El auge de la ultraderecha sueca confirma ascenso del extremismo en Europa

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Redacción Internacional, 11 sep (EFE).- El ascenso del partido ultraderechista Demócratas de Suecia en las elecciones del pasado domingo ha confirmado una vez más el auge de las fuerzas extremistas en gran parte de Europa.

Demócratas de Suecia (SD) subió cinco puntos y consolidó en los comicios su condición de tercera fuerza con el 17,6 %, lo que puede otorgarle un papel decisivo en la formación de un nuevo Gobierno en Suecia, donde aspira a romper el aislamiento al que lo someten el resto de fuerzas por su carácter xenófobo.

El ascenso de la ultraderecha en Suecia no es un caso aislado en el continente europeo, donde preocupan especialmente los casos de Italia, Alemania y Francia, sin olvidar los países del este europeo.

Ejemplo claro del auge de fuerzas radicales es Italia, donde la ultraderechista Liga de Matteo Salvini obtuvo el mejor resultado de su historia en las últimas elecciones generales de marzo, con cerca del 18 % de los votos, frente al 4 % de los anteriores comicios.

Después de meses de negociación, la Liga formó un gobierno de coalición con el antisistema Movimiento 5 Estrellas, que había sido el partido más votado con el 32% de los votos.

Desde que asumió el poder este Ejecutivo el 1 de junio, Salvini, vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior, ha implementado una política de mano dura contra la inmigración ilegal, prohibiendo que los barcos de ONG con personas salvadas en el mar atraquen en los puertos italianos.

En Alemania, escenario en las últimas semanas de desordenes racistas, la principal formación de ultraderecha es Alternativa para Alemania (AfD), que en las elecciones generales de 2017 entró en el Parlamento federal con el 12,6 % de los votos.

Actualmente, AfD tiene representación en 14 de los 16 parlamentos regionales y las encuestas apuntan a que accederá a los dos restante en los próximos comicios de estos dos estados federados, previstos para octubre.

En Francia la ultraderechista Agrupación Nacional, nombre con el que el pasado marzo fue rebautizado el Frente Nacional, ha mostrado un crecimiento exponencial en los últimos años, aunque en 2017 solo obtuvo ocho diputados, lejos de los quince necesarios para formar grupo parlamentario.

En las presidenciales del año pasado, su líder, Marine Le Pen, reunió más de 10,6 millones de votos en la segunda vuelta contra Emmanuel Macron, el doble de los que obtuvo su padre, Jean-Marie, en 2002.

En las elecciones al Parlamento Europeo en 2014 acabó además como la fuerza más votada con un cuarto de los sufragios, y aunque en las regionales de 2015 logró un récord histórico de votos, con 6,8 millones de sufragios, no consiguió colocar a ningún candidato al frente de un Ejecutivo regional.

En Austria, el Partido Liberal (FPÖ) fue la tercera fuerza más votada en las elecciones de octubre de 2017, con el 26 % de los votos, asimismo con un discurso ultranacionalista, antiinmigración y antimusulmán.

Actualmente gobierna en coalición con el Partido Popular austríaco, que ha asumido buena parte de su mensaje contra los inmigrantes, y su Ejecutivo, precisamente, se plantea reducir los derechos de los extranjeros y restringir las políticas de asilo.

En Hungría el ultranacionalista y xenófobo Jobbik logró el pasado abril el 20 % de los votos, tras lo que sufrió una escisión de la que surgió el aún minoritario Movimiento Nuestra Patria, una fuerza más radical que aboga por la reintroducción de la pena de muerte y la celebración de un referéndum de salida de la UE.

Aunque integrado en el Partido Popular europeo, el Fidesz del primer ministro magiar, Viktor Orbán, ha ido girando hacia posturas más radicales, especialmente en materia de inmigración, con las que el pasado abril logró una mayoría de dos tercios en el Parlamento.

En República Checa, Libertad y Democracia Directa (SPD), liderado por el checojaponés Tomio Okamura, logró ser el cuarto partido más votado en 2017, con el 10,6 % de los votos.

En Eslovaquia, la ultraderecha está representada por el Partido Popular Nuestra Eslovaquia (LSNS), de origen neonazi, que obtuvo el 8 % de los votos en los comicios de 2016.

Mientras, en Polonia gobierna con mayoría absoluta desde 2015 Ley y Justicia, una formación nacionalista y ultraconservadora a la que Bruselas ha abierto un procedimiento por socavar el Estado de derecho.

En el Reino Unido la extrema derecha no tiene representación parlamentaria, y la formación de derecha populista Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) no consiguió ganar ningún escaño en las elecciones generales de 2017.

En los comicios europeos de 2014 el UKIP obtuvo 24 eurodiputados, y en las generales británicas de 2015 consiguió solo uno, si bien ha tenido un mayor apoyo del electorado en comicios locales.

En Dinamarca el Partido Popular Danés (DF), la segunda fuerza más votada en las generales de 2015, con el 21,1 %, es el socio externo del Gobierno liberalconservador en minoría, un papel que ha ejercido con todos los ejecutivos de centroderecha desde 2001.

En Noruega el Partido del Progreso (Frp), tercera fuerza con el 15,2 % en las elecciones de 2017, forma parte del Gobierno de coalición con los conservadores desde 2013, al que se unió hace unos meses el Partido Liberal.

Finlandia, por su parte, tiene en la oposición al partido de extrema derecha Verdaderos Finlandeses, la quinta fuerza en el Eduskunta, que formó parte de la coalición de Gobierno hasta 2017.

Mientras, en Holanda el Partido de la Libertad (PVV), del ultraderechista Geert Wilders, es la segunda fuerza parlamentaria, pero fue relegado a la oposición por la coalición del Gobierno, formada por liberales, socialdemócratas, progresistas y cristianos, que rechaza su discurso racista y eurófobo.

En el Báltico, en Letonia la ultraderechista Alianza Nacional, cuarta fuerza en el Saeima, es socio minoritario en el tripartito que gobierna; en Lituania, el Orden y Justicia, del mismo signo y la sexta fuerza en el Seimas, apoya desde fuera al Ejecutivo, mientras que en Estonia el Partido Popular Conservador, de extrema derecha, se encuentra en la oposición en el Riigikogu.

España y Portugal son los dos países de la UE donde la presencia de la ultraderecha es mínima y ni siquiera cuenta con representación parlamentaria. EFE