viernes, agosto 19, 2022
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El “genocidio” femenino, símbolo del fracaso internacional en Afganistán

Basma Dali

Madrid, 30 jul (EFE).- Las mujeres en Afganistán están sufriendo un “genocidio”, denuncia el periodista, fotógrafo y escritor español Amador Guallar, para quien su situación es un claro síntoma del fracaso internacional en el intento de construir una democracia en el país asiático, prácticamente olvidado por los medios de comunicación.

En el libro “En la tierra de Caín” (Ediciones Península, 2019), el reportero relata su experiencia personal y profesional durante diez años en un país marcado por la violencia contra las mujeres, los ataques terroristas de los grupos extremistas y la lucha de la población más joven por alcanzar la paz y la libertad.

“La situación de la mujer en Afganistán se describe en dos palabras, una es infierno y la otra, quizá la más polémica, es genocidio”, asegura Guallar (1978) en una entrevista con Efe, en la que confiesa que el libro le ha servido para “superar muchos traumas”.

Según el reportero, el régimen talibán negaba a las mujeres derechos básicos como la educación, el trabajo o la salud, pero, con el establecimiento de la nueva Constitución en 2004, “esos derechos siguen sin cumplirse”.

“El acoso a las mujeres que ocupan cargos públicos, las amenazas y los asesinatos siguen existiendo. Constantemente las matan”, denuncia Guallar, colaborador en el periódico español El Mundo y miembro de la agencia fotográfica francesa Studio Hans Lucas. 

En la elaboración de la Constitución de 2004, las cien mujeres de la Loya Yirga (Gran Asamblea) que representaban al casi 60 % de la población femenina del país consiguieron que se sustituyera la palabra “ciudadanos” por “hombres y mujeres” a la hora del reconocimiento de “iguales derechos para todos” en el texto constitucional.

“Pero sus derechos siguen siendo nulos. La mujer afgana no tiene ningún futuro. Sigue viviendo bajando la cabeza y escondiéndose debajo de un burka, porque el burka es su único escudo”, remarca el periodista.

La guerra de Afganistán, que comenzó con la intervención militar estadounidense y los países aliados en 2001, tras los atentados del 11 de septiembre en EEUU, es “la más larga de la historia de Estados Unidos y de la Unión Europea también”, señala Guallar, quien ha vivido en primera persona muchos de los ataques.

Estos dieciocho años de conflicto “muestran el fracaso de EEUU, ONU y ONG a la hora de alcanzar soluciones reales, además del elevado coste económico y humano que ha supuesto”, y no se ha perdido – añade- porque los talibanes “sean grandes guerreros, sino porque Occidente ha apostado por las personas erróneas, ha puesto (en el poder) a políticos 100 % corruptos”.

“Seguimos dando dinero sin pedir nada a cambio, sin exigir que este dinero se destine a los lugares a los que se debe destinar y sin exigir que el Gobierno afgano respete las leyes que están en su Constitución”, argumenta.

Guallar lamenta también la fuga de jóvenes afganos a otros países en busca de un futuro mejor.

“El 14% de los refugiados que llegan a Europa son afganos, pero yo no creo que esa sea la solución, porque lo mejor del país se está marchando. La marcha de la juventud es el peor síntoma de lo que está por venir, porque sin ellos ¿quién va a detener a los extremistas?”, se pregunta.

Igualmente califica las negociaciones que se están llevando a cabo en Catar entre Estados Unidos, talibanes y el Gobierno afgano de “gran quimera”, ya que “el régimen talibán no respeta los derechos humanos ni las libertades y su gran objetivo es convertir al país en un emirato islámico”.

“Los talibanes son como los nazis, evidentemente son dos corrientes ideológicas muy diferentes, pero igualmente deshumanizadoras. No apuestan por la democracia, sino por el absolutismo”, opina el periodista, quien recuerda que la semana pasada murieron más de 50 personas en diferentes ataques en medio de las negociaciones.

Respecto a la Islamofobia que está viviendo EEUU y Europa, Guallar la califica de “indescriptible”.

“Los yihadistas y los terroristas y los que utilizan el islam con fines absolutistas no representan al islam” porque “el islam es una religión de amor”, concluye. EFE

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