martes, octubre 19, 2021
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El sueño romano de Antonio Canova, al descubierto en una exposición

Roma, 8 oct (EFE).- Antonio Canova (1757-1822), el escultor más influyente del neoclasicismo italiano, pasó en Roma varios periodos de su vida, inspirándose de su inabarcable patrimonio artístico, que marcó su obra para siempre y afianzó su amor por la Antigüedad.

Así se explica en la exposición “Canova. Eterna bellezza”, dedicada al maestro véneto y que permanecerá abierta desde hoy hasta el 15 de marzo del próximo año en el Palacio Braschi de la capital italiana, en plena Plaza Navona.

El objetivo es mostrar los rasgos de su arte y el contexto que el genio encontró en Roma a su llegada en 1779, a través de 170 yesos y mármoles procedentes de distintos museos italianos, como el de su ciudad natal, Possagno (norte), o del Hermitage de San Petersburgo.

La exposición, con distintos efectos lumínicos, repasa los muchos tesoros que le inspiraron en la Roma de entonces, custodiados en los Museos Capitalinos a los Vaticanos o en las colecciones de importantes familias como los Farnese o los Ludovisi.

Por ello se recorren los itinerarios con los que el escultor descubrió Roma desde que pusiera por primera vez pie en la ciudad, por entonces considerada uno de los centros del arte europeo.

En la urbe, gigantesco museo a cielo abierto, se topó con las impresionantes composiciones de Gian Lorenzo Bernini, al que se le llegó a comparar, y entró en diálogo con otros artistas como Gavin Hamilton y Pompeo Batoni, tal y como se demuestra en la exposición.

El comisario de la exposición, Giuseppe Pavanello, recuerda que con la llegada de Canova, Roma “se confirma como el centro de un arte moderno que quiere competir con el antiguo”.

El visitante podrá apreciar las obras a la luz de la vela, tal y como él mismo mostraba sus creaciones a finales del siglo XVIII en su estudio de la vía de las Colonnette, en pleno centro.

Entre las esculturas expuestas está la “Danzatrice con le mani sui fianchi” (Bailarina con los brazos en jarra, 1806-1812), que detalla la relación de Canova con el clasicismo.

O el busto de “Napoleón Primo Console” (1801), que dan fe de aquellos convulsos años en los que la Roma pontificia fue anexionada al imperio napoleónico y el papa Pio VII empujado al exilio.

Por otro lado, Canova se centró siempre en analizar el mundo clásico: “La Antigüedad hay que llevarla en la sangre hasta hacerla natural como la vida misma”, solía decir.

Por eso siempre rechazó copiar a escultores clásicos, por verlo como algo indigno de un creador, y jamás restauró mármoles antiguos, por considerarlos “intocables”, casi sagrados.

Precisamente la muestra establece una comparación entre algunas de las obras de Canova con vestigios de la Roma imperial, como el “Amorino alato” que realizó con sus propias manos y que es propiedad del Hermitage o el “Eros Farnese” del Museo Arqueológico de Nápoles.

Por otro lado, entre otras cosas, se muestra una reproducción de una de las obras más importantes de Canova, “Eros y Psique”, custodiada en el parisino Museo del Louvre. En esta ocasión se trata de una copia en mármol esculpida por un robot en un bloque de mármol de Carrara de 10 toneladas durante 270 horas. EFE

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