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Filme brasileño, altavoz en la Berlinale del Movimiento de los Sin Tierra

Elena Garuz

Berlín, 10 feb (EFE).- El filme brasileño “Chao”, de la cineasta Camila Freitas, se ha convertido hoy en altavoz del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en su estreno en la Berlinale, dentro de la sección Forum, dedicado al cine de vanguardia y experimental.

En entrevista con Efe, la directora se muestra muy contenta con la proyección de su filme en la Berlinale, “un festival muy importante y muy político” y por lo tanto “el lugar idóneo” para estrenar su documental sobre el MTS cuando Brasil vive ahora “un momento tan delicado y triste”.

La situación para los Sin Tierra nunca ha sido fácil ni contaban con garantías y en estos 35 años de existencia, explica, se han tenido que enfrentar a prejuicios, amenazas, asesinatos y una exclusión sistemática.

En los quince últimos años, con Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff en el poder, y aunque tampoco hubo una verdadera reforma agraria, existía la posibilidad de diálogo, precisa.

“Ahora las cosas realmente han empeorado mucho. Los terratenientes están el poder y harán todo lo posible por poner fin a todo tipo de activismo y en favor de una reforma agraria”, señala, a la vez que considera que realmente no les interesa la reforma agraria, porque tienen miedo de perder poder y en Brasil tener tierras equivale a tener poder, subraya.

Brasil es el segundo país del mundo en lo que respecta a distribución desigual de la tierra, y “eso es muy importante para ellos para mantener el poder”.

Hoy día, alrededor del 1 % de los terratenientes poseen cerca de la mitad de toda la tierra cultivable en Brasil, terrenos que podrían ser mucho más productivos o que están reservados a la agroindustria, que principalmente produce para la exportación, denuncia.

Se trata de un hecho muy controvertido, porque alrededor del 80 % de la producción agrícola de consumo nacional proviene de pequeños propietarios de tierra y de la agricultura familiar, subraya.

“Así que creo que lo que realmente temen es que este sistema cambie, porque lo que los Sin Tierra proponen no se refiere sólo a la redistribución de la tierra, sino también a un cambio en las formas de producción. También defienden prácticas agroecológicas y una organización diferentes del trabajo”, precisa.

Pero Brasil nunca ha llevado a cabo una reforma agraria y “es obvio que esto está muy conectado con la enorme desigualdad” que caracteriza al país, señala.

Freitas teme que tras tantos años de lucha, en el contexto actual, el MTS acabe por desaparecer.

En 2014, cuando empezó su filme, el movimiento vivía un momento álgido con Rousseff como presidenta del país suramericano, “con muchas cosas por las que luchar y la posibilidad de un diálogo”.

“Pasaron los años y tuvimos un golpe de estado, llegaron las fuerzas conservadoras y ganaron más y más espacio, ante lo cual el movimiento también se debilitó”, lamenta.

A pesar de que le movimiento sigue siendo muy fuerte y está presente en todo el país, “hemos visto gente que lo ha dejado por miedo”.

Siempre lo tuvieron difícil, pero ahora la existencia del movimiento está amenazada, “la resistencia siempre está ahí, pero no es fácil”, señala.

Poco a poco perseguirán y procesarán cada vez a más gente y disuadirán a otros de sumarse al movimiento, pronostica.

El filme de Freitas, nominado al premio al mejor documental, muestra esta lucha a través de los ojos de una comunidad de trabajadores sin tierra en la región de Goiás, que en 2015 ocuparon parte del terreno de una fábrica de caña de azúcar y exigen una redistribución de la tierra.

La cinta documenta el día a día de estos Sin Tierra y les acompaña en su trabajo en el campo, su activismo político y en sus conversaciones sobre un futuro mejor que pasa por soñar y diseñar sobre una pizarra la estructura de su propio pedazo de tierra.

Freitas estableció lazos más estrechos con algunos de ellos, en particular con una mujer “abuela” que la sorprendió “por su fortaleza y su determinación de cambiar cosas y conseguir un pedazo de tierra donde llevar una vida digna”.

“Su existencia, su fortaleza y al mismo tiempo su finitud son parte de este proceso interminable”, subraya. EFE