Cuba, sin Fidel y con Trump, debe buscar apertura, dice excoronel panameño

cuba-sin-fidelPanamá, 26 nov (EFE).- Cuba debe seguir en la senda de la apertura tras la muerte de Fidel Castro, y aun más con Donald Trump como presidente electo de EE.UU., para evitar la radicalización política en la región, dijo hoy a Efe el segundo al mando del fenecido régimen militar panameño, Roberto Díaz Herrera.


El coronel retirado, secretario general y jefe del Estado Mayor de Panamá durante los gobiernos militares de Omar Torrijos (1929-1981) y Manuel Antonio Noriega, cree que hay muchas interrogantes sobre la Cuba sin Fidel, el líder de la revolución, fallecido ayer, viernes.

La victoria de Trump (republicano) y sus expresiones radicales sobre el gobierno de la isla ponen a tambalear los avances diplomáticos y económicos que han dado Barack Obama y Raúl Castro.

Para Díaz Herrera, que vivió la guerra fría desde otro gobierno militar, lo peor que puede pasar ahora es que Cuba deje de conversar con EE.UU.

Si ambos países -enemigos históricos hasta hace poco- se dan la espalda, y Cuba consigue refugio en China o en Rusia, “pueden radicalizarse las izquierdas y las derechas” en el continente, advirtió.

Durante su campaña, Trump prometió “dar marcha atrás” a las “concesiones” hacia Cuba, pero los expertos ven improbable que frene en seco el deshielo iniciado por Obama y que ha llevado al restablecimiento de las relaciones diplomáticas y de los vuelos comerciales entre ambos países, entre otros progresos.

En su búsqueda de votos en Florida en las elecciones generales, Trump prometió que “revocaría” las medidas ejecutivas de Obama “a no ser que el régimen de los Castro” restaure “las libertades en la isla”.

Por eso el militar panameño de carrera, que abandonó el cargo antes de denunciar públicamente atrocidades del gobierno de Noriega, cree que ahora el Partido Comunista cubano tendrá que ser líder de la apertura y darle a la juventud los cambios que permitan su entrada al mundo globalizado.

“Los jóvenes admiran a Fidel como a un símbolo, pero anhelan el desarrollo. Quieren viajar, conocer, no estar represados”, añadió el panameño, embajador de su país en Perú de 2004 a 2009.

Sobre el líder cubano, dijo, “siempre se le seguirá llamando ‘liberador’ o ‘tirano’, de acuerdo a la posición con la que se le mire, pero es un icono histórico mundial, inspirador de muchas causas”.

La muerte de Castro, a sus 90 años, parece el último adiós a la era de los grandes caudillos, pero Díaz Herrera, primo de otro hombre fuerte, Omar Torrijos, no cree que la puerta se haya cerrado por completo, y lo atribuye a los “péndulos de la historia”.

El grupo del fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, y el boliviano Evo Morales, frente a la nueva ola de victorias de la derecha -en Argentina Mauricio Macri y en EE.UU. Donald Trump-, son muestra de esas reacciones dialécticas, apuntó.

Díaz Herrera conoció y vio por última vez a Castro en 1982. Ese año estuvo con él en una extensa reunión en La Habana en la que consiguió que el líder cubano aceptara mediar para que el primer gobierno sandinista, de Daniel Ortega, rehusara recibir unos aviones caza rusos que, sin haber llegado a Managua, “erizaban” a los gobiernos de Centroamérica y el hemisferio.

Panamá sirvió como una especie de mediador en esa breve tensión, en plena guerra fría, por la amistad y el cariño que tuvo Castro por Omar Torrijos, quien en 1974, con su pequeño país prácticamente ocupado por Estados Unidos, desafió a la imposición norteamericana de que las otras naciones debían aislar a Cuba.

Desde ese gesto de Torrijos, Panamá y la isla han tenido relaciones, con dos interrupciones.

La primera, de 1990 a 1994, como consecuencia de una crisis política bilateral derivada de la invasión de EE.UU. a Panamá, y luego entre 2004 y 2005, por el indulto que dio la expresidenta Mireya Moscoso a cuatro anticastristas acusados de querer atentar contra Fidel Castro durante la X Cumbre Iberoamericana, en ciudad de Panamá, en el año 2000. EFE