“El cuento del Ramadán”, por Salvador de la Rosa S.

El acto más increíble

cuentoEl circo Atayde Hermanos estaba lleno a reventar, todas las graderías, palcos y lunetas habían sido adquiridas días antes por el público entusiasta de la ciudad de Durango, que con emoción acudía como todos los años a presenciar el espectáculo circense.

La carpa de tres enormes mástiles estaba instalada sobre el terreno que anteriormente ocupara la plaza de toros “Durango” donde hoy se encuentra el sindicato de maestros de la sección 44.

Multitud de pequeños focos adornaban la enorme carpa que prendían de un mástil a otro como si se tratara de un rosario, sobre la puerta principal estaba el letrero que doblemente iluminado se leía con facilidad, “Circo Atayde Hermanos”.

Adentro en el centro de la enorme carpa estaba el círculo de la pista en donde realizaban sus actuaciones los diferentes artistas que formaban parte del elenco del circo más popular en México. Una vez al año visitaba Durango este gran espectáculo, desde un par de semanas empezaba a aparecer en las esquinas y aparadores cartelones vistosos anunciando la presentación del circo, así como los días que permanecería instalado en el lugar antes mencionado.

En esos carteles fijados en los comercios y las esquinas de las principales calles, destacaba el dibujo de una docena de fieros leones africanos, encerrados en una jaula circular sobre la pista teniendo enfrente a un hombre vestido como lo hacían los cazadores que visitaban el continente africano. Y en la parte de abajo con grandes letras se leía el pie de grabado “Raimundo el hermano de Tarzán y sus leones africanos”.

En otros carteles de igual tamaño aparecía también la figura del domador metiendo la cabeza dentro del hocico de un león de negra melena, con otras letras en la parte de abajo que decían: “Raimundo el mejor domador del Mundo”, y lo complementaba un dibujo en donde se veía claramente a Raimundo tratando de someter a un fiero león que amenazaba con echársele encima. Cuando era presentado en la pista, el maestro de ceremonias, anunciaba: “Raimundo, el único domador en el mundo que se habla de tú con los animales, puesto que fue criado por una fiera leona, cuando el avión en que viajaba con sus padres se estrelló en una montaña de la selva africana, solamente sobrevivió él siendo recogido por una leona ante el rechazo de los demás miembros de la manada, pero aun así se impuso la fiereza de la madre adoptiva y se convirtió en uno más de la manada”.

El número de Raimundo el domador del Circo Atayde Hermanos consistía en encerrarse en una jaula que cubría toda la pista, con una docena de fieros leones entre los que se encontraban machos y hembras, algo que en aquellos tiempos se antojaba imposible, porque para todos era bien sabido que los leones en grupo se volvían más fieros y su instinto asesino asomaba por sus ojos, sin embargo el número había sido montado con todo lujo, señalando precisamente eso, que se había logrado lo imposible, meter en una sola jaula a una docena de los más fieros leones traídos del África.

Raimundo Mercado López, que en realidad ese era su verdadero nombre, había nacido en el circo, hijo de “El Gran Eustaquio” un viejo mago venido a menos y de Olga “La reina del trapecio” que desde hacía algunos años que ya no realizaba su número, por haber subido en gran proporción de peso y sus movimientos empezaron a ser torpes; lo mismo aconteció con “El gran Eustaquio”, sus trucos de magia ya no llamaban la atención y la gente abucheaba su actuación en señal de que no interesaba, fue por esto que don Andrés Atayde, uno de los dueños del circo, los retiró de la actuación y les señaló la tarea de cuidar y alimentar a los animales, puesto que no tenían en donde vivir, el Circo había sido su único hogar, fue ahí donde se conocieron y se casaron, no tenían familia y si la tenían ya no recordaban en dónde pudiera estar.

Dentro del Circo nacieron sus dos únicos hijos, Raimundo el mayor y Jazmín la menor, al matrimonio no le quedó otra más que aceptar la propuesta de los dueños del Circo, no sabían hacer otra cosa que trabajar bajo esa carpa en donde habían pasado los mejores años de su vida.

El Circo de los Hermanos Atayde contaba con una gran variedad de animales, entre los que se encontraban tres elefantes, dos camellos, seis caballos (que se anunciaban como “Los caballos árabes sabios” que en realidad no lo eran así, se trataba de caballos que fueron comprados en una hacienda de Texcoco y enseñados a actuar en la pista) dos parejas de tigres y leones que habían nacido en el circo y que por lo tanto habían convivido juntos.

El matrimonio empezó su nueva función de encargarse del cuidado de los animales y proporcionarles los alimentos que requerían, para la realización de estos trabajos se auxiliaban principalmente de su hijo Raimundo que, se puede decir, creció entre los animales del circo.

Como si se tratará de una coincidencia, pero no como lo anunciaban en los carteles “que había sido alimentado por una leona en la selva africana” por aquel tiempo, tanto la hembra del tigre como la leona, parieron tres pequeños cachorros cada una, acontecimiento este que se considera muy raro dentro de un Circo, ya que es casi imposible que los animales en cautiverio y que son utilizados como parte del espectáculo, puedan concebir descendencia.

