E P I S C O P E O

Informe del P. Provincial Nicolás de Arnaya,  al P. Superior General en Roma (1)

Este informe sobre la Residencia de la Compañía de Jesús en Guadiana y la rebelión de los tepehuanes en noviembre de 1616, está firmado en Cd. de México el 18 de mayo de 1617 e incluye unas 125 páginas, que yo iré desgranando en una larga serie de entregas, durante este año 2016 en que, del 16 al 21 de noviembre conmemoraremos 400 años del martirio de ocho misioneros jesuitas, un franciscano, un dominico y muchos laicos españoles, indígenas, criollos y negros.

Vayamos al Informe Provincial: Para noviembre de 1616, “la Villa de Durango o Guadiana, era cabecera de la Provincia de la Nueva Vizcaya, en que residían autoridades virreinales, habiendo en ella una Casa de la Compañía de Jesús, cuyo superior lo era también de Parras y Tepehuanes; las misiones entre Acaxees y Xiximíes, estaban sujetas al Visitador de las otras misiones de Sinaloa, por haber participado cual más cual menos de la conjuración de la nación tepehuana, que puso en aprietos a  los españoles  y a la nueva Cristiandad; sucediendo uno de los más lastimosos alzamientos y conjura, que se ha visto en las Indias”.

“Murieron a manos de los Tepehuanes ocho misioneros jesuitas, un franciscano y un dominico; perdido el temor de Dios y apostatando de la fe, profanaron y quemaron templos, hicieron escarnio de las vestiduras y ornamentos sacerdotales; adoraron a un nuevo dios, por sugestión y moción del demonio”.

“La causa pues y el origen de esta conjuración fue el mismo demonio, por medio de Quatlatas, indio viejo, hechicero tepehuán, bautizado, apostata e idólatra, quién removió toda esta nación, fácil de suyo y belicosa, la más difícil y repugnante que ha habido en todas estas naciones para la institución de las buenas costumbres e instrucción de la doctrina evangélica. Este viejo, durante la Cuaresma anterior, después de recorrer todo el territorio con un ídolo, entró a los pueblos de Santiago y del Tunal, vecinos de la Villa de Guadiana. Hechas algunas diligencias por el Gobernador don Gaspar de Alvear…, y recibidos algunos testigos del autor de esta novedad, fue castigado y azotado con otros que se hallaron más culpados, no pudiéndose averiguar ni entender cosa alguna perteneciente al levantamiento, más de entenderse fuese una superstición de las que los indios suelen usar; más después acá, aunque este indio viejo y los demás pretendieron dar color y pretexto de piedad a su idolatría, haciendo demostración de un Crucifijo , y diciendo que aquel dios era el que ellos daban a adorar, ardid y traza (apariencia) del demonio”.

“Más el efecto y verdad ha mostrado  que los guiaba el padre de la mentira, porque este mismo viejo hechicero introdujo la idolatría, adorando él y haciendo adorar un ídolo en el pueblo de Tenerapa, persuadiéndoles de sí mismo, que era dios de la tierra, hijo del sol, que es dios del cielo; y que ambos estaban ofendidos  y enojados, de que, habiendo señalado por tierra y patria a los españoles, los Reinos de España, sin su licencia hubiesen pasado a estas partes, y apoderándose de sus tierras, e introduciendo la ley evangélica, de que los quería librar. Para cuyo efecto, y para desenojar a sus dioses, convenía pasar a cuchillo a todos los antiguos cristianos, principalmente a los Sacerdotes que los doctrinaban, y a los españoles; y que de no hacerlo así, se les seguiría gran castigo de enfermedades, pestilencias y hambres”.

“Y de obedecerla, (prometía)seguridad de sus vidas, y victoria contra los españoles, porque los que así lo hiciesen, aunque muriesen en la demanda, resucitarían dentro de siete días después de alcanzada la victoria, y los viejos y viejas, volverían a su primera edad y acabados los españoles, primero los vecinos, que eran pocos, y después los demás, impediría él, como Dios, el paso y navegación de nuevos españoles a estas tierras, causando tempestades en el mar y hundiendo los navíos”.

“Como prueba y argumento de su doctrina, y ejemplo de castigo para ponerles miedo, (pregonaba que)  un indio de Tenerapa llamado Sebastián y una india natural de Papasquiaro llamada Justina, que por su mandato y en venganza de no haberlo obedecido, se había abierto la tierra y tragádolos; cosa que aquestos indios tienen por cierto y sin duda. Y otro indio llamado Lucas, que se tragó la tierra en Cacaria”.

Por los datos de la entrega anterior y de la presente, notemos la creencia de muchos bautizados y de los mismos Misioneros Jesuitas, en  la  influencia del padre de la mentira, el demonio, en las personas y en los duendes, en los hechizos o embrujos.

Héctor González Martínez

 Obispo Emérito