Lo que comenzó como un caso de agresión contra una menor terminó convirtiéndose, años después, en una historia que sigue provocando debate por la línea que separa la justicia de la venganza.
En 1998, la menor Verónica, de apenas 13 años, fue víctima de una agresión grave. Por estos hechos, el responsable, Antonio Cosme, fue condenado a nueve años de prisión. Sin embargo, con el paso del tiempo, el caso volvió a tomar relevancia por un episodio que nadie esperaba.
En 2005, María del Carmen García, madre de la víctima, se encontraba en una parada de autobús cuando se cruzó con el hombre que había dañado a su hija. Él estaba fuera de prisión bajo un permiso diurno. Según versiones, al verla, se acercó y le lanzó una frase que detonó todo:
“¿Qué tal está tu hija?”
El encuentro no quedó ahí. Minutos después, la mujer acudió a una tienda cercana, compró gasolina y siguió al hombre hasta un establecimiento. Dentro del lugar, lo roció con el combustible y le prendió fuego.
El agresor murió a consecuencia del ataque.
Este acto, que muchos calificaron como una reacción extrema marcada por el dolor, llevó a María del Carmen a enfrentar la justicia. Fue condenada a nueve años y medio de prisión, aunque obtuvo la libertad en 2018 tras cumplir cinco años y medio.
Tras su salida, logró reunirse nuevamente con su hija.
El caso sigue siendo recordado no solo por la brutal agresión inicial, sino por lo que ocurrió después: una madre que decidió actuar por su cuenta frente a lo que consideró una condena insuficiente.



