Ejecución de clérigo chií tensa las relaciones entre Riad y Teherán

 Teherán, 3 Ene (Notimex).- La ejecución del prominente clérigo chií Nimr al-Nimr en Arabia Saudita desató la ira de los iraníes y de su líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.  
La muerte del clérigo va más allá de la ejecución de un acusado de terrorismo, es una afrenta a los chiíes por parte de los sunitas, que enfrenta a las dos ramas del islam.

Por lo que el líder iraní condenó este domingo la ejecución señalando que al-Nimr, “ni invitó a la gente a tomar las armas ni albergaba tramas ocultas. Lo único que hizo fueron críticas públicas.

La ejecución de al-Nimr no solo ha provocado fuertes reacciones en la provincia oriental de Arabia Saudita, sino también en toda la región y especialmente en Irán, lo que agrava aún más el conflicto sectario entre chiíes y suníes.
En represalia, la embajada de Arabia Saudita en la capital iraní fue atacada la madrugada de este domingo por manifestantes que protestaban por la ejecución del clérigo chiíta Nimr Baqer al Nimr, junto a otras 46 personas.

Videos que circularon en las redes sociales mostraban a numerosos manifestantes que irrumpieron en la sede de la embajada y le prendieron fuego, mientras otras imágenes mostraban oficinas destruidas por los inconformes.

Según un despacho de la cadena árabe de noticias Al Yazira, unos mil manifestantes se dieron cita afuera de la embajada saudita en Teherán, en torno a la cual fueron desplegadas fuerzas especiales de la policía iraní desde la noche del sábado.

El clérigo, considerado uno de los líderes de la Primavera Árabe de 2011, desató la ira de la comunidad chiíta en Líbano, Irak, Yemen y sobre todo Irán, el enemigo declarado de Arabia Saudita.

Riad ejecutó a Al Nimr este sábado junto a otras 46 personas bajo los cargos de terrorismo, desobediencia civil y apostasía.

La ejecución del clérigo complica más la relación de Arabia Saudita con el gobierno que encabezan los chiíes en Irak. El viernes, la embajada saudí en Bagdad había vuelto a abrir sus puertas por primera desde hace casi 25 años.

Ya para el sábado, el primer ministro iraquí Haidar al-Abadi afrontaba exigencias de que ordenara el cierre de la embajada saudita.
Centenares de simpatizantes de al-Nimr también escenificaron protestas en al-Qatif, la localidad natal del jeque en el este de Arabia saudita, en el vecino Bahreín, donde la policía utilizó gas lacrimógeno y disparó perdigones, y en latitudes más distantes como el norte de India.

En tanto, el ex primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, predijo que la ejecución del clérigo propiciará el derrocamiento del gobierno absolutista de la familia Al Saud.

Al Nimr, quien tenía 55 años y era un crítico feroz de la dinastía Al Saud, fue el líder de un movimiento de protesta que estalló en 2011 en el este del país, donde vive la mayor parte de la minoría chiíta, una comunidad que se siente marginada.
El prominente clérigo había sido condenado a muerte en octubre de 2014, casi dos años después de ser detenido por apoyar los disturbios contra las autoridades sauditas que estallaron en febrero de 2011 en la provincia de Al Qatif, en el este del país y de mayoría chiíta.

El clérigo junto con otras 46 personas -44 sauditas, un egipcio y un chadiano- fueron ejecutados en 12 lugares del reino, después de que sus condenas fueron confirmadas por el Tribunal Supremo y ratificadas por el rey Salman.

Tanto los chiítas y sunitas comparten las mismas prácticas religiosas, rinden culto al mismo Dios, obedecen los cinco Pilares del Islam y siguen las enseñanzas del Corán, pero existe entre estas dos corrientes diferencias irreconciliables que por siglos han perpetuado el odio y la división.
Estas diferencias arrancan en el año 632 D.C., después de la muerte del Profeta (Mahoma), al desatarse una lucha de poder para determinar quién debería ser su heredero.

Para una de las facciones presentes (los luego llamados chiítas), el líder espiritual debía ser un descendiente directo del profeta Mahoma, mientras que para la otra (los sunitas) debía ser elegido por la comunidad y no necesariamente tenía que ser un descendiente directo del Profeta.

Entre los países sunitas se encuentran Arabia Saudita, Afganistán, Pakistán, Jordania, Kuwait, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Túnez, Catar, Libia, Turquía y Siria.

En tanto, los chiítas están conformados por Irán, Azerbaiyán, Bahréin, Irak y Líbano.