“El cuento del Ramadán”, por Salvador de la Rosa

Está sepultada en la torre de Catedral

Cuenta la leyenda que en la Catedral Basílica Mayor de está ciudad de Durango sucedieron unos hechos que en realidad parecen imposibles, pero los que gustan de guardar estos relatos nos dicen todo lo contrario, que fueron reales y que son tan ciertos como decir que la tierra es redonda y gira alrededor del sol.

Pues bien, empezaremos diciéndoles que en la torre derecha de la Catedral, o sea la del campanario como se le ha conocido siempre, precisamente junto a la campana “Mariana” que es la mayor de todas, se encuentra una pequeña lápida ya borrada por el tiempo, pero donde todavía se alcanza a leer el nombre de doña Concepción de la Puebla.

Según cuenta la leyenda que en el siglo XVIII, existió en este lugar una familia de españoles que habían venido de la madre patria con el propósito de asentarse en estos lugares.

La familia de emigrantes españoles estaba compuesta por don Mateo de la Puebla, su esposa doña Carolina Portales y su pequeña hija llamada Concepción.

Esta familia había salido de España con todos los ahorros de toda una vida de trabajo del padre, con la finalidad de comprar tierras en la que aún llamaban la Provincia de la Nueva Vizcaya, entre sus planes estaba criar ganado de lidia de primera calidad tomando como base de crianza el ganado de algunas ganaderías que ya estaban establecidas en la llamada Provincia de la Nueva España y que por informes que le habían llegado hasta España el terreno y el clima eran altamente propicios para esta clase de ganado.

Viajaron en un barco carguero, hasta el puerto de la Villa Rica de la Veracruz, donde desembarcaron para tomar el camino hasta la capital de la Nueva España, en donde encontraron algunas dificultades porque la capital del nuevo reino se encontraba en plena lucha de independencia, buscando formar un nuevo gobierno separado de España.

Con miles de dificultades la familia de don Mateo logró llegar a tierras de la Nueva Vizcaya después de algunos meses de caminos y dificultades que le impedían el libre tránsito.

Una vez en esta ciudad, buscó a un antiguo camarada y paisano suyo don Luis de la Calle y Pacheco, que ya tenía algunos años establecido en esta capital, dueño de la que se considera la primera tienda de abarrotes fundada en esta ciudad a la que pusieron por nombre “El Puerto de Santa María” de donde era oriundo don Luis y su familia.

El viejo amigo de don Mateo lo recibió con gran gusto y le ofreció su casa mientras encontraba acomodo en algún lugar, ya sea que comprara una de las mansiones que habían sido construidas por españoles y que ponían en venta o bien si deseaba vivir en el campo una vez que hubiera adquirido los terrenos de agostadero que tenía en mente comprar.

La familia de don Mateo se sintió a gusto con la hospitalidad de don Luis, y se esperaron algunos meses para llevar a cabo los negocios que tenía en mente, no quería precipitarse, su intención era comprar unas buenas tierras que le sirvieran para sus propósitos; casi a diario visitaba algunas propiedades que le mostraban también españoles en venta, pero quería estar seguro que lo que comprara fuera para toda la vida.

Después de algún tiempo se decidió por unas tierras preciosas que eran exactamente lo que él quería para iniciar el negocio de la cría de ganado bravo para la lidia de corridas de toros, estos terrenos de varias leguas a la redonda se encontraban en lo que hoy se conoce como el poblado de Santa Lucia, cerca de Canatlán, su propiedad abarcaba también el bordo de agua almacenada de Santa Elena, que hoy se conoce como presa Peña del Aguila.

Lo primero que hizo fue construir una enorme casa a la entrada de su propiedad, más o menos a la altura de lo que se conoce como el poblado de Chupaderos, a donde se fue a vivir con su familia.

Empezaron tiempos de trabajo y sacrificio, fueron algunos años los que tuvieron que esperar para ver los primeros frutos del esfuerzo, poco a poco su propiedad se fue poblando de un ganado fino de primera, producto de la mezcla de varias sangres de otras ganaderías y que dio como resultado un toro de lidia fuerte y de gran presencia, pero de mucha nobleza para el fin que se requería.

