En las entrañas de la colección más grande sobre el pulque, la bebida azteca

Édgar Ávila Pérez

Puebla (México), 15 sep (EFE).- En el diminuto departamento de Javier Gómez Marín cualquier objeto que se mire huele a pulque, una de las bebidas prehispánicas surgidas del maguey, planta sagrada en México.

En Puebla, capital del central estado mexicano homónimo, se acumulan por cientos los acocotes, castañas, cueros de chivo, jícaras, vasos, tarros y jarrones, así como implementos para la extracción, transporte y consumo de la llamada bebida de los dioses aztecas.

Se trata de la colección más grande de México sobre la cultura del pulque, con 7.500 objetos como acuarelas, fotografías, postales, grabados e incluso un cortometraje de Hubert Schonger, cineasta alemán de cabecera de Adolf Hitler.

La totalidad de la colección salió de antiguas haciendas pulqueras, es decir, de pulquerías instaladas en los más recónditos pueblos y en las grandes urbes, así como de familias mexicanas amantes de la bebida fermentada que surge del maguey.

“El valor histórico es muy importante. Es la única colección en el país sobre la auténtica bebida mexicana; no existe ninguna igual ni privada ni pública”, explicó a Efe Gómez Marín, el coleccionista.

En pisos, paredes, muebles y repisas de cualquier habitación se acumulan los libros y publicaciones sobre pulque; cientos de jarras, vasos y tarros de medidas pulqueras de épocas pasadas y presentes; y otros tantos óleos, guajes, acuarelas, fotografías, postales y grabados.

Fue su abuela Elisa González quien inició la aventura. Contaba con una tradición pulquera que le hizo coleccionar 40 jarras pulqueras que legó a su nieto.

“Me las quedé y a partir de ahí me di cuenta que ya no había pulquerías y que todo estaba desapareciendo y me dediqué a comprar todo lo que había, con la ventaja que todo el mundo despreciaba el pulque”, rememora.

En las repisas aparece el primer libro que se escribió sobre el pulque en 1824, un tratado sobre el maguey. Sólo se conservan otros tres ejemplares en el mundo, dos de ellos en la Universidad de Harvard y otro en Cambridge. También hay publicaciones de los siglos XIX y XX.

“La cultura pulquera se da en tres ámbitos: producción en el campo, con los tlachiqueros (hombres dedicados a extraer el agua miel del corazón del maguey) y las haciendas pulqueras, los comercializadores y los consumidores”, afirma el especialista.

Entre los jarrones sobresalen varias joyas históricas: un tarro con el rostro de Porfirio Díaz, el militar mexicano que ejerció de presidente de México en siete ocasiones, y una más del payaso Richard Bell del circo Orrin, personaje popular del siglo XIX.

Dos piezas más son importantes: una jarra pulquera de la época de Maximiliano de Habsburgo, emperador de México y único monarca del denominado Segundo Imperio Mexicano, y un barril de cerámica de pulque elaborado en Tlaquepaque en los años veinte con una imagen de maguey, un tlachiquero y un burro.

“Empecé la colección muy fuerte a finales de los 90, cuando recorrí Europa y me di cuenta que había cientos de museos del vino y la cerveza y en México no había nada del pulque”, afirma.

Hoy ha logrado rescatar piezas inigualables, como la primera fotografía que se hizo sobre el pulque en 1870, del francés Julio Michaud, editor de álbumes de litografía y fotografía.

También se exhibe el repertorio más grande de grabados del siglo XIX y un conjunto de 300 postales de 1900 y 1910 exclusivamente del tema pulquero, tlachiquero, de magueyales y pulquerías.

Los objetos más raros son una botella de cristal donde se comercializaba la bebida de la compañía de Ignacio Torre Adalid “El Rey del Pulque”, el hombre más rico durante el porfiriato (1876-1911).

También la película en blanco y negro que Adolf Hitler mandó grabar a Schonger en 1938, donde se aprecia a un tlachicero junto con su burro extrayendo el aguamiel del maguey y luego a un grupo de campesinos mexicanos degustando el pulque.

“Duele que la cultura del pulque esté siendo olvidada”, afirma.

Gómez Marín sostiene, además, que es un error considerar que el nombre de México se derive de la palabra “mexitli”, que está compuesta por “metztli” (luna) y “xictli” (ombligo).

Afirma que, en realidad, el significado de la palabra México, de raíz náhuatl, procede de la suma entre “me” (maguey) y “xico” (ombligo), lo que -asegura- convierte a la nación en “el ombligo del maguey”. EFE