DAGUERROTIPOS

La muerte de José Carrillo.- El general José Carrillo, de las fuerzas revolucionarias de Domingo Arrieta León, murió en la ciudad de México el 16 de abril de 1923, aquejado de pulmonía. Valiente como era, debió de haber muerto por una bala, ¿quién iba a decir que una vulgar pulmonía se llevara su existencia?

 

Médicos generosos.- Los doctores Carlos León de la Peña y Rafael Reyes Avilés, médicos cirujanos de la Facultad de Medicina de México, vacunaban diariamente de manera gratuita a los pobres todas las tardes de  3 a 4, en sus consultorios de Constitución 54 y Pino Suárez, número 80.

 

Telegramas.- Por el año de 1918 circuló este periódico, cuyo director propietario era  Mauricio L. Sánchez, quien después dirigiría la Revista Durangueña El Comercio y tiempo después Diario de Durango. Como jefe de Redacción figuraba Victoriano Alonso, que después dirigiría La Voz de la Revolución. Telegramas tenía sus oficinas en 6ª. de Victoria 62 y 64, Apartado Postal  No. 131, teléfono número 449. Su lema en latín y español era “Hacer el bien, por el bien mismo”. El precio del número suelto era de cinco centavos.

 

Las derrotas de Villa.- El año de 1918 fue el ocaso de los villistas en Durango, los derrotaban aquí, los derrotaban allá y los derrotaban más allá, incluyendo a las fuerzas mandadas por el propio Francisco Villa, que ya no sentía lo duro sino lo tupido. Así por ejemplo el 26 de febrero de 1918 ataca El Oro, Dgo., por diferentes rumbos, valiéndose de las fuerzas de su hermano Hipólito, Canuto Reyes, Martín López y Jerónimo Padilla, pero una y otra vez fue rechazado por las fuerzas de Gabriel Gavira, hasta que no le quedó más remedio que retirarse a Tepehuanes, no sin antes pasar por Magistral y saquearlo, pero la pagó en Tepehuanes en donde fue otra vez derrotado por completo, por las fuerzas de Joaquín Amaro, Miguel Aguirre y J. Espinoza Córdova.

 

Laguneros muertos en terrible naufragio.- Frente a las costas del Pacífico murieron varios laguneros de Torreón y Durango, por el mes de junio de 1924, siendo ellos Pedro J. Fernández, Luis B., Jesús y Salvador Sánchez, Carlos Díaz de León, Jesús Morales, Eugenio de la Parra, Ricardo Blake, Eduardo Medillín, José María Morales y otros más, que hicieron en total un número de treinta, cuando hacían un viaje de recreo en un remolcador, naufragando a ciento cincuenta millas de Salinas Cruz. Todos ellos eran importantes cultivadores de algodón, que se proponían invertir en la Costa Chica del Estado de Guerrero.