Hernán Cortés descansa en un discreto templo del centro de Ciudad de México

(Photo by Stock Montage/Getty Images)

Eduard Ribas i Admetlla

México, 9 abr (EFE).- Una discreta y pequeña placa anuncia a los más observadores que en la iglesia Jesús de Nazareno, en pleno centro histórico de Ciudad de México, descansan los restos del icónico conquistador español Hernán Cortés.

No hay que andar mucho desde la principal plaza del Zócalo para toparse con esta iglesia contigua al Hospital de Jesús, ambas infraestructuras fundadas por el artífice de la caída de los mexicas de Tenochtitlan en 1521.

“Durante mucho tiempo ha sido ignorado. A alguien que no está informado de estos temas le cuentas que aquí están los restos de Cortés y se sorprende. No todo el mundo está enterado”, cuenta a Efe Jorge Pedro Uribe, cronista de la Ciudad de México.

La iglesia, construida con piedras de los antiguos templos aztecas, tiene un interior austero en el que está totalmente prohibido tomar videos o fotografías.

Pero al lado izquierdo del altar, en un punto algo escondido, una placa rojiza con una inscripción dorada indica el punto donde yacen los resto de Hernán Cortés (1485-1547).

“A los curas no les hace feliz que uno llegue a tomar fotos, a preguntar o, mucho menos, videos. Supongo que les interesa más que la gente venga a rezar y a usar el templo para lo que sirve y no como sitio turístico”, cuenta Uribe, miembro del Colegio de Cronistas de la Ciudad de México.

Y es que la figura del conquistador que se enfrentó a Moctezuma II sigue causando controversia en México, donde resulta impensable que Cortés sea homenajeado de forma ostentosa.

“Una estatua de Cortés sería una afrenta porque no se supera el drama de la conquista y se le sigue viendo con malos ojos como si nos hubiese conquistado en 2019”, opina el cronista.

Los restos del conquistador, fallecido en 1547 en Castilleja de la Cuesta (Andalucía, España), llegaron a este templo mexicano después de un largo trasiego que se alargó durante siglos.

Según relata Uribe, el conquistador español fue enterrado en un monasterio en San Isidro del Campo, pero una década después fue trasladado a la Nueva España, cumpliendo así el que era “su deseo”.

Durante medio siglo, Cortés estuvo descansando en lo que actualmente es el municipio de Texcoco, en el céntrico Estado de México, y en 1629 fue trasladado al Convento de San Francisco el Grande, en pleno centro histórico de la capital mexicana.

Pero esta no sería su última ubicación, puesto que a finales del siglo XVIII acabó siendo enterrado en el templo que el mismo Cortés había contribuido a fundar, donde permaneció escondido para evitar se profanado.

“En 1821 se teme que con la independencia de México los restos los vayan a exhumar y tirar por allí, porque los ánimos antiespañoles estaban a todo lo que daban”, recuerda el cronista.

Pero los restos del conquistador han permanecido intactos en esta iglesia, cuya ubicación no es casual puesto que se cree que en este punto se dio el primer encuentro entre el tlatoani (emperador) mexica Moctezuma II y Hernán Cortés el 8 de noviembre de 1519.

Un mural en una pared lateral de la iglesia así lo indica, aunque al cronista le parece erróneo este dato porque la iglesia se encuentra “demasiado cerca del centro ceremonial de Tenochtitlan”, ubicado en el actual Zócalo capitalino.

“Debieron haberlos recibido en las afueras de la ciudad”, opina Uribe, aunque admite que contra lo que dice la tradición popular “poco se puede hacer”.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha revivido la figura de Cortés al solicitar por carta al rey Felipe VI de España que se disculpe por los agravios de la conquista con los pueblos indígenas.

Su objetivo es llevar a cabo un acto de “reconciliación” entre México y España en el 2021, cuando se cumplirán 700 años de la fundación de Tenochtitlan, 500 años de la caída de esta ciudad y 200 años de la independencia mexicana.

Para Uribe, todavía existe mucha confusión sobre la conquista, de tal manera que “no se termina de discernir quién es un mexica del siglo XVI, un mexicano del siglo XXI, un español renacentista del XVI y un español actual”.

Considera que México y España están “tan cerca que no deberíamos estar enconados ni pidiéndonos perdón ni cayendo en discusiones, sino abrazándonos”.

“Si esto fuera una serie, seguramente trataría de América Latina y España sería su precuela, o América Latina sería el ‘spin-off’ de la historia de España”, concluye el cronista. EFE