Por aquellos años las corridas de toros habían cobrado ya un gran auge en toda la nueva República Mexicana, se celebraban por todos lados corridas de toros hasta llegar a ser el atractivo principal de las fiestas del Santo Patrono de las poblaciones que surgían de la noche a la mañana y que con gran rapidez se empezaban a poblar.

Hasta la propiedad de don Mateo llegaron los compradores de toros para adquirir encierros que fueran jugados en las ferias, la primera corrida que don Mateo vendió fue para la población minera de Sombrerete, en el estado de Zacatecas, la cual se lidió bajo el nombre de Santa María, en honor del puerto del mismo nombre en que había nacido don Mateo.

De ahí en adelante todo fue prosperidad para la familia de don Mateo, los toreros, los empresarios y él publico en general querían ver en el ruedo a los toros de la ganadería de Santa María, porque se prestaban para realizar grandes faenas, en un par de años llegó a ser la ganadería de reses bravas más importante de México, al grado que ganaderos venidos de España le compraron sementales y vaquillas para realizar un cruce con el ganado de aquel país.

Para esos tiempos la única hija de don Mateo, de nombre Concepción, era ya toda una señorita, muy bella, de un rostro angelical, esbelta, de buen talle y con un pelo del color del trigo seco, que llamaba la atención de los peones de la hacienda, así como capataces y caporales, que no perdían la ocasión de mostrarse amables con la hija del amo.

Fue por esos años que llegó a la capital del estado de Durango, que después de la guerra de independencia ya llevaba ese nombre, el torero español Joaquín Domínguez “Chiclanero” que venía contratado para lidiar una corrida en la plaza de toros Santa Catalina, que fue la primera que se construyó en esta ciudad y que se localizaba en lo que es hoy el Mercado de Gómez Palacio, como era de esperarse se corrieron toros de la ganadería de Santa María, propiedad de don Mateo de la Puebla, que asistió a la corrida acompañado de su mujer y de su hija.

Durante el transcurso de la corrida “Chiclanero” acudió hasta el palco del ganadero para brindarle la muerte de su primer toro, en agradecimiento de la buena lidia que estaban realizando sus toros.

Pero en realidad comentaban los historiadores que solo fue un pretexto del intrépido torero para acercarse a la hija del ganadero que desde que la vio por primera vez quedó prendido de ella.

La muchacha también había sentido algo muy extraño cuando vio por vez primera al torero, pero por recato y respeto a sus padres ni tan siquiera preguntó por el nombre del que se acercaba tan caballerosamente a brindarles la muerte de un toro.

El ganadero sin maliciar las intenciones del matador español, en agradecimiento por el brindis ofrecido, lo invitó a pasar unos días en la ganadería, además de que quería pedirle que le ayudará a tentar algunas vaquillas, que pensaba mandar a los sementales para la crianza de nuevos becerros.

El torero aceptó gustoso la invitación, diciendo que lo alcanzaría en su hacienda una vez que cumpliera un compromiso que tenía pendiente de torear una corrida en la población de Nombre de Dios, no muy distante de la capital.

En efecto unos días después llegó el matador “Chiclanero” a la hacienda de don Mateo, con la firme determinación de declararle todo el amor que sentía por la joven Concepción, y si era correspondido pedirle de una vez a don Mateo la mano de su hija.

La familia se mostró muy amable con el matador, sobre todo porque venía de la tierra de donde ellos habían salido años atrás, además de que se mostró generoso en la labor de tentar a todas las vaquillas que requieran de un examen para conocer el grado de bravura de cada una de ellas. Los días se iban alargando y el torero no tenía la menor intención de marcharse, por el contrario se mostraba cada vez más familiarizado con la familia.

