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Conmemorar la II Guerra Mundial mientras resurge la ultraderecha

Juan Palop

Berlín, 30 ago (EFE).- A un lado de la frontera germano-polaca se conmemora este domingo en Varsovia el 80 aniversario del inicio de la II Guerra Mundial. Al otro, se celebran elecciones en los estados federados de Sajonia y Brandeburgo, donde la ultraderecha va a lograr, según los sondeos, uno de cada cinco votos.

¿No ha aprendido nada Europa de su pasado? ¿Cómo pueden resurgir el nacionalismo y la xenofobia cuando aún quedan supervivientes del Holocausto y de la guerra más mortífera de la historia? ¿Cómo entender que la canciller Angela Merkel acuda a los actos en Polonia mientras en el este de Alemania, donde ella se crió, triunfa la ultraderecha?

Los expertos consideran que el período de entreguerras -que vio el ascenso de Adolf Hitler- y los últimos años guardan ciertas semejanzas, conexiones que invitan a la reflexión e incluso a la alerta. Pero también diferencias fundamentales. La historia, decía el escritor Mark Twain, no se repite pero rima.

“Puede resultar frustrante ver el auge de la ultraderecha en el este de Alemania, pensar que no aprendimos nada”, reconoce a Efe el consultor en comunicación argentino Franco Delle Donne, editor del libro “Epidemia ultra. La ola reaccionaria que contagia europa”.

Señala que la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) recurre a tácticas ya empleadas por el nacionalsocialismo en los años 30 del siglo pasado como la denuncia de un supuesto “enemigo común” (entonces los judíos; ahora, el islam) y el empleo de medios de comunicación sin intermediarios (la radio y las redes sociales, respectivamente).

Pero subraya que el apoyo a AfD en la antigua Alemania oriental también tiene otros “elementos”. “Los ciudadanos del este de Alemania se sienten ciudadanos de segunda”, asegura Delle Donne, que remite a los problemas derivados de la reunificación del país en 1990.

“Las expectativas en el este eran muy altas, creían que se iba a producir un cambio de 180 grados, que Alemania se iba a convertir en algo homogéneo. Pero para vastos sectores de población en el este las promesas se han incumplido”, apunta. De ahí, apostilla, que AfD proponga en su actual campaña en Brandeburgo y Sajonia, “culminar el cambio” de la reunificación.

Este mismo aspecto destaca el español Francisco Uzcanga, germanista, doctor en Filosofía y experto en el período de entreguerras. “Muchos habitantes de la antigua República Democrática sienten aún recelo de sus vecinos del oeste, sufren un cierto complejo de inferioridad y tienen la sensación de haber sido colonizados –en parte ha sido así–, de que les han quitado parte de su identidad”, indica a Efe.

Por eso, agrega Uzcanga, “siempre” ha habido en el este de Alemania “una suerte de partido propio que sirve además de partido protesta, independientemente de la ideología”. Primero fue el postcomunista PDS -que acabó fundiéndose dentro de La Izquierda- y ahora, argumenta, es AfD, pese a situarse en extremos opuestos del espectro ideológico.

AfD, reflexiona, concita al “Wutbürger” (ciudadano indignado) y a la cierta “población receptiva” a la ideología ultraderechista, a la que gusta de “un estado fuerte” y “un líder que ponga orden”, a lo que hay que sumar “ciertas tendencias supremacistas, herederas de una visión eurocéntrica y colonial”.

Para este germanista la diferencia fundamental entre entonces y ahora es que la Alemania de Weimar era “una democracia primeriza y frágil, amenazada por la izquierda y la derecha radicales -más por esta última-“, mientras que el país en estos momentos es “una democracia estable, con un estado de derecho sólido, unas instituciones que funcionan y una constitución aceptada por una gran mayoría”.

“La situación dista mucho de alcanzar los niveles de inestabilidad, caos y violencia de la época de entreguerras”, apostilla este germanista que reconoce, sin embargo, que “el horizonte se ha ensombrecido” últimamente en el país en el que vive.

La violencia ultraderechista ha aumentado de forma considerable en los últimos años, con quemas de centros de refugiados, ataques indiscriminados a extranjeros en las calles -como sucedió el verano pasado en Chemnitz- y el asesinato este 2 de junio del político conservador Walter Lübcke, que defendía las políticas de acogida.

Merkel reconoció recientemente que ya estaban muriéndose los últimos testigos directos de la II Guerra Mundial y el Holocausto y consideró que a continuación comenzaba una nueva era. “En esta nueva fase se decidirá si realmente hemos aprendido algo de la Historia”. EFE