El Ulster recuerda la llegada del Ejército británico hace 50 años

Javier Aja

Dublín, 14 ago (EFE).- Irlanda del Norte recuerda hoy el 50 aniversario de la llegada del Ejército británico a la provincia para poner fin a los enfrentamientos entre católicos y protestantes, en una misión que se preveía breve -de apenas días-, pero que se prolongó durante casi cuatro décadas ante la escalada del conflicto sectario.

La llamada “Operación Estandarte” comenzó en las calles de Derry (noroeste del Ulster) el 14 de agosto de 1969 con el despliegue de 300 soldados y concluyó el 31 de julio de 2007, con un balance final de 722 militares muertos.

Es la misión más longeva en la historia militar moderna del Reino Unido, si bien las autoridades nunca imaginaron que el Ejército acabaría envuelto en un enfrentamiento armado que causó entre finales de los años 60 y la firma del acuerdo de paz del Viernes Santo en 1998 más de 3.600 muertos, incluidos civiles, paramilitares y miembros de las fuerzas de seguridad.

Los “Troubles” (“Problemas”), como se conoce al conflicto norirlandés, concluyeron oficialmente hace 21 años, pero su legado sigue envenenando la política de la región y ralentiza la reconciliación entre las dos comunidades tradicionalmente enfrentadas, la protestante-unionista y la católica-nacionalista.

No obstante, la llegada de los soldados británicos en el violento verano de 1969 fue inicialmente recibida con alivio por los dos bandos, pues cada uno entendía que venían a protegerles de las agresiones del otro.

Meses antes había nacido el movimiento por los derechos civiles de los católicos, pero sus marchas pacíficas por la región elevaron el grado de tensión con los unionistas y con la Policía autónoma, integrada casi exclusivamente por protestantes y considerada profundamente sectaria.

Los disturbios alcanzaron su punto álgido en julio, con el inicio de los controvertidos desfiles de la Orden unionista de Orange, y, sobre todo, en agosto, cuando otra marcha protestante en Derry desembocó en tres días de enfrentamientos, en la que se llamó la “Batalla del Bogside”.

La violencia se extendió también al oeste Belfast, feudo nacionalista, y el Gobierno norirlandés se vio obligado a pedir a Londres refuerzos para ayudar a una exhausta Policía a restablecer el orden en la provincia.

Al principio, la mayoría de la comunidad nacionalista aceptó la presencia de los soldados, que eran incluso invitados a los hogares para tomar té, comer bocadillos y charlar con familias católicas durante una primera etapa de bienvenida y de expectativas.

Esta “luna de miel” no duró demasiado porque la continúa presencia de tropas británicas en la región iba a generar inevitablemente tensiones con el Ejército Republicano Irlandés (IRA), muy debilitado entonces, pero aún comprometido con su objetivo histórico de reunificación de Irlanda.

También jugó un papel clave los errores cometidos por los militares en sus operaciones contra los insurgentes republicanos, como en el barrio de Ballymurphy, en Belfast, donde un enfrentamiento con el IRA provocó la muerte de seis personas en julio de 1970.

En febrero de 1971, el IRA asesinó al primero de una larga lista de soldados británicos y el Gobierno norirlandés decretó poco después el internamiento sin juicio de decenas de supuestos terroristas, una medida que provocó en agosto de ese año tres días de tiroteos con el IRA en Ballymurphy y causó la muerte de diez civiles.

A la llamada “Masacre de Ballymurphy” le siguió el 30 de enero de 1972 el no menos infame “Domingo Sangriento” de Derry, en el que miembros del Regimiento de Paracaidistas dispararon contra una marcha católica que transcurría por el barrio del Bogside, causando 14 muertos inocentes y decenas de heridos.

Esta cadena de desastrosas acciones armadas aumentó espectacularmente el número de reclutas para el IRA y, sobre todo, para una nueva escisión republicana, el IRA Provisional, que de la mano de su brazo político, el Sinn Féin, y de jóvenes líderes como Gerry Adams y Martin McGuinness, puso en jaque al todopoderoso Ejército británico durante más de treinta años.

Tras la firma del acuerdo del Viernes Santo y la formación de un Gobierno autónomo de poder compartido entre protestantes y católicos, el proceso de paz ha avanzado lentamente, como demuestra el hecho de que la “Operación Estandarte” solo se dio por finalizada en 2007.

Además, el legado del pasado ha vuelto para envenenar las relaciones entre unionistas y nacionalistas, que no se ponen de acuerdo sobre los mecanismos para lidiar con su propia memoria histórica.

A principio de este año, la fiscalía norirlandesa presentó cargos contra uno de los soldados implicados en el “Domingo Sangriento” y será juzgado el próximo mes.

Los partidos nacionalistas han acogido positivamente esta medida, pero lamentan que solo se trate un militar, mientras que los unionistas sostienen que los soldados deben recibir una amnistía para evitar ser procesados.

Éste y otros asuntos mantienen divididos a las formaciones e impiden la restauración del Ejecutivo de poder compartido, que permanece suspendido desde enero de 2017, a pesar de los continuos esfuerzos negociadores de Londres y Dublín. EFE