En una ocasión en que don Mateo y su mujer realizaron una salida hacia la capital del estado a comprar víveres para la comida “Chiclanero” aprovechó la ocasión para declararle su amor a Concepción, la cual le manifestó que también ella sentía un atractivo muy especial por él, pero le dijo que sus padres jamás consentirían que los dos se amaran puesto que tenían pensado llevarla a España y casarla con un rico comerciante de aquella localidad, con el que se habían comprometido a entregarla en matrimonio.

Joaquín Gómez le dijo que no, que no consentiría eso, que estaba dispuesto a hacerla su mujer al precio que fuera sin importar lo que tuviera que hacer y que antes la llevaría con él a la capital de México donde tenía propiedades, la mujer estuvo de acuerdo en lo que le proponía su enamorado.

Fue entonces cuando entre los dos urdieron un plan para unir sus vidas, él le propuso que se fuera con él, y en la primera oportunidad contraerían matrimonio, ante el altar y la presencia de Dios, para más tarde regresar a la hacienda y pedirles perdón a sus padres pero ya como marido y mujer.

Ella convino en todo lo establecido y le propuso que al día siguiente por la tarde saldría de la hacienda sin avisar a sus padres rumbo a la capital y lo esperaría frente a la Catedral, en donde aprovecharían para hablar con el padre Samuel del Villar, que había sido su confesor desde que llegó a estas tierras.

Uno de los caporales de la hacienda que se encontraba descansando junto a las bodegas de grano, lugar este donde se encontraban hablando la pareja de enamorados, sin proponérselo escuchó toda la conversación y desde luego el plan que habían urdido.

Ya al atardecer que llegó don Mateo y su mujer el mentado caporal lo puso al tanto de todo lo que había escuchado, el dueño de la hacienda se puso furioso y con determinación le dijo al caporal:

  • Háblale a tres de tus compañeros, los de más confianza, diles que los espero en mi despacho.

Cuando los caporales estuvieron en su despacho el ganadero les dio las siguientes instrucciones:

  • Fíjense bien lo que van a hacer, toman por sorpresa al torero, lo amarran y lo echan al cajón donde tenemos castigado al toro berrendo que mató a dos toros en una pelea, no quiero excusas ni pretextos, y que todo esto quede en el más absoluto secreto, se trata de dar una escarmiento a ese tipo que trata de robarme lo más preciado que tengo.
  • Nosotros hacemos lo que usted ordene, que para eso es el patrón, de lo demás a ninguno nos interesa.
  • En cuanto a mi hija, déjenla que se vaya mañana donde tenía planeado, así se dará cuenta que el tipo le abandonó y regresará arrepentida.

Al día siguiente Concepción salió montando a toda carrera su yegua favorita rumbo a la capital del estado, llegando hasta las puertas de la catedral, se mantuvo esperando toda la tarde al único hombre que había tocado las cuerdas más íntimas de su corazón, llegó la noche y la bella mujer continuaba esperando a su amado.

Don Mateo arrepentido por lo que había hecho salió acompañado de su mujer a consolar a su hija, estaba dispuesto a contarle toda la verdad y a pedirle perdón.

Concepción que vio la puerta que conduce al campanario abierta, subió por la pequeña escalera para observar desde el balcón de la torre la llegada de su enamorado, pero lo que observó desde arriba fue la llegada de sus padres que venían en la carreta que utilizaban en sus viajes, sintiendo temor de que fueran a reprimirla por lo que había hecho se lanzó al vació desde el balcón en que se encontraba, ante la mirada de sus padres que nada pudieron hacer por detenerla.

Don Mateo pidió permiso al Prior de Catedral para que permitiera que su hija fuera sepultada en la torre del campanario de Catedral. Eran muchas las contribuciones que el rico ganadero había hecho a la iglesia, por lo que se le permitió que se instalara un pequeño nicho donde fue colocado el cuerpo cubierto por la lápida que hasta el día de hoy existe.

Cuentan algunas personas que conocen esta leyenda, que cuando el reloj de Catedral hace sonar sus doce campanadas, se ve a una mujer parada sobre el barandal de la torre del campanario, esperando la llegada de su amado.

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