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David Sarnow: La nacionalidad española como marca genética

Ana Cárdenes

Jerusalén, 30 oct (EFE).- David Sarnow es mexicano, israelí y ahora también español. Es uno de los menos de mil descendientes de sefardíes en Israel que ha logrado la nacionalidad española por carta de naturaleza tras una ley aprobada en 2015 cuyo plazo acaba esta media noche, y siente que su españolidad es “una marca de ADN”.

“Yo me críe en México hasta los 28 años”, narra a Efe este ciudadano de Rishon Lezion (oeste de Israel), que añade de inmediato que, pese a sus orígenes, siempre sintió una “fortísima conexión con España”. Aunque creyó durante décadas de que sus cuatro abuelos, judíos, eran ashkenazíes (originarios de Europa), toda su vida sintió la conexión con el que hoy es también su país.

“No sabes cómo me marcaba España, es algo que no se puede explicar”, rememora.

Recuerda con precisión el día en que un amigo mexicano le habló de la ley que estaba cerca de aprobarse y le dijo: “Yo os voy a hacer a vosotros españoles”. “Lo recuerdo y se me eriza el vello”, narra emocionado. Cuando la ley se hizo realidad, abrió de inmediato una investigación de su pasado.

“Hicimos un estudio de raíces sobre algo de lo que estuvimos seguros durante toda la vida: que teníamos sangre sefardí. No lo sabíamos, pero al mismo tiempo estábamos seguros”, recuerda. Y añade: “Yo tengo un vínculo con España muy fuerte. Y dicen que cuando sientes una conexión así con una tierra, es una marca de ADN”.

El proceso no solo le ha valido un pasaporte a él, su hijo Itai, de 26 años, sus hermanos y sobrinos (nueve personas en total, mientras su hija Noa, de 22, aún lo está esperando), sino que también le ha servido para llevar a cabo un viaje apasionante por sus raíces y aclarar un pasado que intuía, pero del que no tenía constancia.

“Desde chico, mi hijo todos los trabajos para el colegio que había que hacer los hacía de España, no de México. ¡Y tienen nacionalidad mexicana!”, resalta.

Sarnow estudió a su familia hasta cinco generaciones atrás y descubrió que su abuelo materno, que venía de Transilvania, de Cluj Napoca, y llegó a México en la década de 1920, tenía procedencia sefardí, aunque nunca lo contó.

“Era de los pocos que no hablaban yidish, cuando llegó a México nunca se unió a la comunidad ashkenazí, se casó en una sinagoga sefardí y estudió inmediatamente Farmacia en la universidad. ¿De dónde tenía conocimiento del español, viniendo del Imperio Austro-húngaro?”, se preguntaba.

Una vez en tierras latinas, habló “un español perfecto, pero con un acento peculiar, que ya hoy relaciono directamente con los turcos que hablan ladino. Es como si las piezas de un puzzle empezasen a encajar. En retrospectiva todo toma sentido”.

Descubrieron que sus antepasados se apellidaban Blanco, nombre que cambiaron “cuando en 1794, cuando el emperador austro-húngaro obligó a germanizar los nombres, cambiándolo a Waizman, hombre blanco, en alemán”.

Además de darle forma y justificación a su pasión por España, que asegura sus hijos han heredado, el proceso les abre una puerta a Europa, algo que, como judíos, no dejan de valorar.

“No puedo decir que mi sueño fuera tener el pasaporte español, pero como judío de la diáspora, digo que a nosotros nos enseñaron que el judío siempre necesita otra opción. Está en el ADN de nuestra cultura, por lo que ha pasado la judería mundial a lo largo de la historia”, explica.

Un aspecto que agradece es que, según el espíritu de la ley, se le diese una partida de nacimiento española, reconociendo así su nacionalidad desde que nació.

Preguntado sobre cómo se sintió cuando recibió el sobre con la comunicación, ríe y dice: “No fue tan romántico, ¡fue un e-mail en inglés!”. Pero se llena de buenas palabras para con la Administración española, “tanto la consular como las de Madrid y Málaga, por su decencia y su trato fantástico”.

“Algo lindo que hicieron fue que juntaban en la embajada a todos los que tenían que jurar lealtad a la Constitución y al rey esa semana o mes, y se hacía una ceremonia bonita con todos y sus familiares, y daban un discurso bonito. La mitad de la gente no entendía nada, yo les traducía”, rememora jocoso.

Firmó los papeles en una notaría en Marbella, en San Pedro de Alcántara, en 2016, obtuvo el certificado en mayo de 2017 y en diciembre de ese año juró lealtad a su nuevo país.

El rastro que siguió, no pudo esclarecer todo su pasado hasta el siglo XVI: “No sabemos dónde es nuestro origen, pero yo me siento como andaluz, allí me siento en casa”, dice. Su nevera está llena de recuerdos de Sevilla, Córdoba y Granada, pero también de Toledo, y sus llaves guardadas en un llavero de la selección.

Sarnow está vinculado a una asociación en Málaga que se llama Kaminos de Leche i Miel, una institución de renovación del vínculo sefardí con España que también ayuda a la gente a tramitar la nacionalidad, por lo que tras su caso ha ayudado a otros a recorrer el camino legal.

“Al principio (en Israel) hubo frustración, por la exigencia del idioma sobre todo, porque el (Instituto) Cervantes se saturó completamente. En México (donde los descendientes de sefardíes no tienen que dar la prueba del castellano) no había cita hasta julio de 2020 para el examen” de comportamiento cívico, “un test muy fácil, que se hace en cinco minutos. Pero la gente que no tiene relación con España, sí tiene que estudiar un poco”.

México es, junto con Venezuela, el país donde más solicitudes se han presentado -más de 6.000, frente a las menos de 900 en Israel-, un dato que no le extraña “por la situación y dificultades que se viven en esos países”.

Tampoco olvida su proceso Yosi Ben Naim, el primero en Israel en obtener la nacionalidad con la nueva ley, que resalta “la iniciativa tan hermosa del Gobierno, un gran paso para con el pueblo judío, con los sefardíes que mantuvieron su lengua durante 500 años”.

Este hijo de marroquíes emigrados el siglo pasado a Israel, asegura: “Todos los que hemos recibido este pasaporte tenemos mucho respeto por lo que hizo el Gobierno. Nos mostró que quieren tener buena relación con el pueblo que fue expulsado. Que no olvidaron lo que pasó hace cinco siglos. También nos acerca a España, nos hace más vinculados a tu historia”. EFE

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