Inicio > Noticias > Local > El lado humano de las ladrilleras

El lado humano de las ladrilleras

  • Pese a dividir opiniones, dan sustento a cientos de familias duranguenses

Por: Guillermo Ruvalcaba

Fotos: Heber Cassio

Don julián es un señor de 68 años que lleva casi tres décadas dedicándose a la producción de ladrillo, actividad que su padre le enseñó desde temprana edad en su pueblo natal, en la localidad de Regocijo, Durango.

A la edad de 18 años él y la señora María Guadalupe, su esposa, llegaron a la capital del estado, donde buscaron establecerse de inmediato para comenzar una familia.

Durante el primer año en la ciudad don Julián realizó varios trabajos, que le dejaron enseñanzas para toda la vida; siendo una de sus pasiones la carpintería, sin embargo, no sería hasta el nacimiento del primero de los 7 hijos que tuvieron que decidió comenzar su propia ladrillera.

Con esfuerzo la pequeña familia tomó la oportunidad de comprar un terreno en lo que en esos entonces eran consideradas las orillas de la capital, hoy en día colonia Valle del Guadiana.

Con el terreno y unos “cuantos pesos” comenzó aquel oficio que su padre le enseñó a él y a sus hermanos. Poco a poco el negocio fue creciendo y a la par la familia, pues con mayores ingresos él y su “viejita” como de cariño le llama a la doña Lupe, decidieron “encargar” más hijos.

Gracias a la ladrillera, a la calidad de su trabajo y a la demanda del producto, doña Lupe y don Julián lograron darle formación académica a cuatro de sus hijas, las cuales pudieron entregarle con orgullo a sus padres carreras técnicas y profesionales; aseguran que de no haber sido por sus padres y el negocio de la fabricación y venta de ladrillo, el cual hasta la fecha sigue vigente, no tendrían nada de lo mucho que este noble trabajo les ha dado.

EN CONTRA DE REUBICACIÓN, PERO A FAVOR DE MEDIO AMBIENTE

Asegura don Julián que él nunca ha tenido la intención de hacerle daño a nadie, ni al gobierno, ni al medio ambiente, situación que dice desconocer ya que él solo se enfoca en llevar “el pan” a la mesa.

No obstante, ha sentido la presión de diversas administraciones municipales que han querido forzarlo a dejar una actividad que, como personas, familia y a sus posibilidades, les ha dado todo. Han resistido aquellos embates que el gobierno ha hecho en contra de los productores de ladrillo, aferrándose a la única forma que conocen de vivir.

“No estamos en contra de buscar mejores soluciones para no dañar el ambiente, pero que no nos quieran quitar lo que con tanto esfuerzo hemos construido”, señaló.

Y es que el Gobierno Municipal, desde el trienio pasado a la fecha, comenzó con una campaña de derribo de ladrilleras en el oriente de la ciudad, esto para intentar que las familias se trasladen al Parque Industrial Ladrillero (PIL) con la finalidad de sacar de la mancha urbana a este tipo de giros, ya que aseguran las quemas de tabique son de las principales causas de contaminación en el municipio.

Hasta el momento son más de 20 ladrilleras derribadas en esta actual administración municipal, además por parte de la Dirección Municipal de Medio Ambiente han mencionado se seguirá con la medida hasta que se tenga un control absoluto del padrón de ladrilleras.

Los tres hijos varones del señor Julián y doña Lupe son ahora los encargados del negocio familiar, por lo que se ha convertido y está proveyendo a nuevas generaciones, a nietos y bisnietos en educación, sustento y un techo donde vivir.

Esperan que los duranguenses comprendan que, al igual que todos, solo buscan ganarse la vida “por la buena”, trabajando duro para poder salir adelante. Confían en que las autoridades sean resolutivas y busquen soluciones que convengan a todos.

Así es la vida de don Julián, que ha logrado salir adelante gracias a la comercialización del ladrillo, un negocio que causa opiniones divididas, pero que al final de cuentas da sustento a cientos de familias duranguenses.