lunes, septiembre 28, 2020
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Enfermedad de alzheimer, vivir sin vida, la triste realidad de muchos seres humanos

  • “Y de pronto apareciste tú, mal despiadado llamado Alzheimer, para llevarte mi bien más preciado: mi memoria. Lo que tú no sabías es que el amor de mi cuidador es más fuerte que tus zarpazos letales”. –Anónimo
  •  “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. -Gabriel García Márquez

Vivir la vida debería ser nuestro objetivo, pero habría que agregarle que debemos vivirla a plenitud, con pasión, con gusto disfrutando el camino a lo largo de este proceso tan complejo como es la vida. Por eso debemos dotar de competencias a nuestros hijos para que lo puedan hacer realidad, insistir que los pilares de una felicidad están depositados en los conceptos y acciones relacionados con el agradecimiento de las cosas que tenemos día a día, con la capacidad de perdonar para satisfacción de nosotros mismos, y de amar con pasión a nuestra pareja, hijos familia o a nuestro prójimo.

Aprender que la inversión que hoy realicemos por nuestro organismo, incluida nuestra mente será lo que nos puede deparar el futuro, tal es el caso de la enfermedad de Alzheimer, que llega en forma implacable, obligándonos a vivir sin saber que existimos, y por supuesto el sufrimiento que generamos en nuestros seres queridos, porque el final puede estar muy lejos, y por lo cual deberíamos hacer lo que este en vuestras manos para prevenir o evitar al máximo esta enfermedad.

 De acuerdo a la OMS, la demencia es un trastorno progresivo que deteriora la función cognitiva de las personas. La forma más común de esta enfermedad es el Alzheimer. En México, se estima que 800, 000 personas tengan un trastorno de demencia.

Según datos del censo de población 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en nuestro país hay 10,055,379 personas, hombre y mujeres, en el grupo de edad entre 60 a 85 y más años.

Sumado a esto, un estudio del Consejo Nacional de Población (CONAPO) sobre la proyección de esperanza de vida de los mexicanos, muestra para el Distrito Federal un promedio de 77 y 78 años, para los años 2020 y 2030, respectivamente.

Los datos anteriores adquieren relevancia en materia de salud ya que la Enfermedad de Alzheimer es la principal forma de demencia y se presenta a partir de los 65 años de edad, de acuerdo al estudio conducido por la Dra. Ana Luisa Sosa Ortiz para el Instituto Nacional de Geriatría.

“El aumento de expectativa de vida, como una consecuencia del desarrollo médico y tecnológico, nos enfrenta de manera creciente al diagnóstico y manejo de las demencias, siendo éste uno de los mayores desafíos para la medicina actual.”

Este mismo estudio menciona una clasificación de las demencias en tres grupos:

  • Demencias degenerativas primarias
  • Demencias vasculares, y
  • Demencias secundarias

Así mismo, el grupo de las degenerativas se conforma por:

  • Corticales y subcorticales, y
  • Córtico-subcorticales.

Pueden transcurrir de cuatro a cinco años para que una persona con manifestaciones demenciales sea diagnosticada. La Enfermedad de Alzheimer es la principal forma de demencia con una frecuencia de 50 a 70% del total de las demencias. La prevalencia de la demencia (en otras palabras qué tan frecuente es en función de factores como la edad o sexo) crece exponencialmente de los 65 a los 85 años, duplicándose cada 5-6 años y estabilizándose a partir de los 85-90 años. Las mujeres presentan un mayor riesgo de presentar demencia de Alzheimer, mientras que los hombres de padecer Demencia vascular. Si se tiene un familiar de 1er grado con demencia, el riesgo de presentarla es 4 veces mayor.

Existen varios tipos de demencia. Los efectos de los diferentes tipos de demencia son similares pero no idénticos, debido a que cada uno afecta diferentes partes del cerebro.