La vida en el Circo para los animales no es como en su hábitat natural, en donde defienden con su vida a sus cachorros, es casi imposible que un desconocido, y no se diga ser humano, se pueda acercar a sus crías, pero en el Circo es diferente, les es indiferente hasta cierto punto que sus cachorros puedan ser tratados como animales caseros, todo el tiempo se la pasaban fuera de la jaula en donde estaban sus padres y corrían entre los bastidores de los artistas provocando el enojo de la mayoría por considerar que sus travesuras causaban destrozos en sus vestimentas; casi a diario se escuchaban los gritos:

  • Raimundo, ven por tus cachorros, que ya desgarraron mi vestido.

El hijo del gran Genaro era quien corría detrás de ellos como buscando solución a todos los problemas que estos ocasionaban, regresándolos a sus jaulas, de donde salían de inmediato una vez que Raimundo se alejaba.

Los pequeños gatos llegaron a depender de todo con el joven Raimundo, a donde quiera que este iba lo seguían los seis cachorros, como sí se tratará de inofensivos gatillos. Después de dos años nacieron otros seis pequeños cachorros de león, con lo que se formó la docena, conforme iban creciendo más se identificaban con el joven, les enseño a realizar infinidad de habilidades que los cachorros poco a poco iban asimilando bajo las órdenes de Raimundo.

Llegó el momento en que los cachorros crecieron y adquirieron una estatura considerable, ya no se les permitía andar por el Circo, se les empezó a mantener en una jaula, solo a Raimundo le estaba permitido sacarlos y caminar con ellos, los bañaba y alimentaba dándoles de comer en la boca como lo había hecho desde que estos eran unos cachorros.

Raymundo sin que nadie le dijera cómo hacerlo empezó a montar un número con los doce jóvenes leones, que a los dueños del Circo les pareció extraordinario el día en que lo vieron, sobre todo en el momento en que “Nerón” el león de mayor peso y presencia simulaba que lo atacaba echándosele encima como si fuera a atacarlo, este truco ya era muy trabajado entre Raimundo y la fiera, desde que “Nerón” era un cachorro.

De la noche a la mañana Raimundo se vio como la estrella del Circo de los Hermanos Atayde, su extraordinario número atraía cada vez más a las multitudes que a diario llenaban la carpa, era anunciado como Raimundo el hombre que fue criado por una leona en la selva africana y que es capaz de convivir con una decena de fieros leones dentro de una jaula”.

Un mañana del mes de agosto de 1947, el “Circo de los Hermanos Atayde” llegó a la ciudad de Durango, como lo había hecho desde hacía ya varias temporadas, la enorme carpa de tres mástiles fue instalada en lo que fue en un tiempo el campo de beisbol deportivo Durango, frente a la plazuela de Baca Ortiz, grandes carteles fueron colocados en las esquinas de las calles de la ciudad, donde anunciaban a Raimundo el Domador y su increíble acto de domar al mismo tiempo a una docena de fieros y asesinos leones africanos.

La función de la tarde con que se inauguro la temporada pasó sin ningún incidente, la carpa registró un lleno imponente, como siempre el número de Raimundo fue el que más aplausos recibió, pero durante el acto, el joven y valiente domador percibió un raro malestar en la leona “Betty”, la sintió molesta y sobre todo que “Sansón” el macho la miraba con mucha insistencia, pero no le dio importancia alguna.

En la función de la noche sintió a los leones más molestos que nunca, pensó en que terminando su acto les daría de comer y los bañaría con agua fría para que se calmaran, la leona “Betty” realizaba el acto de cruzar un aro en llamas, cosa que ya tenía muy hecho, pero esa noche se negó a hacerlo, por lo que Raimundo tuvo que obligarla propinándole un par de latigazos, algo que no era de extrañarse, puesto que con frecuencia Raimundo recurría al látigo para hacerse obedecer, el joven domador se encontraba de frente trabajando con “Betty” teniendo a sus espaldas a “Nerón” cuando este molesto por el trato que estaba recibiendo la leona que se encontraba en celo, se abalanzó de pronto sobre el domador, y de una sola dentellada le destrozó el cuello, con lo que Raimundo el Domador quedó muerto en forma instantánea sobre la pista del “Circo de los Hermanos Atayde”

Aquello causó una gran consternación entre toda la familia del circo, ya que casi todos los artistas conocían a Raimundo desde que había nacido, como no contaba con un lugar fijo a donde se pudiera llevar el cadáver fue enterrado en el panteón de Oriente de esta ciudad de Durango, donde se encuentra su tumba a mano derecha de la entrada principal, aún existe la lápida de cantera donde claramente se lee sobre la cubierta: “Aquí yace Raimundo, el mejor domador del mundo, que fue muerto por un león salvaje”.

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