DAGUERROTIPOS

La gigantesca venta del aplauso.- Así fue anunciada la venta del 5 de julio de 1954 de Almacenes Las Novedades, pues según decía la publicidad los durangueños darían su más estruendoso aplauso para los precios devaluados, y en efecto los fondos de seda para dama estaban a $3.95, las playeras grandes para hombre a $2.45 y las preciosas blusas nylon a $13.75, además de fantásticas ofertas para todas las familias, las que fueron muy bien recibidas y en una nada con aplausos de los durangueños.

La ambulancia que carecía de sirena.- Por el mes de julio de 1954 la ambulancia del Hospital Civil carecía de sirena de alarma para abrirse paso en las emergencias, fue así como el 29 de julio del año citado no pudo abrirse paso para asistir a un lesionado en la Penitenciaría del Estado, ya que esa tarde se verificaba un desfile del Congreso de la Reafirmación de la Fe y la ambulancia no pudo abrirse paso entre la multitud.

Bibiano González Campeón Nacional del kilómetro contra reloj.- El 24 de julio de 1954 Bibiano González al participar en los XXX Campeonatos Nacionales de Ciclismo en la ciudad de Torreón, conquistó el Campeonato Nacional Contra Reloj, rompiendo de paso el record mundial al parar las manecillas en un minuto, nueve segundos, cinco décimos.

El Señor del Santo Entierro.- Dice la conseja popular que un día muy lejano pasaron por Santiago Papasquiaro unos viajeros pobres y le pidieron a una señora y a su joven hija les permitieran encargarles un cajón por el que pasarían después, y que como trascurrieran días sin que lo hicieran, un joven se asomó por un resquicio del cajón, percibiendo un fuerte olor a flores y una figura que creyó un cadáver, por lo que le comunicó a su madre sus sospechas. Abierto que fue el cajón por las autoridades y el sacerdote, certificaron que se trataba del Señor del Santo Entierro, por lo que fue conducido a la iglesia convirtiéndose en el Santo Patrono de Santiago, al que desde entonces para acá se le rinde culto cada 22 de junio. También se dice que un 22 de julio, día de la Magdalena, el señor del Santo Entierro sudó sangre por la frente, mejillas y cuello, por lo que los feligreses asombrados secaron aquella sangre que brotaba por todo el cuerpo con algodones que guardaron como reliquias, levantándose de todo aquello un acta firmada por autoridades y por todos los que presenciaron aquel fenómeno digno de nota y de registro.