Feña Mackenna, viaje de ida y vuelta a los 400 m en busca de su mejor versión

La Tercera

Natalia Arriaga

Madrid, 31 jul (EFE).- “Estoy en una etapa en la que sé lo que quiero. Tengo muchas ganas y mucha hambre de crecer. Ganas de ser una mejor versión de mí misma”.

Con esta seguridad se expresa la velocista chilena Fernanda Mackenna el día que pone fin a una concentración de un mes en Madrid, en una temporada en la que, a los 31 años, ha batido su propio récord nacional de los 400 metros (53.13), ha perdido el miedo a la distancia y se ve capaz de bajar hasta los 52 segundos “este año o el próximo”.

“Yo tengo 31 años pero empecé a correr 400 muy tarde. Corrí cuando chica, pero luego me lesioné, volví a los 200, volví a los 100. Soy una atleta con mucha más base de velocidad que de la resistencia de ritmo del 400”, se definió ‘Feña’ Mackenna en conversación con Efe.

En las pistas del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid, casi desiertas debido al intenso calor del mediodía de finales de julio, Mackenna admitió que durante su carrera ha tenido una relación “de amor y odio” con los 400 metros, distancia en la que en junio fue bronce en los pasados Juegos Suramericanos de Cochabamba (Bolivia).

“Yo creo que tenía amor y odio antes porque no entrenaba para los 400. Solo hacía trabajo de 100 y 200 y una vez un 400 o un 500. Y ahora este año siento que por primera vez entrené para 400. Y llegué a correr y dije, guau, esto está fácil, no me da miedo”, aseguró.

“Aún me falta equilibrar la velocidad con el ritmo de la carrera para estar este año o el próximo, como quiero, entrando en los 52 segundos. Pero creo que lo voy a lograr”, añadió.

Si una vez hubo odio o miedo, ahora sin duda es amor lo que siente por el reto elemental de dar una vuelta al estadio.

“Es una prueba que no te da para pensar. Si estás pensando, te fuiste de la carrera. Y pasa muchas veces. De repente cometes un error y puedes empeorar un segundo. Pensaste, viste, escuchaste un grito… y te fuiste. Hay que estar muy presente en la carrera. Cuando uno logra eso, la magia ocurre. Dar la vuelta es… como si se parara el tiempo. Una va corriendo y está todo el estadio en pausa”, describió con emoción la santiaguina.

Hija de una exatleta que fue plusmarquista chilena de los 100 metros, Leslie Cooper, Feña entrenó en Chile con Alberto Labra hasta los 18 años, corriendo sobre todo 100 y 200.

“Luego me fui a Estados Unidos a estudiar psicología y el entrenamiento allí era muy distinto, mucho más de distancias largas, más orientado al 400. Yo no estaba acostumbrada. Me lesioné, me tuve que operar y al volver a Chile no quería saber nada de los 400”, reconoció.

Pero a los 26, cuando ella dice que maduró, se dijo: “ya, tengo que volver a mi prueba”.

“En 2013 empecé a correr nuevamente y en 2014 batí el récord de Chile. 2015 y 2016 fueron para mí años muy complicados, estuve con anemia. En 2017 cambié de entrenador y me fui a Estados Unidos. Aprendí mucho de la técnica, de los ejercicios, de los brincos. Otra mirada de la que teníamos a en Chile. Luego mi suegro se enfermó y tuvimos que regresar y volví con mi entrenador de los 14 años. La idea era sentirme bien de nuevo, pero batimos récords”, celebró.

Haber entrenado en Chile, en Estados Unidos, en España (“harto cambio”, dijo) le ha permitido comparar distintas técnicas que van y vienen como las modas.

“En Chile estaba la técnica circular, que yo empecé a hacer en 2016 y a Chile llegó en 2019. Ahora ya no es circular, ahora dicen que hay que tirar el pie para abajo. Son ejercicios que una va observando y ayuda mucho estar en España y ver que lo que hacen las chicas de 400 y que una no está tan lejana, que puede aspirar a lo mismo”, indicó

Cuando batió su propio récord chileno, el pasado 14 de abril en Santiago, tanto ella como su entrenador se llevaron una sorpresa.

