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Historiador alerta de preocupante aceptación de populismos racistas en Europa

Miriam Burgués

Madrid, 28 jun (EFE).- Algunos de los nuevos populismos surgidos en Europa abrazan el racismo, la glorificación de la violencia y el autoritarismo, y se está produciendo una aceptación e incluso imitación de sus políticas por parte de los partidos tradicionales que es “preocupante”, según el historiador Federico Finchelstein.

El hecho de “sentarse a la mesa con los misóginos, racistas y xenófobos, es un problema porque implica una aceptación de estas formas de discriminación”, dice Finchelstein (Buenos Aires, 1975) durante una entrevista con Efe en Madrid, donde ha presentado este viernes su libro “Del fascismo al populismo en la historia”.

El historiador argentino considera “interesante” en este sentido lo que está pasando en España “con un partido de centro derecha como Ciudadanos”.

A su juicio, que Ciudadanos “sienta que no es un problema sentarse a dialogar” con la formación ultraderechista Vox para poder gobernar en coalición en regiones y municipios “implica una nueva aceptación” de populismos xenófobos y racistas que le parece “preocupante”.

En Europa en general, actualmente “parecería que hay una gran tolerancia con respecto a racistas, antidemocráticos y xenófobos”, sostiene Finchelstein, cuya obra analiza las diferencias y similitudes entre fascismo y populismo, y cómo ambos fenómenos se manifiestan hoy en distintos puntos del planeta.

“Práctica habitual” dentro de la derecha europea es “legitimar a ciertos sectores para tener números” y, según Finchelstein, eso es lo que está haciendo el candidato del Partido Popular Europeo (PPE) a presidir la Comisión Europea, el alemán Manfred Weber, con la formación del primer ministro de Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán.

Weber “es un gran responsable de la legitimación del autoritarismo en la Europa del este”, advierte este profesor de Historia de la New School for Social Research y el Eugene Lang College de Nueva York.

Otro “caso preocupante es el modelo xenófobo que usó la socialdemocracia danesa para ganar las elecciones”, anota al preguntarse sobre “qué queda de la izquierda si olvida su pasado antifascista, antiracista y antixenófobo”.

Finchelstein argumenta que la “normalización” de políticas antieuropeas y discriminatorias por parte de partidos tradicionales “es aún más peligrosa para Europa que los mismos partidos populistas de ultraderecha”.

Y, pese a que las formaciones populistas no obtuvieron en las recientes elecciones europeas tantos votos como auguraban los sondeos, “no hay que quedarse de brazos cruzados ni tranquilizarse por un resultado en particular”, avisa.

Además, cree que se puede hablar de una “degradación de la democracia y la política en Europa”, aunque en el continente “no hay líderes tan extremistas como (el presidente de Brasil, Jair) Bolsonaro”.

Las dictaduras que ha vivido Europa, y “lo negativo y pernicioso” que fue el fascismo en el continente, “deberían ser un recordatorio importante de que las opciones antidemocráticas no son las mejores”, subraya el historiador.

En su libro, Finchelstein rastrea los orígenes del populismo, que se estrena en el poder fuera de Europa como una “reformulación del fascismo en términos democráticos” y cuyo primer régimen moderno fue el mandato de Juan Domingo Perón en Argentina.

“El populismo es exitoso a partir de la denuncia real de falta de participación de los ciudadanos en la política”, explica el autor.

Pero en esencia es “una mala respuesta frente a un problema real”, una “respuesta antidemocrática frente a ciertas limitaciones de la democracia”, añade.

Una mejor respuesta sería buscar “una mayor pluralidad en los políticos que nos representan, gente que tenga y venga de experiencias distintas, no solo de las tecnocracias y las elites”, afirma Finchelstein.

Y también apostar por “políticas más programáticas donde no votemos tanto por la personalidad, el carisma o la cara del candidato, sino más bien por los puntos y las ideas que se presentan”.

Esa política “de ideas se ha diluido mucho y ese vacío lo ha ocupado el populismo”, concluye. EFE