social y la repercusión que tuvo en el exterior su lucha contra las dictaduras en la región convirtieron a Arns en una figura clave del catolicismo latinoamericano, que en 1978 le tuvo como uno de sus cardenales “papables” en el cónclave en el que fue elegido Juan Pablo II.

En 28 años de arzobispado (en 1998 presentó su renuncia por límite de edad a precisamente a Juan Pablo II, a quien acompañó en su visita a Brasil en los 80), impulsó la construcción de más de 2.000 comunidades eclesiásticas de base, 1.200 centros comunitarios y 43 parroquias. EFE

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