El Brujo: Hoy se confunde la libertad de expresión con la libertad de ofender

Lorena Cantó

La Habana, 13 oct (EFE).- La libertad de expresión es la esencia misma del teatro, pero a menudo se confunde con “la libertad de ofender estúpidamente a alguien” de una forma “banal, ignorante y cutre”, opina el actor español Rafael Álvarez “El Brujo”, quien no obstante rechaza que se deba ir a la cárcel por ello.

“La libertad de expresión a cada uno le sale según el talento que tiene. Hay quien no tiene ningún talento y la usa de manera tosca”, aseguró el dramaturgo en una entrevista con Efe en La Habana, donde esta semana llevó a escena su mítico “Lazarillo” y “Autobiografía de un yogui”, de Paramahansa Yogananda, dentro de la Semana de España en Cuba.

Álvarez, un nombre imprescindible de la escena española, recalcó que la libertad de expresión es “la naturaleza misma del teatro desde los griegos” -“a Esquilo lo juzgaron los sacerdotes por revelar secretos”-, pero mucha gente “no entiende esa maravillosa esencia”.

Aludió, como ejemplo, al caso del actor Willy Toledo, quien hizo unas polémicas declaraciones ofensivas hacia el sentimiento religioso por las que está siendo procesado en España, algo con lo que tampoco está de acuerdo “El Brujo”.

“Lo que ha dicho es de mal gusto, es zafio porque ofendes a mucha gente, pero no es para meter en la cárcel a nadie ni para hacerle un juicio como si estuviéramos en los tiempos de la inquisición, eso está completamente fuera de lugar en la sociedad en la que vivimos”, sostuvo.

Unos tiempos en los que para llenar un teatro es imprescindible haber aparecido antes en pantalla. Actuar en series “que veía todo el mundo” como Juncal o Vísperas ha permitido al actor seguir subiéndose a las tablas, muy consciente de que el favor del público lo es todo en el teatro.

De ahí las licencias humorísticas con las que “El Brujo” va acotando su monólogo en el “Lazarillo” para regocijo del público e indignación de la crítica que le ha “puesto a caldo”.

“Pero yo sabía que tenía que vivir del público, seducirlo. Yo he rifado hasta un jamón en el escenario. Y luego he aprovechado ese crédito para contar lo que quería”, explica.

Y así, desde que estrenó el “Lazarillo” en 1992, la obra ha recorrido unos veinte países, se ha representado más de 3.000 veces y acumula un millón de espectadores, pero ninguna ha sido igual a la otra, porque en este cuarto de siglo el texto y las chanzas han crecido con “El Brujo” y “cambiado con España”.

Ahí está la clave de la longevidad de una obra que empezó en la época de Felipe González, “el momento eufórico del socialismo” en España y transitó por otros tres gobiernos -uno socialista y dos conservadores- hasta hoy, cuando pasan cosas que en 1992 “ni las imaginábamos”, como el conflicto separatista catalán.

“El Lazarillo absorbe todo, su recurso siempre es la supervivencia frente a la adversidad. El pícaro se adapta, yo he sobrevivido a una crisis económica en un país donde el teatro ha estado gravado con un 21 % de impuesto cuando el fútbol tenía un 10 % (…). Todo eso ha hecho que el personaje se enriquezca, que yo lo entienda mejor y haga el texto más actual y cercano al publico”, argumenta.

¿Es la picaresca de ayer la corrupción de hoy? “El Brujo” cree que sí, porque los personajes de “El Lazarillo” o “El Buscón”, perfectos desde el rasero literario, no plasmaban la realidad de un Siglo de Oro en el que “el pícaro real es el noble, no el muerto de hambre”.

“La picaresca degradada que lleva a los estados de deterioro de la vida pública es la de la corte, del asesor, el valido, el marqués, cómo vendían y compraban favores. La mentalidad insolidaria estaba en la corte y hoy, en la comunidad autónoma, el ayuntamiento, la judicatura… Es un modus operandi que viene de unos patrones de hábito mentales arraigadísimos en la vida colectiva”, asevera.

Horas antes de su primera actuación en Cuba, el dramaturgo, que ha recorrido América de punta a punta con sus obras, cree que la escena latinoamericana es “inexistente ahora” en comparación con sus años de juventud, “los del grupo Rajatabla, la movida del teatro independiente, García Márquez, el Festival de Teatro de Bogotá”.

“Antes había un cierto prestigio de la izquierda revolucionaria y los movimientos intelectuales y ahora hay un desprestigio (…). Ahora no puedes ir a París diciendo que (el presidente venezolano, Nicolás) Maduro es el libertador, es ridículo, es grotesco. Ha cambiado el decorado y los puntos donde se sitúa cada uno”, reflexiona.

En su horizonte, un proyecto ilusionante: llevar sus dos obras de juglar, el “Lazarillo” y “Autobiografía de un yogui” a la India, pues “que ese libro vuelva a oriente desde occidente hecho por un cómico español” es algo que quiere hacer “aunque sea gratis”. EFE