Las diferencias se explican en los siguientes renglones: la enfermedad de Alzheimer (EA) es la demencia más frecuente en los ancianos (es el diagnóstico en el 50-70% de todos los pacientes con demencias). La enfermedad de Alzheimer, descripta por primera vez por el neurólogo Alemán Alois Alzheimer; es una enfermedad física que afecta el cerebro. Durante el curso de la enfermedad se desarrollan “placas” y “ovillos” en la estructura del cerebro, conduciendo a la muerte de las células cerebrales. También sabemos que las personas con Alzheimer tienen una carencia de algunas sustancias químicas del cerebro. Estas sustancias están encargadas de la transmisión de mensajes dentro del cerebro. La EA es una enfermedad progresiva, lo que significa que gradualmente se dañarán mayores partes del cerebro. A medida que esto ocurre los síntomas comienzan a ser más severos. Las personas en la etapa temprana de la enfermedad de Alzheimer pueden experimentar olvidos y tener problemas para encontrar las palabras adecuadas. A medida que la enfermedad progresa ellos pueden: volverse confusos y olvidar frecuentemente los nombres de personas, experimentar cambios de humor, pueden sentirse tristes o enojados, asustados o frustrados por su aumento en la pérdida de la memoria, volverse más introvertidos porque perdieron la confianza o tienen problemas de comunicación. A su vez las personas con Alzheimer necesitarán más apoyo de aquellos que cuidan de ellos. Con el tiempo necesitarán ayuda en todas sus actividades diarias. La enfermedad de Alzheimer (EA) es la demencia más frecuente en los ancianos (es el diagnóstico en el 50-70% de todos los pacientes con demencias). La enfermedad de Alzheimer, descripta por primera vez por el neurólogo alemán Alois Alzheimer; es una enfermedad física que afecta el cerebro. Durante el curso de la enfermedad se desarrollan “placas” (de Beta-Amiloide) y “ovillos” (de proteína Tau) en la estructura del cerebro, conduciendo a la muerte de las células cerebrales y la consecuente atrofia. Suele tener una duración media aproximada de 10-12 años, aunque esto puede variar mucho de un paciente a otro. También sabemos que las personas con Alzheimer tienen una carencia de algunas sustancias químicas del cerebro. Estas sustancias están encargadas de la transmisión de mensajes dentro del cerebro. La EA es una enfermedad progresiva, lo que significa que gradualmente se dañarán mayores partes del cerebro. A medida que esto ocurre los síntomas comienzan a ser más severos. Las personas en la etapa temprana de la enfermedad de Alzheimer pueden experimentar olvidos y tener problemas para encontrar las palabras adecuadas.

 A medida que la enfermedad progresa les puede aparecer:

  • Volverse confusos y olvidar frecuentemente los nombres de personas, lugares, citas y hechos recientes.
  • Experimentar cambios de humor.
  • Pueden sentirse tristes o enojados, asustados o frustrados por su aumento en la perdida de la memoria.
    Volverse más introvertidos porque perdieron la confianza o tienen problemas de comunicación.

A medida que la enfermedad progresa las personas con Alzheimer necesitarán más apoyo de aquellos que cuidan de ellos. Con el tiempo necesitarán ayuda en todas sus actividades diarias.
Aunque existen síntomas comunes de la enfermedad de Alzheimer, es importante recordar que cada persona es única. Las personas experimentarán la enfermedad en su propia forma individual.

