Ética ‘hacker’, una herramienta para combatir la desigualdad en Iberoamérica

Carlos Villar Ortiga

Zaragoza (España), 15 sep (EFE).- La ética ‘hacker’, que defiende los principios de libre acceso a la información, se ha convertido en una herramienta para combatir la desigualdad en muchos países de Iberoamérica, donde los sectores más excluidos de la sociedad se organizan en laboratorios ciudadanos para ganar presencia política.

Esta filosofía, que promulga un cambio en la forma de participación que permita abrir las instituciones a la población, ha sido el núcleo del Encuentro Iberoamericano de Innovación Ciudadana que reunió este viernes a más de 15 expertos internacionales en Zaragoza (noreste español)

En la provincia argentina de Santa Fe, de más de tres millones de habitantes, un laboratorio ciudadano, SantaLab, trabaja a diario para fomentar los proyectos creativos de sus vecinos, mientras desarrolla una gran plataforma digital que les haga partícipes de las decisiones políticas de la región.

“Lo que se gestiona con recursos públicos no puede ser privatista ni extractivista, sino que tiene que reducir la desigualdad”, defendió el director de Gobierno Abierto de la provincia, Dardo Ceballos.

Desde SantaLab apuestan por la creación de portales de datos abiertos en la red, pero a los que pueda tener acceso toda la población y no únicamente el perfil de “varón blanco de clase universitaria” que monopoliza las decisiones políticas del país.

En Colombia, algunas regiones como la de Nariño también se han decidido a implantar departamentos de innovación social para que los vecinos tengan una mayor capacidad de elección sobre las políticas públicas.

La plataforma de datos abiertos “GANA Control” o el proyecto de presupuestos participativos para los municipios son algunas de las iniciativas que han llevado a cabo con el objetivo de abrir las instituciones a la población.

“Es urgente llegar a las comunidades para que ellas se junten y recuperen el tejido social”, señaló la funcionaria de Gobernación de la región Paola Corral, que quiere recobrar la confianza de la ciudadanía, mermada por los altos índices de corrupción y narcotráfico.

En Brasil, la comunidad negra (el 54 por ciento de la población), también reivindica su papel en la vida política, especialmente las mujeres que en la última década se han agrupado en organizaciones comunitarias para visibilizarse.

“Hace 130 años que se acabó la esclavitud legal en Brasil, pero las políticas públicas no han hecho nada para reparar la condición social. Si miras la pirámide social, las personas negras siguen en la misma situación”, denunció la periodista e investigadora brasileña, Bianca Santana.

La Banda Didá, formada por más de 300 mujeres que tocan el tambor en las calles de Sao Paulo para exigir justicia, es un ejemplo paradigmático sobre estas formas nuevas de organización que tratan de facilitar el acceso de la comunidad negra a la universidad o de reducir la alta tasa de pobreza.

“Las mujeres negras juntas se fortalecen y ocupan los espacios y las instituciones para cambiar las cosas”, explicó Santana, que lamenta que el asesinato de la política Marielle Franco, hace seis meses, haya supuesto un paso atrás para este sector en riesgo de exclusión.

Todas estas iniciativas se plantearon en el encuentro organizado por el Gobierno regional de Aragón (noreste español), que ha permitido establecer una gran red de laboratorios de innovación ciudadana, a la que también se suman otros países como México o Uruguay. EFE