“Justicieros del bosque” custodian área protegida en el Canal de Panamá


Panamá, 28 may (EFE).- “Superhéroes ambientales” o “justicieros del bosque” son considerados los guardaparques que 24 horas al día y 365 días del año están alertas de cualquier amenaza al bosque y los animales del Monumento de Barro Colorado, localizado en medio del Canal de Panamá.

Mario Santamaría es el supervisor de los 17 guardaparques que custodian el Monumento Natural de Barro Colorado, un área protegida desde 1977, que incluye la isla del mismo nombre y cinco penínsulas aledañas, indicó en un comunicado oficial el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés).

De no ser por ellos, que en los años noventa, y a lo largo de diez años, se sumergían con sierras a cortar los troncos manualmente y a pulmón, hoy los científicos no podrían acceder tan fácilmente a algunas de las islas y penínsulas circundantes, según el STRI.

Este Monumento Nacional y área protegida era antes una montaña que cuando se represaron las aguas del río Chagres se convirtió en la primera isla artificial de Centroamérica, al quedar por encima del nivel del Gatún, el lago creado en medio de Panamá con la construcción del Canal.

La Isla de Barro Colorado, al quedar en medio del Canal con la formación entre 1904 y 1914 del lago Gatún (en su momento considerado el lago artificial más grande del mundo), es un sitio de investigación en ciencias y en clima tropical al que acuden prestigiosos científicos para realizar sus estudios.

Regentada por el STRI desde 1946, cuenta con 17 guardabosques panameños de alta cualificación profesional.

Los guardabosques caminan por los senderos del Monumento Natural y los despejan de árboles caídos, dan mantenimiento a las cercas que delimitan el área protegida, pero principalmente van tras la pista de los cazadores, alejándose de los caminos para adentrarse en el bosque.

“Los cazadores son cautelosos, pero los guardabosques de Barro Colorado tienen el olfato adiestrado. En especial los veteranos que empezaron hace tres décadas, a la par de Mario”, destaca la entidad científica.

Cuando hallan alguna pista, los guardabosques pueden permanecer varios días en el bosque a la espera de que regresen.

El STRI señala que “para muchos este es el aspecto más desafiante del trabajo: simplemente esperar, quietos, sin hacer ruido, en la oscuridad”.

La mayoría de los cazadores ingresan en las penínsulas cercanas a arro Colorado porque colindan con poblaciones en tierra firme de la provincia caribeña de Colón y la de Panamá Oeste.

Para tener una buena relación con estos pobladores y educarlos sobre el Monumento Natural, los guardabosques les organizan actividades deportivas y culturales, así como giras médicas.

Buscan desincentivar la cacería mediante la educación y ganarse la confianza de las personas a cambio de información valiosa.

En abril pasado atraparon y remitieron a las autoridades a dos grupos de cazadores con armas. Uno llevaba un pecarí o puerco de monte, “de las presas más codiciadas”.

La cacería era una falta administrativa, con una multa menor a la ganancia por la venta de la carne, pero ahora es un delito ambiental que puede acarrear años de cárcel o una multa más significativa.

Para Mario es casi una violación a su espacio personal.

Expresa que “cuando entran los cazadores al bosque siento que están invadiendo mi casa”.

Y aunque lo indigna y muchas veces tiene que recurrir a la persecución o manejar situaciones en que los cazadores podrían reaccionar de forma violenta, admite que intenta concienciarlos.

Al final, el objetivo no es castigar por castigar, sino proteger la naturaleza a largo plazo.

El STRI, en Panamá, es una unidad de la Institución Smithsonian con sede en Washington. EFE