Es claro entonces que la Enfermedad de Alzheimer principalmente afecta a personas mayores. Por lo que debemos considerar que la edad continúa siendo el mayor factor de riesgo para la demencia. La prevalencia (número de personas con demencias en una población en un momento determinado) se duplica a partir de los 65 años cada 5 años. La demencia afecta una de cada 8 personas mayores de 65 años y una de cada 3 personas mayores de 80 años. Aunque la incidencia de la EA no ha variado desde la descripción hecha por Alois Alzheimer en 1907, los médicos ven actualmente esta enfermedad con más frecuencia debido a que la población vive mucho más tiempo por lo que aumenta la población en riesgo de desarrollar la enfermedad. Envejecimiento NO es sinónimo de Alzheimer. Existe evidencia de personas con estudios post mortem de su cerebro, en los que se encontraron placas y ovillos, los marcadores biológicos del Alzheimer y sin embargo estos individuos no habían desarrollado las manifestaciones clínicas de la enfermedad. Este son casos de una mente intacta dentro de un cerebro con Alzheimer. Evidencia desde estudios epidemiológicos sugieren que individuos con mayor educación, más activos mentalmente, con mayores actividades sociales y actividades recreativas tienen menos riesgo de padecer Alzheimer. Datos como estos dieron lugar al concepto de “Reserva Cognitiva” que sería la capacidad del cerebro para tolerar mejor los efectos de la patología asociada a la demencia. Hay un gran interés científico, y también una cantidad cada vez mayor de literatura especializada, sobre cómo factores del estilo de vida como la actividad física, la educación y las relaciones con otras personas, pueden ayudar a construir una “reserva cognitiva” que será útil en los últimos años de la vida. Por reserva cognitiva se entiende una plasticidad neural ampliada, el uso compensatorio de regiones cerebrales alternativas, y una red enriquecida de vasos sanguíneos cerebrales, todo lo cual se cree que proporciona una protección general contra el surgimiento de los primeros síntomas de demencia senil.

Hasta ahora no ha sido identificado un único factor como la causa de la enfermedad de Alzheimer. Es probable que sea responsable una combinación de factores, incluyendo la edad, la herencia genética, los factores ambientales, la dieta y la salud general.

 No existe un test diagnóstico para determinar o confirmar con certeza la enfermedad de Alzheimer ante la ausencia de síntomas. Los métodos clínicos actuales combinan la evaluación neurológica, pruebas neuropsicológicas, las imágenes, con las referencias del cuidador y el juicio del examinador. Realizado por un médico entrenado, este método tiene aproximadamente el 90% de precisión en diagnosticar la enfermedad de Alzheimer. En general, el reconocimiento de las diferentes demencias depende de la integración que realiza el profesional de los datos de la historia clínica con el examen neurológico y físico general, con la evaluación del estado mental y con el resultado de exámenes complementarios seleccionados. Resulta fundamental para realizar el diagnóstico que el médico pueda concentrarse detalladamente en la información que brinda el paciente y los familiares. El examen físico general puede poner de manifiesto evidencia de enfermedades que comprometan las funciones intelectuales, mientras que un examen neurológico exhaustivo provee la información necesaria para determinar el tipo de compromiso del sistema nervioso central. La evaluación del estado mental o evaluación neuropsicológica es de valor para determinar el tipo de compromiso intelectual, cuantificar el grado de deterioro y posibilitar el control de la evolución del paciente, así como la evaluación de la posible eficacia de determinados tratamientos durante el seguimiento. Hay estudios de laboratorio que son indispensables en los pacientes con demencia para descartar la presencia de una enfermedad clínica que afecte la memoria (ej: hipotiroidismo). La tomografía computada y la resonancia magnética tienen también un papel fundamental en el diagnóstico de la demencia. Ambos procedimientos permiten diagnosticar lesiones (por ejemplo: tumores u infecciones) que pueden afectar los procesos cognitivos como la memoria o el lenguaje mientras que en las enfermedades degenerativas, como la enfermedad de Alzheimer, se observa atrofia cerebral. Existen estudios de mayor complejidad (Tomografía por emisión de positrones con o sin marcador amiloide y biomarcadores en líquido cefaloraquídeo) que en casos dudosos pueden ser de gran utilidad para arribar a un correcto diagnóstico. No se utilizan de rutina.

