Inicio > Noticias > Local > Homilía dominical escrita por Mons. Faustino Armendáriz Jiménez

Homilía dominical escrita por Mons. Faustino Armendáriz Jiménez

V Domingo Ordinario

  • Pues para eso he venido. Mc 1, 29-39 Un día en la vida Jesús

El evangelio de este domingo contiene tres escenas enlazadas, en primer lugar, la curación de la suegra de Pedro; luego las curaciones al atardecer; y, por fin la retirada de Jesús a la soledad para orar.

Después de lo sucedido en la sinagoga de Cafarnaún (evangelio del domingo pasado) Jesús va con cuatro de sus discípulos a la casa de dos de ellos: Simón y Andrés. No bien llegan le avisan que la suegra de Pedro está en cama con fiebre. Un solo versículo se ocupa de contar su curación por parte de Jesús. Tenemos el relato de milagro más breve de la tradición evangélica; pero no por ello menos significativo. Como las demás curaciones de Jesús, son un signo de su poder para vencer al mal. Al poseído por el espíritu impuro lo curó en público por su sola palabra; ahora la suegra de Pedro es curada en su casa con el simple gesto de tomar su mano y levantarla. Estas manifestaciones de poder son para san Marcos una manifestación de la autoridad divina de Jesús. Esta victoria de Jesús sobre los demonios y las enfermedades anuncian la instauración del Reino de Dios.

Jesús la cura y ella se pone a servirlos. Como era día de sábado podemos suponer que a continuación compartió la comida propia de ese día festivo en esa casa con sus discípulos.

Luego se indica con precisión que ya se había puesto el sol  (por lo que había terminado la obligación del reposo sabático) cuando le llevan a Jesús los enfermos y endemoniados a la puerta de la casa, y Él los cura y libera.

La última escena nos describe a Jesús que, antes del amanecer, se retira a un lugar desierto para orar. Allí lo encuentran sus discípulos para manifestarle que la gente de Cafarnaún lo busca. La respuesta de Jesús no es volver allá sino ir a los pueblos vecinos para predicar allí, porque esta es su misión (“para esto he salido”).

Con el domingo anterior y este tenemos dibujado “un día en la vida de Jesús”, podemos así conocerlo mejor, a una persona se la conoce por su agenda, pues esta refleja sus valoraciones, es decir, las personas más apreciadas a quienes se dedica tiempo y atención; las actividades que se priorizan; el tiempo que le dedica a la oración y al descanso, etc. ¿Cuáles son, entonces, las actividades que “llenan” un día en la vida de Jesús?

En primer lugar, su actitud de servicio por cuanto está siempre atento a las necesidades de los demás y pronto a asistirlos. Luego su actitud de comunión por cuanto comparte la fiesta del sábado con sus apóstoles, se da tiempo para estar con ellos “en casa”. Y, por fin, su actitud de oración, de contemplación, pues busca la soledad y el silencio tan necesario para encontrarse con el Padre. Descubrimos entonces en Jesús un equilibrio interesante entre proximidad a los hombres y cercanía a Dios. En efecto, Jesús se manifiesta cercano a los hombres, atento a su necesidad de curación y de liberación del mal, físico y espiritual. Pero no se queda aquí, sino que sale a buscar en la oración solitaria el encuentro con el Padre, alejándose de los hombres para volver a ellos renovado en su misión.

Jesús declara que predicar es su misión: “pues para eso he venido”. Ha salido del Padre para anunciar la llegada del Reino de Dios. La misión tiene su origen en la misma Trinidad con la generación eterna del Verbo; y la encarnación es la concreción en la historia y el tiempo de este misterio eterno. Justamente por esta “pedagogía divina” de la encarnación Jesús acompaña su predicación con diversas curaciones y exorcismos que son los signos eficaces de la presencia de Dios. La salvación debe concretizarse, debe llegar al hombre allí donde brilla por su ausencia; si llega al enfermo y al endemoniado, al marginado o menospreciado, al alejado y al pecador, no podrá dudarse de su presencia, ni de su gratitud ni de su universalismo. No será la obediencia a la ley, sino el amor al hombre necesitado la forma de hacer reinar a Dios.

También vemos que Jesús al cumplir su misión no queda atado al éxito, sino que siempre tiene como prioridad la voluntad del Padre que lo ha enviado a predicar, a recorrer toda la región, por eso sigue su camino. En efecto, Jesús no sucumbe a la tentación del éxito y de la notoriedad como nosotros, a riesgo de ser devorado por quien reclama una «proximidad» que se convierte en pretensión de poseer a Dios y domesticarlo. Jesús, por el contrario, «salió» para retirarse a orar; no se pone en el centro a sí mismo, sino al Padre.

Gran enseñanza nos deja este domingo la santa Palabra de Dios: Oración, comunión y servicio. Así es vive fielmente la vida cristiana.

 

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Arzobispo de Durango