Gritones exigen al alcalde cumpla promesas de campaña

  • Enríquez Herrera ofreció acabar su gestión y ahora va por una senaduría, dicen

Molestos, decenas de ciudadanos al parecer simpatizantes petistas, pidieron a gritos al alcalde José Ramón Enríquez que cumpla las promesas de campaña, que termine el gobierno para el cual fue electo.

La posibilidad de que Enríquez Herrera abandone la alcaldía para encabezar una candidatura a la senaduría atrajo a un gran número de manifestantes que abarrotaron la sala de Cabildo desde antes de iniciar la sesión y gritaron su molestia por las promesas incumplidas que dejaría el edil en caso de irse.

La manifestación estuvo acompañada de pancartas en las que se mostraba el rostro del doctor Enríquez, mismas que expresaban leyendas como “lárgate” y “aquí no queremos chapulines”. Las decenas de manifestantes, que incluso varios se quedaron afuera de la sala de Cabildo, gritaron su descontento durante toda la sesión y todavía a su término buscaron decírselo personalmente al jefe de la comuna.

Los reclamos de los quejosos se dan tras el anuncio que el fin de semana pasado diera Enríquez Herrera sobre su deseo de ser candidato al Senado y que precisamente este jueves, en rueda de prensa, previo a la sesión de Cabildo, hizo público a los medios de comunicación, asegurando que cuenta con el respaldo de la ciudadanía, quien quiere que lleve su proyecto a nivel nacional.

Cuestionadas sobre su descontento las personas que acudieron al recinto aseguraron que en un año del actual gobierno municipal nada han percibido de beneficio ya que la mayoría proviene de colonias en donde se carece de pavimento, fallan los servicios públicos y ninguna de las promesas hechas en campaña se les ha cumplido, por lo que consideraron vergonzoso el que ahora pretenda ser senador.

Los regidores de oposición mostraron también su desconcierto ante las declaraciones vertidas por José Ramón Enríquez y le recordaron que en campaña prometió no realizar las mismas acciones que otros políticos y que permanecería los tres años al frente de la administración, asegurando que querría a Durango como a un hijo, un hijo que ahora abandonaría a meses de haber nacido.

Luego, un poco tarde, llegó a la sesión un grupo de algunas cinco personas con pancartas en mano en las que manifestaban su apoyo a Enríquez y su intención de llevarlo a la senaduría, pero ya para entonces había acabado el sainete petista.