 Hasta 1993 no había tratamiento aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos para los síntomas cognitivos primarios de la Enfermedad de Alzheimer. Desde entonces 5 drogas han sido aprobadas. Cada una de las cuales provee beneficios significativos para el paciente y la familia. Actualmente con una terapia efectiva disponible, la detección de la enfermedad de Alzheimer y condiciones relacionadas es particularmente importante. De las cinco drogas aprobadas por la FDA cuatro son unos fármacos denominados inhibidores de la colinesterasa (galantamina, rivastigmina, donepezilo y tacrina). Los inhibidores de la colinesterasa aumentan temporariamente los niveles de acetilcolina, un mensajero químico que es deficiente en la EA. Aunque ningún tratamiento farmacológico ha probado ser capaz de detener el progreso de la Enfermedad de Alzheimer, la terapia con inhibidores de acetilcolinesterasa ofrece mejoras sintomáticas o retraso en la progresión de los déficits cognitivos, de comportamiento y funcionales. Los inhibidores de la colinesterasa están indicados para el tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer leve y moderado. Los inhibidores de acetilcolinesterasa usados actualmente son la rivastigmina, el donepecilo y la galantamina. Los efectos adverson más frecuentes son intolerancia gastrointestinal (que puede ser reducida con la administración del fármaco luego de la comidas y con el uso de antieméticos antes de la comida), eventos cardiovasculares como bradicardia y alteraciones del ECG (se recomienta el control cardiológico antes de comenzar con un inhibidor de la acetilcolinesterasa), incontinencia urinaria, calambres y debilidad. Numerosos estudios han demostrado la efectividad de estas drogas mejorando las funciones cognitivas y el estado clínico general. Los síntomas conductuales son tan importantes como los cognitivos y casi todas las personas con Alzheimer los presentan en algún momento del curso de la enfermedad. Los cambios conductuales se hacen más frecuentes con la progresión de la enfermedad, son recurrentes y pueden ocurrir simultáneamente. El uso de inhibidores de la acetilcolinesterasa (AChE) para el tratamiento de los síntomas conductuales en la enfermedad de Alzheimer representa una nueva etapa en la farmacoterapia del tratamiento de los trastornos de conducta. Estos fármacos, solían utilizarse solamente para los aspectos cognitivos, pero hoy en día también se los usa para los aspectos conductuales, un fenómeno central en las enfermedades demenciales. Los inhibidores son eficaces para un amplio rango de síntomas conductuales. Pueden utilizarse como tratamiento adyuvante a drogas para síntomas neuropsiquiatricos como los antipsicóticos, antidepresivos y ansiolíticos. El uso de los inhibidores de la acetilcolinesterasa (AChE) para los síntomas neuropsiquiatricos además reduce la dosis de los psicofármacos generalmente utilizados para el manejo de los síntomas conductuales.

La última droga aprobada por la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer moderada y severo es la memantina. El mecanismo de acción de la memantina es diferente al de los inhibidores de la colinesterasa. La memantina regularia la actividad del glutamato, un mensajero químico que juega un rol critico en la memoria y aprendizaje. La memantina demostró tener buena tolerancia y fue significativamente superior al placebo en las actividades de la vida diaria, en el rendimiento cognitivo, y en la impresión clínica global por parte del familiar y del profesional. Los estudios muestran que la memantina provee beneficios sintomáticos actuando como monoterapia y junto a un inhibidor de la colinesterasa en el tratamiento de la EA moderada y severa.

El tratamiento standard de la EA incluye un inhibidor de colinesterasa con la adición de memantina en los estados moderados de la enfermedad. Actualmente, la atención está dirigida al desarrollo de drogas modificadoras de los cambios cerebrales que produce la enfermedad que permitan alterar el curso de la EA. Existe un amplio optimismo que nuevos avances importantes en tratamiento de la EA estén en un horizonte cercano.

 Asegurarse que una persona con Alzheimer se sienta mental y físicamente segura es una parte importante y significativa de su cuidado. ES necesario que los cuidadores y su entorno, minimicen la confusión y le brinden un medio estructurado y seguro. El establecimiento de una rutina diaria en un ambiente conocido es una forma de ayudar. También es importante proveer comidas nutritivas en un horario regular, para que la nutrición sea adecuada y la salud física óptima. Mantener al paciente en contacto con familiares y amigos, y recordarle eventos pasados y actuales, además de fechas importantes, son buenos ejercicios mentales.

