El folk optimista de Belle and Sebastian abre un nuevo Primavera de masas

Agencia EFE

Marta Vergoñós / Santiago José Sánchez

Barcelona (España), 30 may (EFE).- Luces de colores, sonrisas y folk ligero. Belle and Sebastian ha tirado una vez más de su receta mágica para llenar de optimismo la primera jornada del Primavera Sound, que ha demostrado desde el levantamiento de la bandera que el festival es un fenómeno de masas consolidado en la ciudad.

La banda escocesa ha sido el plato fuerte del miércoles, el día de las actuaciones gratuitas en el recinto del Fòrum de Barcelona, que acogerá hasta el domingo los conciertos de titanes del panorama musical como Arctic Monkeys, The National y Björk.

Aunque han arrancado tímidos, con ritmos suaves, pronto han animado al público con los compases de “I’m a cuckoo”, uno de sus temas más conocidos, fechado en 2003.

Apenas llevaban un par de temas cuando el vocalista, Stuart Murdoch, se ha dirigido a los asistentes en un errático a la par que voluntarioso catalán.

“Somos de un país pequeño como el vuestro y estamos encantados de tocar para todos vosotros”, ha exclamado entre aplausos. Mientras, en el público ondeaba una bandera de Escocia.

A continuación, la banda se ha lanzado con un repertorio que oscilaba entre sus temas más recientes y sus ‘hit’ más antiguos, que sin duda han sido los más coreados.

Uno de los puntos culminantes de la noche ha llegado con “Another sunny day”, un tema de melodía alegre y letra melancólica que han coloreado con un fondo amarillo en forma de panal.

No obstante, el clímax para algunos de los más fieles ha eclosionado con “The Boy with the Arab Strap”, cuando Murdoch ha invitado a subir al escenario a quienes estaban en primera fila.

Se trata de una costumbre de la banda escocesa, que premia a quienes aguantan toda la actuación contra las vallas de seguridad con unos minutos de brincos y cantos encima del escenario. Como si fueran ellos la estrella.

Pero Belle and Sebastian no han sido los únicos que han levantado a las masas. Antes, los ritmos electrónicos de la artista chilena Javiera Mena han copado el escenario del Parc del Fòrum y el pop intimista y reivindicativo de Maria Arnal i Marcel Bagés ha abierto las actuaciones en el Auditori.

Aunque, si ha habido un protagonista más allá de la banda escocesa, ese ha sido el indie rock sin estridencias de Wolf Parade: guitarras eléctricas, sintetizadores y ritmos marcados.

Los tres elementos básicos de este estilo se han encontrado en la actuación de Wolf Parade, que participan en el festival como parte de la gira extendida de su regreso a los escenarios y que explota el rédito de su último disco.

Wolf Parade han ofrecido un espectáculo sobrio encuadrado en el indie rock de corte más clásico, con claros ecos a los pioneros y referentes del género, como los primeros Strokes o The Libertines, aunque con el sello característico de la banda canadiense. Una seña que no han perdido a pesar de los años, las disputas y los problemas personales.

Además de canciones de sus tres primeros discos -grabados antes de su pelea y posterior disolución-, Wolf Parade han recuperado cortes de “Cry, Cry Cry”, su álbum de regreso que supuso uno de los hitos más remarcables del panorama alternativo en 2017.

Si algo se le puede achacar a su actuación es un cierto anclaje en el indie de principios de siglo, como si el paréntesis del grupo entre 2011 y 2017 no hubiese tenido consecuencias directas sobre su sonido o sus procesos creativos.

Aun así, Wolf Parade ha hecho las delicias del público congregado en un Fòrum más masificado de lo habitual como consecuencia de la gratuidad de los conciertos: un público variado que no responde a un patrón concreto, ni a lo que cabría esperar en un concierto de un grupo de indie rock canadiense que regresa tras seis años de parón. EFE