Gustavo Gimeno emociona a Luxemburgo con su dirección de “Rigoletto”

El País

Concha Barrigós.

Luxemburgo, 5 oct (EFE).- El estilo de dirección del español Gustavo Gimeno es natural, fluido y juguetón, revelador de la química que tiene con sus músicos, los de la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, que esta noche ha estrenado un “Rigoletto” semi escenificado que ha emocionado al público con su simple complejidad.

Dos sofás, uno a cada extremo del escenario, y una escalera de tijera son los únicos elementos “dramáticos” de la versión estrenada en el Gran Teatro de Luxemburgo -tras haberlo hecho en París el día 3-, con el barítono británico Simon Keenlyside de protagonista, acompañado por el albanés Saimir Pirgu y la rusa Ekaterina Siurina, en los principales papeles y el Philharmonia Chor Wien.

Todos, pero especialmente Keenlyside, han recibido una gran ovación al término de una función preludio de la gira europea que emprenderá Gimeno con la orquesta y que les llevará en noviembre a San Sebastián, Madrid, Valencia y Oviedo, ciudades en las que interpretarán un programa que incluye a Beethoven y Mahler.

Los cantantes, a diferencia de otras versiones en concierto, han interpretado sus papeles sin partitura, esperando unos, como los cortesanos que acosan a Gilda, entre el coro y la orquesta, y otros en la sala, como Monterone, que lanza su maldición al duque y a su bufón desde el primer piso.

Las entradas y las salidas en el escenario, ocupado por el coro y la orquesta, son de una sencillez absolutas pero ajustadas y medidas a los requerimientos dramáticos que Bertrand Couderc, responsable de la escena y la iluminación, ha marcado a los cantantes, con trajes de gala, no de época.

El protagonista de la función ha sido Keenlyside (Londres, 1959), en gran forma vocal tras superar problemas en la garganta hace tres temporadas, y dotado de una energía volcánica que Gimeno ha modulado con firmeza.

En escena, el barítono, que, sobre todo en la primera parte, compone un personaje que parece un homeless con dificultades motrices y de expresión, camina desacompasado, como Verdi imaginó que tenía que moverse alguien con una grave deformidad en la columna.

A pesar de su imponente complexión, el inglés hace creíble la patética figura de Rigoletto, al que otorga una carga dramática emocionante, traducida en un cuidadoso fraseo acompañado de una expresividad facial insólita para este personaje.

No busca atajos pero tampoco se recrea en florituras que otros barítonos que llevan años haciendo este papel han convertido en el “gol” de la ópera, como sucede con la tremenda “Si, vendetta”.

Su espanto, su pena absoluta, su desesperada súplica a los cortesanos para que dejen en paz a su hija se expresan a la perfección en esa “cabaletta” aunque la mejor pieza de la noche ha sido quizá el cuarteto “Bella figlia de l’amore”.

El tenor Saimir Pirgu está pleno de facultades y encanto como ha demostrado en “Questa o quella” en el primer acto y ha vuelto a buscar el “gol” que tanto gusta al público en el último acto con su “Donna è mobile”.

Como explicaba Gimeno en declaraciones a EFE poco antes de estrenar, esta producción de la Filarmónica de Luxemburgo, que dirige desde 2015, es especial, entre otras razones, porque ha conseguido reunir “muy buenos cantantes”, habituales del Covent Garden o el Metropolitan.

Además, decía, “hay muy buen ambiente entre todos” y desde el principio han puesto su talento a disposición del montaje: “es una actitud muy positiva la de estar abiertos a escucharte, como sucede con alguien tan grande como Keenlyside”.

Gimeno, que acaba de ser elegido también director titular de la Sinfónica de Toronto, asegura que no piensa en el público cuando está dirigiendo sino en lo que está haciendo, en desafiar y motivar a los músicos a hacer lo que hay que hacer lo mejor posible: “estar comunicando todo el tiempo con los músicos, ese es el asunto”.

“El director no es el que suena pero hay un trabajo detrás muy importante de ensayos, de llevar las cosas por donde uno piensa que han de ir y repasar y cuidar y pulir”, subraya el valenciano (1976), que retomará “Rigoletto” en enero para debutar en la Ópera de Zurich.

A la función ha asistido el nuevo embajador de España en Luxemburgo, Bernardo Sicart, que ha acudido al final a felicitar a Gimeno.

“Espero que venga en muchas más ocasiones. De momento ya ha igualado el número de veces que vino a vernos el anterior embajador, una en tres años”, le ha dicho Gimeno. EFE