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El pulso a Macron se gesta en los hangares de una estación

Marta Garde

París, 16 dic (EFE).- Cada mañana, desde hace doce días, los ferroviarios franceses se reúnen a las once en punto en los hangares de su estación para votar, a mano alzada, la continuación de una huelga que no piensan frenar a menos que el Gobierno retire su reforma de las pensiones.

En círculo, al aire libre y en torno a una hoguera, los sindicatos dejan claro que su lucha no concederá una tregua en Navidades: “¡El día que volvamos a trabajar o habremos ganado, y ganado para todos, o habremos perdido. Iremos hasta el final!”, grita micrófono en mano Fabien Villedieu, delegado sindical de SUD-Rail, .

Llegar hasta la parisina estación de Lyon en la mañana de este lunes no le ha resultado fácil a todo el mundo: Xavier Anselme, de la central Solidaires, ha recorrido ocho kilómetros en patinete eléctrico desde la periferia parisina, y Daniel Teirlynck, de UNSA, se ha levantado a las 05.30 para estar a tiempo desde el norte de la capital. Trabas similares a las que experimentan los parisinos desde hace casi dos semanas.

Las banderas que les acompañan o las pegatinas en sus abrigos, chalecos o jerséis dejan clara su afiliación a los diferentes sindicatos, pero su combate coincide en la oposición a un proyecto que el Ejecutivo quiere ver aprobado el próximo verano.

Teirlynck empezó a trabajar como conductor de trenes a los 21 años y tiene ahora 38. Cuando firmó con la compañía de ferrocarriles SNCF tenía asegurada su jubilación a los 50, pero el plan que quiere acabar con los regímenes especiales de pensiones, como el de su sector, podría retrasarla hasta pasados los 60.

El Gobierno del presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha fijado la reforma de los 42 regímenes especiales de pensiones que existen en el país, como uno de sus objetivos para reducir el gasto público y para igualar las pensiones.

Sobre todo, acabar con los privilegios de algunos regímenes especiales como los de los de la compañía ferroviaria SNCF y la entidad del transportes metropolitanos RATP, baluartes de la protesta con una huelga ininterrumpida desde el 5 de diciembre que afecta a millones de personas.

“Un contrato es un acuerdo entre dos partes y una parte no puede decir que las reglas cambian, que se añaden desventajas pero se mantienen todas las restricciones ligadas al oficio y al bajo salario”, explica Teirlynck a EFE.

Con cada día de huelga, asegura, pierde entre 80 y 100 euros de sueldo. Si se alcanzan las tres semanas de paro, calcula que dejará de ganar de 2.000 a 2.500 euros. “Pero si no lo hago y la reforma se aplica tal y como está, al jubilarme serán de 500 a 700 euros al mes, puede que durante 20 años”.

Por eso acude cada mañana a la estación de Lyon, y ha guardado temporalmente su uniforme. Las asambleas son locales, por estaciones, el turno de palabra es libre y este lunes, víspera de una nueva manifestación nacional, ese hangar ha atraído a unas 200 personas.

Entre ellas, la franco-española Vanessa Martinez, agente de estación: “Defendemos un sistema más justo. Lo que el Gobierno está haciendo es ir contra los trabajadores”, dice sobre un proyecto que quiere unificar en uno solo los 42 regímenes actuales.

Ella, de 35 años, está perdiendo entre 40 y 50 euros al día y es otra de las habituales de estas reuniones matinales en las que se consulta si prolongar la huelga. Una votación que no necesita recuento, porque el apoyo, en días como hoy, ha sido unánime.

Según un sondeo del instituto demoscópico Ifop difundido este domingo por el semanario “Le Journal du Dimanche”, el 54 % de los franceses apoya el movimiento.

El arma de los sindicatos no es la ley ni el Parlamento, sino la calle. “Lo que va a marcar la diferencia es que nos mantengamos unidos. También la alianza de los partidos de izquierdas”, señala Martinez.

Este martes tienen una nueva prueba de fuego. En la primera manifestación, el 5 de diciembre, hubo 1,5 millones de personas en todo el país, según la CGT, y 800.000, según el recuento de la policía.

“Esperamos cambiar el curso de la historia”, destaca Teirlynck.

No se plantean conceder una tregua estas vacaciones: “Es un juego mediático muy hipócrita por parte de los políticos. Nosotros no somos los que hemos decidido que la reforma fuera presentada en diciembre, ni que fuera tan mala. Quienes dicen que la hagamos (la tregua) saben que sería una derrota para nosotros”.

En 1995, los sindicatos bloquearon el país tres semanas y consiguieron tumbar la reforma. En 2019, el objetivo es el mismo y su determinación no hace aguas.

En la estación de Lyon, para cuando el grupo se separa, lo hace con una nueva cita para el día siguiente. Ha pasado poco menos de una hora y la hoguera central hecha con palés, cajas y algún folleto informativo de la SNCF ha quedado reducida a las brasas. EFE

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