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El Consejo de Europa cumple setenta años de combate por la democracia

Javier Aguilar

Estrasburgo (Francia), 4 may (EFE).- El 5 de mayo de 1949, cuatro años después del final de la Segunda Guerra Mundial, diez países firmaron en Londres un tratado para promover sus ideales comunes y favorecer su progreso económico y social. Nacía así el Consejo de Europa, que este domingo celebra su septuagésimo aniversario.

Los ministros de Exteriores del Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Irlanda, Suecia, Noruega, Dinamarca y Luxemburgo sellaron con ese pacto los tres pilares de la organización, centrada en la defensa de los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho.

La sede se fijó en Estrasburgo, en la frontera entre Francia y Alemania, como símbolo de la reconciliación tras el conflicto bélico.

El primer ministro británico Winston Churchill ya había expresado en 1942 su deseo de que “la familia europea actuara unida, bajo la autoridad de un Consejo de Europa”. Cuatro años después, llamó a crear “una especie de Estados Unidos de Europa”, que se materializó en ese organismo.

En 1953, con Grecia, Islandia, Turquía y Alemania como nuevos miembros, se anotó su primer hito: la entrada en vigor del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que protege los derechos a la vida, a la libertad y a la seguridad o prohíbe la tortura.

El convenio permitió después que un ciudadano pudiera demandar a su país por incumplimiento del tratado, y es el texto en el que se basa el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), creado en 1959, para pronunciar las cerca de 22.000 sentencias dictadas desde entonces.

Una de las primeras acciones del Consejo fue la creación de un fondo ante los daños causados por la guerra. Hoy es el Banco de Desarrollo, que financia proyectos sociales.

¿Pero qué es una organización sin una bandera que la represente? El Consejo lanzó un concurso de ideas y recibió como propuestas hasta la figura de un tigre.

El círculo de estrellas doradas con fondo azul fue finalmente aceptado. Alemania quería catorce frente a las quince que suponían considerar al “Land” (estado federado) de Sarre como entidad política independiente, pero los franceses no validaron esa cifra y, después de que por superstición se vetara que fueran trece, hubo consenso en torno a las actuales doce.

Tal fue el éxito del diseño que fue adoptado como bandera oficial de la Unión Europea (UE) en los ochenta.

Si el Consejo tardó cuatro años en tener una bandera, le llevó veintitrés contar con un himno. Y eligió el “Himno a la Alegría”, de la Novena Sinfonía de Beethoven, que en 1985 también fue elegido por la UE.

El Palacio de Europa, sede del Consejo, fue inaugurado en enero de 1977. El edificio, de cristal, aluminio y gres rosado, simboliza una fortaleza, la fuerza de Europa, y celebró hasta 1999 las sesiones del Parlamento Europeo.

Otro hito es su lucha por la abolición de la pena de muerte. En 1983, un protocolo al convenio incluyó por primera vez la prohibición de la pena capital en el derecho internacional y, desde 1997, la organización conforma a través de sus miembros un espacio libre de esa condena.

Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, comenzó la entrada de los países del Este. 

Emocionante fue el discurso en 1990 del primer ministro checo Václav Havel, quien dijo: “Podríamos vivir mejor en la Tierra si nos atreviéramos, de vez en cuando, a mirar las estrellas”.

Hoy el Consejo cuenta con 47 Estados. Además de los de la Unión Europea, otros como Rusia, Azerbaiyán, Suiza o Andorra. 

España fue aceptada en 1977 bajo el compromiso de tener una Constitución democrática, que se aprobaría un año después.

Aparte de su Secretaría General, sus dos órganos principales son el Comité de Ministros, que reúne a los representantes de los gobiernos, y la Asamblea Parlamentaria (APCE), que acoge a diputados y senadores de los parlamentos nacionales.

Tiene también instituciones que vigilan el cumplimiento de la Carta Social europea y los compromisos contra la tortura, la corrupción o la violencia contra las mujeres.

Ante la nueva década, afronta el reto de solucionar la crisis con Rusia, que no paga su contribución desde junio de 2017 por la suspensión de su derecho a voto en la APCE en 2014 y que, si no se resuelve, podría acabar con la salida del Estado miembro del Consejo más poblado. EFE

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