El moderno estadio de béisbol de Nicaragua, otra víctima de la crisis

Wilder Pérez R.

Managua, 23 feb (EFE).- El caso del Estadio Nacional “Dennis Martínez” de Nicaragua, sede del torneo clasificatorio para el Mundial de Béisbol Sub 23 de México 2020, es comparable al de una “Miss” soltera, por un lado su belleza insuperable, por otro, una historia cuyo drama crea el vacío en su interior.

Considerado “el mejor de Latinoamérica” por la Confederación Panamericana de Béisbol (Copabe), el escenario es tan moderno que parece un “miniestadio” de la Major League Baseball (MLB) de EE.UU., pero tan controvertido, que los disidentes no lo visitan a raíz del estallido social de abril de 2018 y los seguidores del Gobierno exigen cambiar su nombre, el mismo que aplaudían hace dos años y medio.

El “Dennis Martínez”, que debe su nombre al mejor pelotero nacido en Nicaragua y primer latino en lanzar un juego perfecto en la MLB, es el estadio ideal de béisbol: se encuentra en el centro actual de Managua, próximo a una laguna y centros comerciales, su grama reluce bajo un perenne sol radiante y cuenta con 15.000 butacas, que lo hacen acogedor y a la vez espacioso.

A ello se suma un impresionante mural en honor a Martínez y, desde marzo de 2019, una estatua de Roberto Clemente, el legendario beisbolista puertorriqueño que murió en un accidente aéreo cuando trasladaba ayuda humanitaria para las víctimas del terremoto de Managua en 1972.

JOYA DE LA CORONA DE JUEGOS CENTROAMERICANOS

Con un costo de construcción de 36 millones de dólares y de 1,5 millones de dólares al año de mantenimiento de sus 10 hectáreas, fue la joya de la corona de los XI Juegos Centroamericanos de Managua, en diciembre de 2017, última vez que alcanzó lleno total.

La construcción se desarrolló entre sobresaltos, ya que las autoridades recurrieron a fondos del Tesoro Nacional para reponer los 30 millones de dólares donados por Taiwán para las obras y que el Gobierno utilizó en construir viviendas a víctimas de desastres.

El día que abrió sus puertas por primera vez, el 20 de octubre de 2017, el propio Martínez viajó desde su residencia en Estados Unidos a Nicaragua para lanzar la primera bola de la serie inaugural, entre la selección local y la de Taiwán. El evento fue presidido por el mandatario Daniel Ortega.

EL DRAMA TRAS LA BELLEZA

El romance entre el estadio y los nicaragüenses, que giraba alrededor de la grama de la variedad bermuda híbrida 419, examinada con rigor por el exgrandes ligas Marvin Benard, duró tanto como el matrimonio de dos estrellas de cine y acabó de la peor manera.

En abril de 2018, apenas seis meses después de la pomposa inauguración, el estadio sirvió como base de policías y civiles armados, incluyendo francotiradores, que mataron a decenas de estudiantes durante una insurrección popular contra Ortega, según constató el Grupo de Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI), adscrito a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Durante meses, el estadio permaneció ocupado por policías y por personas armadas y encapuchadas, lo que fue negado por las autoridades, aunque vídeos confirmaban la extraña presencia.

DENNIS MARTÍNEZ INDIGNADO POR OCUPACIÓN ARMADA

Tras el estallido social contra el Gobierno de Ortega, los disidentes y opositores dejaron de acudir del estadio por las disparos que acabaron con vida de estudiantes.

La ocupación armada indignó al propio Dennis Martínez, quien en mayo de 2018 pidió a las autoridades de Nicaragua: “Por respeto a mi persona, que me esforcé y llevé por muchos años sobre mis hombros representando a mi país con mucho orgullo, dejen de usarlo (su nombre) para esos fines”.

Incluso los familiares de Roberto Clemente mostraron su disgusto cuando la selección de Puerto Rico jugó una serie amistosa con Nicaragua en el “Dennis Martínez” en marzo de 2019, en medio de la grave crisis local.

“Mi padre fue a Nicaragua en un acto humanista y comprendo que el deporte unifica, pero debe ser en momentos adecuados”, dijo el hijo del fallecido pelotero, Luis Roberto Clemente.

ESTADIO DE ENSUEÑO

No importa que el “Dennis Martínez” sea el primer edificio de su magnitud construido en Nicaragua en 59 años ni que cuente con ambientes deportivos certificados por la MLB, incluyendo zonas de bares, restaurantes, cafeterías, área de comida rápida, tiendas para comprar recuerdos, accesos, una pantalla gigante, y condiciones especiales para el público y los jugadores, además de su grama, cultivada en Costa Rica.

Su atractivo era tal que hace un par de años los administradores idearon una visita turística en su interior a un costo de entre 1,6 y 3,2 dólares, el equivalente y el doble, respectivamente, de lo que gana un tercio de los nicaragüenses en un día de trabajo. Eso ahora es historia.

Ver un partido internacional de béisbol en el “Dennis Martínez” es un lujo, pero la polémica ha llevado un vacío estremecedor a las butacas que ni siquiera la presencia “recomendada” de los trabajadores del Estado logra disimular.

Por ahora la pelota está en juego y la alegría de los jóvenes beisbolistas latinoamericanos resuena en el “Estadio Nacional Dennis Martínez”, que ha vuelto a vestirse de fiesta gracias al torneo clasificatorio mundialista Sub 23.EFE