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Estambul celebra (de nuevo) a su primer alcalde socialdemócrata en 25 años

Ilya U. Topper

Estambul, 27 jun (EFE).- Fue alcalde 17 días hasta que una impugnación anuló su nombramiento y las elecciones que ganó. Desde hoy, de nuevo, el socialdemócrata Ekrem Imamoglu ha asumido la función de regidor de Estambul, acompañado de decenas de miles de seguidores que celebraban el fin de 25 años de gobiernos islamistas.

Banderas con la efigie de Atatürk, el fundador de la República turca, ondeaban junto a carteles con la frase “Todo irá bien”, el lema con el que Imamoglu lanzó en abril la campaña electoral después de que fuera anulada, a instancias del partido gubernamental, el islamista AKP, su victoria ajustada en los comicios de marzo pasado.

La victoria rotunda de Imamoglu el domingo pasado, con una diferencia de 800.000 votos frente a su rival, el ex primer ministro Binali Yildirim, mano derecha del presidente, Recep Tayyip Erdogan, ha electrizado a sus seguidores, que le dieron hoy una calurosa bienvenida ante el consistorio.

Desde horas antes, personas de toda condición – jóvenes, mayores, familias, incluso muchas mujeres con el velo islamista que suele caracterizar a las simpatizantes del AKP – afluyeron al edificio de Saraçhane, en el centro histórico de Estambul, mientras que a lo largo del camino se agolpaban los vendedores de banderas turcas y de agua mineral, sudando bajo un sol de justicia.

“¿Quién es alcalde? Ekrem…”, gritaba un animador desde lo alto de un autobús preparado como tribuna, y miles de bocas respondían al unísono: “¡…Imamoglu!”

“Todo….” iniciaba el animador. “…irá bien”, respondía la muchedumbre.

“Justicia, ley y derechos”, era uno de los gritos más repetidos en la plaza, en referencia a la victoria de Imamoglu contra lo que sus seguidores percibieron como la injusta y arbitraria anulación de su primera victoria. 

Imamoglu recibió un acogimiento de estrella de rock, con sus seguidores lanzando bengalas ante el consistorios, mientras tampoco faltaban inmensas banderas de dos de los mayores clubes del fútbol de Estambul, por un lado la blanquinegra del Besiktas, favorita de los hinchas de izquierdas, y por el otro la rojigualda del Galatasaray, más común entre la burguesía liberal, pero curiosamente adornada con la efigie del Che Guevara.

Tras recibir el bastón de mando de manos de las autoridades interinas, Imamoglu se presentó ante sus seguidores, micrófono en mano, acompañado de su esposa, Dilek, para agradecer el apoyo recibido, no solo a sus seguidores, sino a todos los partidos, también al AKP, su rival.

Si bien en los comicios de marzo, el partido gubernamental había hecho todo lo posible para arrojar dudas sobre la victoria de Imamoglu, acusando de fraude a su partido, el socialdemócrata CHP, tras el triunfo rotundo del domingo, tanto Yildirim como Erdogan asumieron las consecuencias y felicitaron de forma inmediata y expresa a su adversario. 

“Nadie puede ignorar la voluntad popular”, exclamó el ya alcalde, que prometió gobernar para “los 16 millones de vecinos de Estambul, sin diferencia ninguna” y un Gobierno “transparente y participativo”.

Imamoglu invitó a todos a participar en la construcción de una Estambul “con más felicidad, más amor, más respeto, más tranquilidad”.

Para ello, pidió a sus conciudadanos respetar una serie de normas cívicas a partir de ahora mismo: No tocar el claxon en la calle, respetar los pasos de peatones, no tirar basura por la ventana del coche, usar las papeleras, llamar la atención a quien no lo haga, ceder el asiento en el metro a las embarazadas o los discapacitados…

“Nos queda mucho camino por delante. Pero trabajaremos y tendremos éxito. Necesitamos vuestra ayuda y vuestro apoyo. Por favor, no nos dejéis solos. Avisadnos cuando cometemos errores. Haced propuestas. Criticadnos”, pidió Imamoglu, subrayando el caracter participativo de su futuro gobierno. 

La advertencia surtió efecto: cuando Imamoglu bajó el micrófono tras casi una hora de un fervoroso discurso, un ejército de espontáneas – casi todas mujeres – se armaron de bolsas de plástico para recoger los botellines de agua y vasos de plástico del suelo.

Estambul era una fiesta y la muchedumbre seguía cantando al bajar las escaleras del metro. No faltaba quien aplaudía hasta a los vagones al entrar en tren en la parada. EFE

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