El entorno físico debe estar adaptado para prevenir accidentes por caídas, extravíos, fugas y otras conductas de riesgo.

Hay muchas formas de ayudar y confortar a alguien con enfermedad de Alzheimer. Una de las más importantes es que los familiares o personas a cargo del cuidado del paciente obtengan la mayor información posible acerca de la enfermedad e identifiquen recursos y ayudas existentes en la comunidad y en los profesionales a cargo del tratamiento.

Aunque existen síntomas comunes de la enfermedad de Alzheimer, es importante recordar que cada persona es única.

Las personas experimentarán la enfermedad en su propia forma individual. Es una enfermedad neurodegenerativa, progresiva. Se ha observado que es muy frecuente, pudiendo ser considerada la segunda causa de demencia luego de la Enfermedad de Alzheimer. Además, sólo el 30% de los pacientes estarían diagnosticados en forma correcta.

Las características más importantes son:

  • Cognición fluctuante: El estado de alerta y la atención fluctúan en forma permanente.
    • Parkinsonismo: Síntomas semejantes a los de la enfermedad de Parkinson (rigidez, temblor y lentitud en los movimientos, ocurren al mismo tiempo o luego de la aparición de demencia).
    • Alucinaciones visuales recurrentes: Una alucinación es cuando una persona ve, o escucha algo que no es real. En la enfermedad por cuerpos de Lewy son frecuentes y se caracterizan por ser detalladas y bien formadas.

Por último, es conveniente insistir en la prevención, para lo cual le puedo dar los siguientes consejos:

  1. Eliminar el tabaco. El tabaco es origen o potenciador de tantas enfermedades que habría que erradicarlo de nuestra vida de manera fulminante. Tenemos que tener en cuenta que las personas fumadoras tienen un riesgo un 45 % más alto de sufrir demencia.
  2. Cuidar la alimentación. Aunque no se dispone de estudios muy concisos acerca de la incidencia de la alimentación en esta demencia se sabe que hay alimentos que nos protegen de ella. Así que introduce en tu dieta manzanas, cítricos, calabaza, zanahorias, fresas, uvas, tomates, legumbres y pescados.
  1. Cuidar nuestro corazón. Si cuidamos de nuestro corazón cuidamos de nuestro cerebro. Uno de los factores de riesgo a la hora de sufrir alzhéimer son las enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión, el colesterol, la diabetes y la obesidad. Muchas de estas enfermedades son consecuencia directa de nuestro estilo de vida.
  1. Proteger nuestra cabeza. Parece que existe una relación entre sufrir un traumatismo craneal severo con pérdida de conciencia y el riesgo de padecer alzhéimer el día de mañana. Así que no expongamos esta zona de nuestro cuerpo a ese riesgo. Protejámosla de la manera adecuada cuando sea necesario, como en el trabajo o al practicar deporte.
  1. Realizar ejercicio físico. Hay estudios que demuestran que el mantenerse activo físicamente reduce la aparición de las demencias a nivel general y en concreto del alzhéimer. No hace falta que vayamos corriendo a apuntarnos al gimnasio, que podemos hacerlo, sería suficiente con caminar a buen paso al menos 30 minutos al día.
  1. El estar con otras personas y relacionarnos con ellas hacen que nuestro cerebro esté activo y alerta. Hace que siga trabajando por lo que nos ayuda a prevenir esta enfermedad.
  1. Entrenar el cerebro Al igual que debemos que tener una buena rutina de ejercicio físico tenemos que mantenerla con nuestro cerebro. Servirá para evitar, o al menos retrasar, la aparición del alzhéimer. Todo es válido. Leer, aprender un idioma, hacer crucigramas o sudokus, apuntarse a un curso, hacer cálculos matemáticos, todo lo que haga a nuestra mente esforzarse es positivo.

 Finalmente me parece necesario insistir en la necesidad de que los pacientes asuman su responsabilidad del autocuidado y que empiecen a realizar acciones que les permitan prevenir este tipo de enfermedades.

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