“No lo esperábamos. Estábamos aún en un periodo de transición de carga hacia la velocidad. Nuestro objetivo eran los Juegos Suramericanos y la verdad es que allí, con la altura, para mí fue bien difícil. Me agarré un resfriado y en mi mente solo estaba conseguir una medalla, más que batir el récord nuevamente. Salí tercera”, recordó sobre su paso por Cochabamba.

“Y ahora el gran sueño, ojalá, sería llegar a Tokio 2020”, expresó Mackenna, que también confía en estar en 2019 en los Panamericanos de Lima, en los que ya tiene plaza el relevo chileno 4×400, y en los Mundiales de Catar.

“La marca es 52.30, en este momento estaría como casi a un segundo, pero si puedo lograr ese ritmo de carrera que busco, puede salir. Claramente es trabajo y estar bien emocionalmente, en buenas condiciones. La aspiración está ahí”, afirmó.

En busca de ese estado mental óptimo, Mackenna confía más en su madurez que en su condición de psicóloga.

“A veces los psicólogos nos enredamos más que las otras personas”, dijo entre risas. “Pero sí tengo un ‘coach’ que me ayuda. Yo compito muy bien cuando estoy en Chile y me falta un poco cuando estoy en Europa. El jet-lag, el horario, se produce un desfase que hay que manejar pensando en un Mundial o unos Juegos Olímpicos. Ya lo hablé con mi ‘coach’, hay que trabajar esa debilidad”.

“Más que ser psicóloga es mi experiencia, mi madurez. Se puede decir que estoy más madura y sé salir a por lo que quiero”, incidió.

“Una de las cosas de las que quizá me arrepienta”, admitió, “es de haber sido al principio de mi carrera demasiado cautelosa. Por eso ahora mucha gente dice, bueno tienes 31 años, si ya no lo lograste… Pero pienso que no, que depende de los años entrenados, del hambre que uno tenga, de los objetivos”, argumentó.

Feña cree que “puede haber una chica de 19 que esté mas entrenada, pero quizá tenga menos hambre, está pasando por otra etapa de la vida”.

“Yo estoy en una etapa en que sé lo que quiero y tengo muchas y hambre de crecer. Ganas de ser una mejor versión de mí misma”, dijo.

Los Iberoamericanos del 24 al 26 de agosto en Trujillo (Perú) son su objetivo inmediato y para el que se entrenó durante un mes en Madrid.

“Ya estuve en Madrid hace cuatro años. La verdad es que en Chile se hace muy difícil con el frío. Teníamos el Iberoamericano y quisimos venir a entrenar y aprovechar una competencia de buen nivel. Competí en París y no me fue muy bien porque ando con un poquito de ciática. Corrí bien hasta los 300 y luego sentí calambres y me dejé ir, no quería lesionarme”, relató.

Ahora sabe que “con acupuntura y un poco de descanso” terminará de curarse antes de Trujillo. “Cuando lleguemos al frío ya no hay mucho más entrenamiento que hacer, solo ponerse en punto”.

“Para mí sería ideal estar entre las primeras cuatro o cinco del Iberoamericano. Tampoco sé cómo se viene la competencia, los equipos aún no están definidos”, dijo. “Ojalá esté cerca de mi récord”.

Por las venas de Fernanda corre sangre irlandesa, la de Juan MacKenna O’Reilly (1771-1914), general del ejército chileno en la Guerra de Independencia; pero también belga e inglesa, por sus abuelos maternos.

“Mi madre es inglesa. Ella corría 100 y tuvo récord de Chile. Su familia esta mucho más ligada al rugby y ella tuvo mucho menos apoyo. Por eso a mí me acompaña siempre. No se ha perdido una competición. Para mí es fundamental”, aseguró Mackenna antes de hacer la maleta y abandonar el Colegio Brasileño de Madrid, su residencia del último mes, para volver a Chile y prolongar su relación de amor con los 400 metros. EFE