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El Francisco de Paula Santander atestigua las ilusiones rotas de venezolanos


Jorge Gil Ángel

Cúcuta (Colombia), 23 feb (EFE).- El Francisco de Paula Santander, un puente que separa a la ciudad colombiana de Cúcuta con la venezolana de Ureña, fue este sábado el escenario de una batalla campal donde hubo camiones quemados y decenas de heridos, cuya ilusión era ingresar a su país ayuda humanitaria.

Miles de personas atendieron el llamado del presidente del Parlamento e interino de Venezuela, Juan Guaidó, y llegaron al lugar para tratar de ayudar a pasar la ayuda a su país, sumido en una profunda crisis económica, política y social, y que se acentuó desde que Nicolás Maduro asumió la Presidencia el pasado 10 de enero.

Con camisetas blancas y esperanzados por ver cómo quienes sufren las inclemencias de la crisis se iban a ver beneficiados por la ayuda, los venezolanos se agolparon allí y acompañaron, en una fiesta, a los cuatro camiones que llevaban medicinas y alimentos.

Los vehículos, que habían sido cargados en el también fronterizo puente de Tienditas, llegaron atiborrados de personas que se habían subido para ser parte de esa tarea, que fue planeada durante semanas por el Ejecutivo de Guaidó y la comunidad internacional.

Los camiones cruzaron al lado venezolano de la frontera pero se encontraron con las autoridades de ese país, que no atendieron los clamores de la gente para que los dejaran pasar, y comenzaron a arrojar gases lacrimógenos y a disparar perdigones para amedrentar a la gente.

Sin embargo, la multitud, vestida en su mayoría con camisetas blancas, siguió insistiendo y bajo el grito de “libertad” mantuvo su paso firme hasta que fue detenida por las autoridades.

Como respuesta a los perdigones y a los gases, muchos descendieron a las inmediaciones del río Táchira, que divide a ambos países, para recoger piedras, botellas y otros objetos para arrojárselos a los guardias venezolanos.

Bajo los árboles de la zona, decenas de personas tomaron las piedras, subieron al borde a entregárselas a otros que las amontonaban a plena vista de todo el mundo y regresaron a realizar la misma tarea varias veces.

Entre las piedras, los gritos y el gas pasó lo peor: dos camiones fueron incendiados por las autoridades venezolanas, según afirmó la diputada en el exilio Gaby Arellano, una de las personas que estuvo al frente de la multitud liderando la iniciativa.

“(Nicolás) Maduro al verse derrotado decidió quemar la ayuda humanitaria, el delincuente, asesino, de Nicolás Maduro, la decisión fue quemar la ayuda humanitaria”, afirmó Arellano.

Uno de los camiones que llevaba medicinas fue quemado, mientras que la comida que iba en el otro se logró salvar gracias a una cadena humana que las apartó de las llamas.

Entre aplausos, gritos y júbilo, la gente logró regresar la ayuda al lado colombiano, al tiempo que los gases y los perdigones seguían afectando a las personas del lado colombiano.

Mientras tanto, los camiones seguían en llamas y algunas de sus partes explotaban, lo que hacía correr a la multitud que temía resultar afectada.

Con el paso de las horas, el número de heridos creció y fueron decenas de personas las que llegaron a los puestos de atención ubicados en el lado colombiano.

Algunos de ellos fueron cargados por sus allegados y en sus rostros se notaba las huellas que dejan los perdigones. Otros eran llevados en camillas de la Defensa Civil Colombiana, cuyos miembros se multiplicaban para atender a los heridos y contusos.

Como héroes eran recibidos los heridos por quienes estaban más lejos de la confrontación, que aplaudían, gritaban y les deseaban una pronta recuperación.

“Da mucha tristeza ver a nuestros hermanos heridos, mucha tristeza de ver que los mismos guardias son los que están reprimiendo la gente. ¿Cómo es posible que nosotros mismos nos estemos matando”, afirmó a Efe María Contreras, quien llegó de Mérida la semana pasada para apoyar el paso de la asistencia.

Cuando la noche cayó, el escuadrón antimotines de la Policía Colombiana (Esmad) llegó a la zona y alejó a la gente de los disturbios.

Luego de eso, como si de una ilusión se tratara, tres desertores de las Fuerzas Armadas de Venezuela, dos hombres y una mujer, salieron corriendo fuertemente escoltados por la Policía colombiana en medio de la alegría de la gente, que volvió a sonreír después de horas de tensión. EFE